Por Romina CannoniWEC: la otra cima del automovilismo
Desde São Paulo, Brasil. / Fotos: Rolex y marcas. El triunfo del BMW M Hybrid V8 #15 marcó las Rolex 6 Horas de São Paulo, una carrera que también confirmó el gran momento del Mundial de Resistencia. En Interlagos, el ganador de Le Mans Nyck de Vries reflexionó sobre el crecimiento de la categoría, el trabajo tecnológico de los fabricantes y la necesidad de que los jóvenes pilotos dejen de mirar la Fórmula 1 como el único destino posible.

Desde la televisión no se alcanza a percibir completamente. Interlagos sube, baja, se estrecha y cambia de dirección como si hubiera sido dibujado siguiendo las ondulaciones del terreno. Su pista es relativamente corta, pero pocas veces concede un descanso. Tampoco lo hizo durante las Rolex 6 Horas de São Paulo, quinta fecha del Campeonato Mundial de Resistencia de la FIA, donde los Hypercars volvieron a demostrar que para ganar no basta con ser el más rápido: también hay que administrar el tiempo, el desgaste, la energía, el tráfico y los imprevistos.
Después de seis horas de competencia, el BMW M Hybrid V8 número 15 de BMW M Team WRT, conducido por Kevin Magnussen, Dries Vanthoor y Raffaele Marciello, cruzó primero la meta. La tripulación consiguió su primera victoria conjunta después de imponerse en una lucha que durante buena parte de la prueba también involucró a Ferrari y Cadillac. Para BMW fue el segundo triunfo de la temporada 2026 y un resultado que volvió a abrir la disputa por el campeonato.
Sin embargo, más allá del nombre del ganador, la carrera brasileña entregó una imagen bastante más amplia del momento que vive el WEC. Distintos fabricantes, motores, conceptos técnicos y algunos de los mejores pilotos del mundo compartieron una pista histórica ante un público que entiende el automovilismo no solo como un espectáculo, sino también como parte de su cultura.
Porque Interlagos lleva oficialmente el nombre de José Carlos Pace, pero su historia también está inevitablemente ligada a Ayrton Senna y a algunas de las carreras más recordadas del deporte motor. Es un circuito que conserva una identidad difícil de reproducir y cuya topografía, como reconoce Nyck de Vries, resulta mucho más impresionante cuando se recorre personalmente.

“Es un evento muy icónico por muchas razones. Está Ayrton Senna, la historia del circuito y todas las carreras que han ocurrido aquí. Brasil y Latinoamérica sienten una gran pasión por el automovilismo, por lo que siempre es bueno venir”, señaló el piloto neerlandés antes de la carrera.
De Vries llegó a São Paulo en uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Pocas semanas antes había ganado las 24 Horas de Le Mans junto con Mike Conway y Kamui Kobayashi, al volante del Toyota número 7. La victoria permitió a la marca japonesa conquistar por sexta vez la clásica francesa y la dejó al frente del campeonato de fabricantes antes de la fecha brasileña.
Fue el séptimo intento de De Vries en Le Mans y el tercero como piloto oficial de Toyota. Esa experiencia acumulada le permitió comprender que la carrera más importante del calendario no se gana solamente con velocidad.
“Cuando participas varias veces y vives toda la preparación, permaneces allí durante 10 días y enfrentas todos los desafíos que presenta la carrera, comprendes lo difícil que es”, explica. “Especialmente en el WEC actual, con tantos fabricantes, equipos y pilotos competitivos, necesitas que todo salga bien para ganar. Dicen que Le Mans te elige y, en cierta forma, realmente se siente así”.

