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A 50 años de la muerte de Mao Zedong: nostalgia por las ideas igualitarias del “Gran Timonel” crece en China

Bajo el liderazgo de Xi Jinping, varios conceptos políticos y métodos de gobierno asociados a la era de Mao han vuelto a captar la atención. Todo ello, mientras se desvanece el recuerdo de su turbulento mando y el país lidia con la desigualdad y la desaceleración económica.

El presidente chino, Xi Jinping, saluda frente a un retrato gigante de Mao Zedong al finalizar el acto conmemorativo del centenario de la fundación del Partido Comunista de China, en la plaza de Tiananmén de Beijing, el 1 de julio de 2021. CARLOS GARCIA RAWLINS

El 9 de septiembre de 1976 murió Mao Zedong. El líder revolucionario que llevó al Partido Comunista de China (PCCh) al poder y fundó la República Popular China dejó un legado histórico profundamente contradictorio. Moldeó las narrativas de la revolución, la construcción de la nación y la independencia nacional, pero también dejó tras de sí un inmenso trauma social como consecuencia de sucesivas campañas políticas y persecuciones.

Pese a ello, a 50 años de su muerte, la nostalgia de las ideas igualitarias del “Gran Timonel” crece en China, mientras se desvanece el recuerdo de su turbulento mando y el país lidia con la desigualdad y la desaceleración económica.

Mao, quien lideró la revolución comunista de 1949 contra el gobierno nacionalista, impuso una era de propiedad colectiva con la que esperaba impulsar la industria y unir al país, pero sus drásticas políticas también han sido señaladas como causantes de hambrunas y millones de muertes.

El Partido Comunista Chino mantiene a Mao como un héroe revolucionario, aunque reconoció tras su muerte que la devastadora Revolución Cultural fue un “grave error”, apunta AFP.

Platos decorativos con imágenes del presidente chino Xi Jinping y del difunto líder comunista Mao Zedong se exhiben en una tienda del mercado de antigüedades de Panjiayuan, en Beijing, el 9 de noviembre de 2021. NOEL CELIS

En Nanjie, en la provincia central de Henan, considerada la “última aldea maoísta de China”, su imagen aparece por todas partes en murales. Sus pobladores viven bajo los principios maoístas de propiedad colectiva, mientras el resto del país abandonó ese modelo. “Yo aún lo venero muchísimo”, comentó Xie Kaiyue, una estudiante local de 22 años. “Creo que la gente joven de la aldea, y yo misma, no tienen el espíritu fuerte del pasado (...) La gente era más pura”, agregó.

Unos 500 kilómetros al norte, en la aldea montañosa de Dazhai, que Mao promovió como modelo nacional luego de que los pobladores transformaron sus colinas áridas en campos irrigados, los turistas recuerdan cuando el Gran Timonel dominaba la política y la vida social. “No había suficiente para comer o vestir”, recordó sobre su infancia Li, un turista de 64 de la ciudad de Xi’an.

“Pero todo el país estaba lleno de vigor y había un espíritu de luchar contra cielo, tierra y gente para cambiar cada aspecto de China”, declaró a la agencia de noticias.

La Revolución Cultural, instaurada por Mao en 1966, hizo que intelectuales fueran señalados brutalmente como “enemigos de clase” y se cerraran las escuelas, retrasando a China durante años en educación y desarrollo. La propiedad privada y la tierra fueron colectivizadas, mientras la gestión económica empujó al país a la Gran Hambruna, que según el gobierno mató a 15 millones de personas, aunque historiadores lo calculan en 20 a 43 millones.

“Todo lo que observas en el dominio público (...) es la línea del partido. Nadie se puede desviar de esto”, comentó el académico Xu Chenggang, cuyo padre fue etiquetado de “derechista” durante la Revolución Cultural.

Un estudiante pasa junto a la estatua de Mao Zedong y un cartel conmemorativo del centenario de la fundación del Partido Comunista de China, en la Universidad de Fudan, Shanghái, el 25 de junio de 2021. ALY SONG

Cincuenta años después de su muerte, el cuerpo embalsamado de Mao sigue expuesto en la plaza de Tiananmén, su enorme retrato continúa presidiendo la Puerta de la Paz Celestial, su rostro aparece en la moneda del país y a los escolares chinos se les sigue enseñando que fue el líder fundador que reunificó y transformó la nación.

El debate público se ha visto aún más reducido bajo el actual presidente Xi Jinping, quien advierte contra el “nihilismo histórico” y las narrativas que contradicen la de su partido.

“El Partido Comunista le dice a la gente que hubo errores, pero ¿cuál es el significado de ‘error’? Nadie lo sabe”, sostuvo Xu.

