Los sueños de la “Ardilla Voladora”

Wingsuit pilot Sebastian Alvarez of Chile poses for a photograph during the Red Bull Aces wing suit 4 cross race in Oakdale, California, United States on July 15, 2014. // Balazs Gardi/Red Bull Content Pool // P-20140719-00042 // Usage for editorial use only // Please go to www.redbullcontentpool.com for further information. //

El chileno Sebastián Álvarez nos cuenta cómo el wingsuit se convirtió en una sus mayores pasiones y cómo su “locura” le ha permitido cumplir los grandes anhelos que tenía desde niño.




Hace cinco años, un grupo de jóvenes subió al cerro Manquehue con una idea extrema: ser parte de un insólito proyecto que tenía por finalidad comprobar la capacidad de maniobrar en el aire de Sebastián Álvarez, ex piloto de la Fuerza Aérea de Chile (Fach), quien se mostraba como una figura promisoria en el wingsuit, una derivación del paracaidismo, pero 10 veces más peligroso que el salto tradicional, tal como señaló en un estudio la revista National Geographic.

Sebastian alvarez volando wingsuit sobre santiago de chile

Esa tarde de abril de 2015 resultó un éxito. El grupo de amigos de Sebastián Álvarez elevó una bandera chilena hecha de plumavit y la sostuvo en lo alto de la precordillera. Luego, el deportista se lanzó desde un helicóptero y se desplazó por el cielo con su traje de ardilla voladora, con telas que unen brazos y piernas, apuntando con una precisión milimétrica justo al centro del improvisado blanco, a una velocidad cercana a los 250 km/h, partiéndolo en mil pedazos con el casco protector. Gritos, festejos y celebración siguieron a esa jornada. Sin embargo, también sucedió algo que Álvarez no esperaba: que ese registro diera la vuelta al mundo, con cerca de un millón de reproducciones en YouTube, otorgándole notoriedad planetaria al chileno, quien es actualmente uno de los mayores especialistas de la disciplina.

» El origen de la pasión

Sebastián Álvarez (@sebastianalvarez._) nació el 29 de abril de 1985 en Viña del Mar. Desde niño mostró su afición por las actividades deportivas, especialmente las relacionadas a la naturaleza, como el surf. De alma inquieta, sus amigos le apodaron “Ardilla”. “En el colegio (el McKay de Viña del Mar) lo pasaba espectacular, aunque era un desorden. Pero en actividades extraprogramáticas o en deporte, era el mejor”, recuerda el viñamarino.

¿Cómo se inicia su cercanía a los vuelos?

Mi papá era piloto privado y seguramente eso me quedó dando vueltas cuando era chico. Cuando niño siempre me imaginaba cómo sería volar, estar en las nubes. En el colegio, cuando me preguntaban qué me gustaría hacer de grande, siempre respondía que volar, no se me ocurría otra cosa.

¿Qué pasó al salir del colegio?

Cuando tenía 18 años postulé a la Fuerza Aérea y pude hacer carrera. Ahí cumplí el sueño de volar, tuve una formación increíble, fue un sueño. Estuve casi nueve años, aproveché de aprender a hacer todo, de obtener mis licencias por si después quería trabajar por fuera. Egresé el 2006, luego, en dos años, saqué la licencia de piloto de guerra.

¿Por qué decidió salir de la Fach?

Me salí cuando sentí que había cumplido mi faceta (retiro voluntario en 2012 con el grado de teniente). Además, estando en la Fach conocí el paracaidismo y me entró el bichito por desarrollarme en ese deporte. Y cuando me retiré, con algo de plata ahorrada, me fui a Estados Unidos con una bolsa de sueños, sin saber que iba a terminar como un profesional del paracaidismo.

¿Cómo fueron esos años?

Mi idea al principio era estar uno o dos meses, pero fue mucho más. Y como no tenía para arrendar un departamento, menos para irme a un hotel -la plata era para poder saltar- me ofrecieron quedarme en una carpa en un aeródromo en California. Así ahorraba lo que más podía, tenía para saltar más y eso duró como un año. Después me vine de Estados Unidos, regresé como a los seis meses y ahí me compré una van y así me iba moviendo.