La victoria tuvo para él una dimensión emocional que no esperaba. Conocía la magnitud de la prueba y su lugar dentro de la historia del automovilismo, pero no había anticipado la intensidad de lo que sentiría al conquistarla.
“Estoy increíblemente agradecido. Sabía lo importante que era la carrera, pero las emociones que viví fueron muy especiales y mucho más poderosas de lo que imaginaba”, explica el piloto previo a la carrera.
Más de un destino
Durante décadas, la carrera de un piloto fue presentada como una pirámide cuyo único vértice legítimo era la Fórmula 1. Las categorías inferiores eran consideradas escalones y cualquier destino diferente parecía una alternativa secundaria o el resultado de no haber alcanzado el objetivo principal.
La trayectoria de Nyck de Vries demuestra que el automovilismo profesional es bastante más amplio.
El neerlandés fue campeón de Fórmula 2 en 2019, campeón mundial de Fórmula E en la temporada 2020-2021 y llegó posteriormente a la Fórmula 1. Su permanencia fue breve, pero su salida de la categoría no significó el final de su carrera ni un descenso competitivo. Regresó a Toyota, se consolidó en el Mundial de Resistencia y terminó conquistando Le Mans.
Su experiencia le permite hablar con franqueza sobre un sistema en el que el talento es indispensable, pero no siempre suficiente.
“Las oportunidades en la Fórmula 1 son muy, muy escasas. Se necesita mucho impulso y que las estrellas estén alineadas. Además, hay que estar en el lugar correcto, en el momento correcto, y después sobrevivir allí”, afirma.

Para los jóvenes que sueñan con convertirse en pilotos profesionales, especialmente en regiones como Latinoamérica, donde la distancia, el financiamiento y la falta de estructuras competitivas hacen todavía más difícil el camino, su reflexión adquiere una importancia particular.
De Vries sostiene que insistir durante demasiado tiempo en una sola meta también puede tener consecuencias. Mientras un piloto espera una oportunidad en la Fórmula 1, nuevas generaciones avanzan y ocupan los espacios disponibles en otras categorías. Por eso considera necesario observar el automovilismo en su conjunto y no únicamente a través de sus veinte asientos más visibles.
“Creo que es importante abrir la mente y mirar todo lo que las carreras y el automovilismo tienen para ofrecer”, señala. “Hay pilotos que dicen que solo quieren llegar a la Fórmula 1 y que no están interesados en otras categorías. Cada persona tiene motivaciones diferentes. Para mí, el automovilismo es mi vida. Quiero estar involucrado en las carreras”.

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la definición del éxito. El objetivo ya no consiste exclusivamente en llegar a la Fórmula 1, sino en construir una carrera profesional, competir contra los mejores y encontrar una disciplina que permita desarrollar el talento durante muchos años.
En su caso, esa amplitud comenzó incluso antes de llegar a la máxima categoría. Cuando competía en Fórmula 2 y tuvo la posibilidad de participar también en el WEC, no dudó en aceptar.
“Sabía lo difícil que era llegar a la Fórmula 1 y no quería cerrar ninguna puerta ni perder ninguna oportunidad”, recuerda.
Hoy combina el Mundial de Resistencia con la Fórmula E, dos campeonatos diferentes en su formato, pero relacionados por la creciente importancia de la electrificación, la recuperación de energía y la gestión de la potencia.
Una categoría en crecimiento
La transformación del WEC ayuda a explicar por qué esas alternativas tienen cada vez más relevancia.
La categoría Hypercar, introducida en 2021, permitió el regreso y la incorporación de numerosos fabricantes. A ello se sumó posteriormente la convergencia con la normativa estadounidense LMDh, que facilitó que vehículos desarrollados bajo dos reglamentos distintos pudieran competir en el mismo campeonato.
El resultado es una parrilla donde conviven marcas, motores, sistemas híbridos y filosofías técnicas diferentes. En lugar de exigir una única solución, el reglamento permite que cada constructor interprete el desafío desde su propia identidad, mientras el sistema de Balance of Performance intenta acercar el rendimiento de los vehículos.