“Actualmente hay una sensación de que la Revolución Cultural fue un período de idealismo, en el que la sociedad se movía por ideales y no por la búsqueda implacable de dinero y bienes materiales”, comentó Kerry Brown, jefe del Lau China Institute de Londres y autor de un libro reciente sobre Mao. “Esto, por supuesto, es una falsedad total”, aseguró.

Muchos atribuyen a Mao haber sentado las bases para que China se convierta en un país moderno y avanzado tecnológicamente, según Mobo Gao, profesor de estudios chinos de la Universidad de Adelaida. “Ellos preguntan ¿de dónde salió (la China actual)? Salió del establecimiento de la RPC (República Popular China)”, señaló Gao, quien vivió durante la era de Mao en la provincia rural de Jiangxi.

“La larga sombra del presidente Mao”

En una columna publicada en 2022 en The New Stateman, Katie Stallard autora del libro Dancing on Bones: History and Power in China, Russia and North Korea (Bailando sobre huesos: Historia y poder en China, Rusia y Corea del Norte), se refería así a “la larga sombra del presidente Mao”: “¿Cómo debemos entender la China moderna? La narrativa más común es también la más reduccionista: que, tras la muerte de Mao Zedong en 1976, el Partido Comunista de China (PCCh) se propuso estabilizar el país y emprendió una vía de ‘reforma y apertura’, acogiendo la inversión extranjera y el comercio internacional. Esto condujo al llamado milagro económico, a medida que China se integraba en el orden neoliberal (ingresó en la Organización Mundial del Comercio en 2001), construía un imperio de alta tecnología compuesto por ‘ciudades instantáneas’, zonas económicas especiales, redes ferroviarias de alta velocidad, centros de innovación y proyectos de infraestructura de alcance mundial, y alcanzaba el estatus de superpotencia regional”.

“Sin embargo, la realidad era más compleja -y más interesante-, ya ​​que los sucesores de Mao se enfrentaban al dilema de cómo conciliar los horrores de su dictadura con la necesidad de preservar la legitimidad del Partido Comunista Chino. Prácticamente borrada de la narrativa popular ha quedado la figura de Hua Guofeng, sucesor de Mao, quien asumió el liderazgo del partido en 1976 antes de perder una lucha interna por el poder frente a Deng Xiaoping en 1978. Aunque Hua conservó durante tres años más sus cargos oficiales como presidente del partido y presidente de la Comisión Militar Central, fue Deng quien pasó a la historia como el artífice del ascenso económico de China”, asegura Stallard.

Cuando Mao murió, China seguía siendo un Estado comunista pobre y relativamente aislado. Hoy en día, es la segunda economía más grande del mundo, profundamente integrada en las cadenas de suministro y de valor del capitalismo global, y cuenta con un vasto sector privado, una amplia clase media urbana y una sociedad altamente digitalizada.

Zhang Lun, profesor de la Universidad de Cergy-Paris, señaló a Deutsche Welle que Mao dejó cuatro legados políticos principales: un sistema político autoritario y altamente centralizado; un modelo de gobernanza basado en la revolución y en campañas políticas para resolver problemas sociales; tendencias populistas marcadas por el antielitismo y el antirracionalismo; y visiones utópicas de igualitarismo y moralismo.

Desde la perspectiva de los legados políticos, Zhang declaró a la cadena alemana que el cambio más fundamental en China durante las últimas cinco décadas ha sido la “desmaoización”, mientras que su mayor desafío ha radicado en que dicho proceso nunca llegó a completarse del todo.

Mao contribuyó a forjar el Partido Comunista de China, y su insistencia en la supremacía del partido sobre el Estado y la sociedad ha seguido siendo un principio fundamental a lo largo de las décadas, señaló Jean Christopher Mittelstaedt, profesor de la Universidad de Zúrich.

El veterano periodista y comentarista político Chang Ping coincide con esta opinión y añade que lo que realmente ha perdurado es el núcleo institucional del principio de que “el partido dirige todo”, el cual sirve a una visión estatal orientada a “concentrar recursos para llevar a cabo grandes tareas”.

El PCCh, afirmó, puede perseguir tales objetivos “a toda costa”, lo que implica que los intereses de la gente común pueden sacrificarse en la medida necesaria para preservar el régimen.

“Mao dejó un legado complejo”, dice el historiador de la Universidad de Colorado en Boulder, William Wei, quien estudia la China moderna, incluido el legado de Mao Zedong. “Pero me reafirmo en mi afirmación original de que él estaba -por utilizar la fórmula china- equivocado en siete partes y en lo cierto solo en tres. Como historiador, no voy a permitir que eluda su responsabilidad por los millones de muertes y todo el sufrimiento que causó”.

¿Un retorno a la “era de Mao”?