¿Qué fue lo que lo cautivó?

El paracaidismo es muy adictivo, o sea, la adrenalina es adictiva, quedé pegado y súper contento con mi nueva droga. El paracaidismo te entrega mucho, puedes volar; controlar tu cuerpo en el aire era un sueño que estaba cumpliendo.

» Adiós a los miedos

La “Ardilla” Álvarez trabajó al máximo para avanzar en su pasión. Cientos de horas de entrenamiento y decenas de saltos para mejorar le permitieron convertirse en un nombre respetado, alcanzando grandes resultados en las principales competencias, como el cuarto lugar del Red Bull de California y Phoenix (2015 y 2016), el primer lugar en el Wide Open de Wingsuit de California y Georgia (2015 y 2017) y el tercer lugar en el World Base Jump de Chonquin y en el World Wingsuit League de Tianmen (2018), por nombrar algunos.

Además de las distintas competencias, este verdadero “hombre pájaro” ha realizado saltos desde las torres de Concón, el cerro San Cristóbal, el Costanera Center, en el monte de Monserrat en Barcelona (España), en Florida, Hawai, (Estados Unidos), entre otros, los que pueden verse en el canal de YouTube de Álvarez.

De todas las facetas del paracaidismo, ¿cuál es su preferida?

Me gustan todas las disciplinas, pero lo que entrega más espectacularidad es el wingsuit, con el traje de ardilla, donde la caída es más horizontal que vertical. Ahí uno puede navegar, planear, frenar, acelerar, ir mirando, generando mayor o menor ángulo, pero siempre descendiendo, no es posible mantenerse planeando por largo tiempo como lo puede hacer un planeador cuando toma las térmicas.

¿Qué pasa con el miedo?

Si uno lo ve desde afuera, dice ‘este loco no tiene miedo a nada’, pero como uno sabe lo que está haciendo, que maneja el tema técnico, no es tan complicado. Uno sabe que hay distintas etapas en el vuelo, cuando todavía se puede abortar, si no me siento cómodo, si hay un viento raro o si se me cruza un pájaro, uno puede parar o pasar por otro lado.

Debe ser como para los que corren en autos, que saben cómo viene cuando se va a tomar una curva, si es que el auto va a perder velocidad o si se puede perder el control. Y las personas que saben lo entienden y lo pueden manejar, pero alguien que está afuera dice ‘están locos’. Es lo mismo que digo yo cuando veo a los que corren en rally.

¿Cuál es la clave de este deporte?

Es un deporte súper técnico y no se deja de aprender. Eso sí, la curva de aprendizaje es bastante lenta y hay que tener mucha paciencia, porque lo que menos hacemos nosotros es volar. Uno debe ir de a poco, pero es muy entretenido. A veces puede ser algo desmotivante, ya que para volar dependemos del clima, del viento, y por más que uno quiere no se puede nomás. Pero cuando logramos volar, es súper gratificante.

¿Cómo se entrena un deportes tan radical?

Si bien no tenemos un simulador donde practicar y donde realizar los mismos movimientos que cuando estamos en el aire, sí hay trabajos funcionales que se pueden hacer en tierra, reforzamiento de brazos, del tren superior y mental. El yoga y la meditación son súper buenos para lograr mejores niveles de concentración. Para mí el paracaidismo es 50% capacidad física y 50% capacidad mental.

¿Qué dice acerca de los comentarios que le hablan de loco?

Con el tema del virus, la gente se da cuenta de que la vida puede cambiar en cualquier momento y que, de repente, llevas 30 o 40 años en una oficina y no has disfrutado. Eso también puede ser bastante loco, que las personas se obsesionen con cosas que no van a ningún lado. Yo trato de hacer cosas que me llenan el alma.

¿Queda algún desafío por hacer?

No sé si me quedan cosas por hacer, solo seguir viviendo el sueño todos los días, siempre aparecen cosas nuevas, que más que desafíos son propuestas de proyectos. Me encanta poder mostrar el deporte, la pasión con la que vivo y si se le puede motivar a alguien a que siga su sueño me sentiría pagado. MT

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