Para De Vries, esta combinación es una de las razones fundamentales detrás del crecimiento del campeonato.
“Las regulaciones han conseguido atraer a los fabricantes. La belleza del Balance of Performance es que, independientemente del presupuesto, en algún momento puedes llegar a ser competitivo”, explica. “Hay autos, marcas y motores diferentes, pero todos convergen en términos de rendimiento. Por eso las carreras son tan buenas y por eso los fabricantes están interesados en participar”.
El atractivo no reside solo en la cantidad de marcas, sino también en la incertidumbre. Una carrera puede favorecer a un fabricante y la siguiente modificar por completo la jerarquía. Toyota llegó a Brasil después de ganar Le Mans, pero en Interlagos no consiguió luchar por las primeras posiciones. BMW, en cambio, aprovechó la oportunidad y se quedó con el triunfo.
En la resistencia, cada carrera forma parte de una campaña mucho más extensa.
“Aunque Le Mans es la carrera más importante del año y entrega doble puntuación, todas cuentan”, sostiene De Vries. “Hay que afrontar cada fin de semana como parte del campeonato y aprovechar todas las oportunidades”.
Competir para desarrollar
El crecimiento del WEC no responde únicamente al espectáculo. Para los fabricantes también se ha convertido en un laboratorio donde pueden desarrollar sistemas híbridos, recuperación de energía y soluciones destinadas a mejorar la eficiencia de sus futuros vehículos.
De Vries evita hablar de una transferencia directa entre la pista y los autos de producción, pero sí cree que la competencia acelera los procesos.
“La regeneración de energía mediante el frenado se desarrolló en el automovilismo y hoy es una tecnología común en los autos de calle. Lo más importante es que en las carreras siempre existe la presión de competir contra otros, por eso la velocidad de desarrollo es mucho mayor”.

En ese escenario, Toyota mantiene una filosofía que De Vries conoce bien desde 2020, cuando comenzó a trabajar con la marca como piloto de pruebas y reserva.
“Ponemos mucho énfasis en la preparación y en los procesos porque nuestras carreras son largas y queremos estar preparados para cualquier cosa que pueda ocurrir”, explica. “También existe mucha continuidad entre pilotos, ingenieros y mecánicos. Esa es una de nuestras fortalezas”.
Otra manera de llegar a la cima
Cuando cayó la bandera a cuadros en Interlagos, BMW celebró una victoria que lo devolvió al centro de la lucha por el campeonato. Toyota, en cambio, tuvo que aceptar uno de esos fines de semana en los que la preparación y el esfuerzo no alcanzan para obtener el resultado esperado.
Esa alternancia es parte del atractivo del WEC. No existe una única tecnología dominante, una sola marca capaz de ganar ni un tipo exclusivo de piloto. En su parrilla coinciden campeones de Fórmula 1, especialistas en resistencia, figuras de la Fórmula E y competidores que han construido carreras completas fuera del campeonato más conocido del mundo.
Durante décadas, la Fórmula 1 fue presentada como la cima y casi como el único destino legítimo para un piloto. El crecimiento del Mundial de Resistencia, la llegada de nuevos fabricantes y trayectorias como la de Nyck de Vries muestran una realidad distinta: el automovilismo de élite tiene más de un camino.
Tal vez el mensaje más importante para quienes comienzan a recorrerlo sea precisamente ese. No todos llegarán a la Fórmula 1. Incluso algunos de quienes consigan hacerlo permanecerán allí menos tiempo del que imaginaron. Pero eso no significa que el sueño de ser piloto termine.
A veces solo es necesario mirar hacia otra cima.
El tiempo como protagonista
En una carrera de resistencia, el tiempo tiene una dimensión diferente. No se trata únicamente de la diferencia entre dos autos al cruzar la meta. También determina la duración de cada relevo, el momento de una detención, el consumo de combustible, la degradación de los neumáticos y la capacidad de mantener la concentración durante horas.
Esa relación explica la prolongada presencia de Rolex en la disciplina. En 2026, la manufactura suiza celebra una década como Reloj Oficial del Campeonato Mundial de Resistencia y 25 años de colaboración con las 24 Horas de Le Mans. En Brasil regresó además como patrocinador principal de las 6 Horas de São Paulo por tercer año consecutivo.

De Vries se incorporó recientemente a la familia de testimoniales de Rolex, aunque asegura que su relación personal con la marca comenzó antes.
“Rolex es una marca reconocida en todo el mundo y posee una conexión muy importante con el automovilismo y con su historia”, afirma. “Estoy orgulloso de formar parte de esta familia y de representarla”.
En su muñeca lleva además un recuerdo concreto de su mayor logro deportivo: un reloj relacionado con su victoria en Le Mans.
“Comencé a usar Rolex antes de incorporarme a la familia de la marca, pero este reloj, con la inscripción de ganador de Le Mans, significa mucho para mí”, dice.
Es una forma de medir el tiempo, pero también de conservarlo.
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