Bajo el liderazgo de Xi Jinping, varios conceptos políticos y métodos de gobierno asociados a la era de Mao -como la unidad ideológica y el espíritu de lucha- han vuelto a captar la atención.

Las acciones de Xi, como la abolición de los límites al mandato presidencial, el fortalecimiento de su autoridad personal y la incorporación de su pensamiento político a las constituciones del partido y del Estado, han propiciado comparaciones entre él y Mao, sostiene Deutsche Welle.

Chang argumenta que el término “retorno” es engañoso, ya que elementos de la era de Mao nunca han desaparecido por completo.

Zhang comparte esta opinión. El régimen autoritario, la rigidez política, la debilidad del Estado de derecho y la falta de garantías efectivas para los derechos ciudadanos -sostiene- no solo son elementos importantes del legado político de Mao, sino también algunas de las continuidades más significativas entre la era maoísta y el actual sistema político de China, subrayó.

Y Xi, quien sufrió personalmente durante la Revolución Cultural, parece acercarse aún más a las políticas de la era de Mao. “Lo que Xi aprendió de la Revolución Cultural no fue la lección de una víctima, sino la lección del poder”, declaró Chang al medio alemán.

La lección no fue que “un sistema así jamás deba volver a existir”, sino más bien que “quien pierde el poder queda a merced de los demás”, añadió.

Felix Wemheuer, profesor de estudios sobre la China moderna en la Universidad de Colonia, compartió esta opinión. “La conclusión que Xi parece haber extraído de su propia experiencia durante la Revolución Cultural no fue, claramente, que se debiera abandonar por completo la figura de Mao”, declaró a Deutsche Welle, “sino más bien que, por razones políticas, debía preservarse el estatus histórico de Mao como fundador del Estado, del Ejército y del Partido”.

Wemheuer considera que el enfoque de la actual dirección del PCCh respecto a Mao es “fundamentalmente maquiavélico y pragmático”. En materia de política económica, por ejemplo, no hay indicios de un retorno a la era de Mao, señaló. La China actual opera bajo un modelo de capitalismo de Estado altamente dinámico, en el que conviven diversas formas de propiedad y se mantiene un sólido sector privado. Tampoco hay señales de que China pretenda volver al modelo de Estado de bienestar comunista propio de la época de Mao.

Lo mismo cabe decir de la idea de la “autosuficiencia”. A la China actual difícilmente le resultaría viable retirarse de la economía mundial y de las cadenas de suministro internacionales.

Los expertos señalan que las similitudes entre Mao y Xi pueden apreciarse en aspectos como el énfasis en la supremacía del PCCh, la exaltación de un líder central y los elementos populistas que subrayan un vínculo estrecho entre el pueblo y los dirigentes.

Pero Wemheuer sostiene que Xi no posee ni la autoridad histórica de Mao ni su carisma personal. Asimismo, ambos ejercen el poder de maneras fundamentalmente distintas. Mao podía eludir las instituciones del partido, pasar años sin convocar un congreso partidista y movilizar a las masas contra el aparato del partido y del Estado.

Xi, en cambio, pone mayor énfasis que Mao en el control y en una gobernanza de arriba abajo, consolidando el poder mediante el fortalecimiento de las instituciones y del aparato del partido.

Personas observan imágenes de Mao Zedong en el Museo del Partido Comunista de China, en Beijing, el 25 de junio de 2021. THOMAS PETER

Mittelstaedt advierte asimismo contra equiparar a Xi con Mao. “Al fin y al cabo”, dijo a Deutsche Welle, “Xi Jinping sigue siendo un producto del sistema que creó Mao”.

China también ha experimentado oleadas recurrentes de nostalgia por Mao. Algunos ciudadanos chinos lo evocan en internet y expresan anhelo por lo que describen como una época sin desigualdad social, en la que supuestamente todos tenían suficiente para comer, apunta la cadena alemana.

Chang sostiene que lo que anhelan no es ni el propio Mao ni la verdadera era de Mao.

La era de Mao propiamente dicha, señaló Mittelstaedt, estuvo marcada por jerarquías rígidas; entre ellas, la división en el registro de residencia entre zonas urbanas y rurales, los distintos niveles de privilegios y suministros para los funcionarios, y un sistema en el que los antecedentes familiares podían determinar el destino de una persona. En muchos aspectos, era una época más desigual que la China actual, y expresar quejas podía resultar fatal, sostiene.

La visión idealizada de un mundo más igualitario constituye, por tanto, una crítica a la situación actual, caracterizada por una desigualdad creciente, precios de la vivienda disparados y una movilidad social persistentemente limitada.

No obstante, muchos expresan su descontento con la realidad contemporánea recurriendo a la imagen y el lenguaje de Mao.

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