Lo que está en juego en Colombia: Cinco claves de balotaje entre Cepeda y De la Espriella
Este domingo se celebrará la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en el país sudamericano, instancia en la que se disputará la continuidad del reformismo de Gustavo Petro, frente al proyecto de Abelardo de la Espriella, un abogado y empresario que promete “destripar” a la izquierda.

Vistiendo trajes ajustados de colores llamativos en un país conservador acostumbrado a la tradición, Abelardo de la Espriella, que se hace llamar El Tigre, remeció a la política colombiana hace tres semanas, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del país, al superar con creces las proyecciones de las encuestas y convirtiéndose en la sorpresa y el gran ganador de la jornada.
El candidato populista logró el 43,74% de las preferencias, sobrepasando a su rival oficialista, el izquierdista Iván Cepeda (40,9%), por una diferencia de casi 700 mil votos, a quien posicionaban en primer lugar en los sondeos de intención de voto de la jornada.
Así, el senador y filósofo del partido Pacto Histórico se volverá a enfrentar este domingo a De la Espriella -del movimiento Defensores de la Patria-, quien ha prometido gobernar Colombia con “mano de hierro” y que se refiere a la izquierda como un enemigo al cual “destripar”.
1. Continuidad del proyecto de Petro
Los programas de los candidatos se ubican en las antípodas ideológicas y, como consecuencia, tienen enfoques diametralmente distintos para enfrentar los problemas, sobre todo de seguridad y economía. Cepeda, senador y filósofo, propone la continuidad a través de su programa de “tres revoluciones”, apuntando a la inversión social, la defensa de la diversidad sexual y el desarrollo de la política de “Paz Total” de Petro, que busca finalizar el conflicto armado interna mediante mesas de diálogo con guerrillas.

En oposición, el proyecto del abogado y empresario de Defensores de la Patria busca imponer el orden mediante la fuerza estatal y retomar la fumigación para la erradicación de cultivos de coca.
Al respecto, el académico constitucionalista, Rodrigo Pombo, explicó a La Tercera que “Petro y Cepeda creen en un Estado grande, interventor, benefactor y redistributivo. Adopta las banderas del socialismo del siglo XXI”. “Cepeda quiere jugársela por un sistema de valores de la cultura del diálogo con los criminales. Cree en una paz eminentemente negociada y quiere profundizar en los gestores de paz. Quiere profundizar en una manera de ver una sociedad claudicante”, dice.
Así, el académico comparó de la siguiente manera los proyectos de los candidatos: “Cepeda cree en un Estado revolucionario, como lo enseñó el régimen de Chávez. Mientras que De la Espriella cree en un Estado liberal burgués decimonónico clásico, en donde todo el mundo esté por debajo de la ley, nadie al lado de la ley, nadie por encima de la ley”.
Sin embargo, ante una posible victoria del abogado y empresario, otros sostienen que hay dudas sobre cómo liderará su gobierno. Esto, debido a que De la Espriella representaría una figura nueva en la política colombiana, alejada de las formas del uribismo.
Sobre esto, el subdirector del medio colombiano La Silla Vacía, Daniel Pacheco, sostuvo en entrevista con La Tercera que la población observa con incertidumbre su posible victoria. Lo anterior porque, según el periodista, entre los colombianos no se sabe si “va a terminar siendo realmente un populista de derecha insurgente y renovadora, o bien va a terminar siendo un político que hizo campaña así y se va a volver más del status quo, un poquito más institucional”.
2. La Petro “Tusa”
Tras la primera vuelta, Petro anunció que no reconocía los resultados del preconteo revelados por la Registraduría. El Presidente afirmó, sin pruebas, que el censo electoral con el que se hizo ese primer escrutinio tenía 800.000 personas más que el oficial, dando a entender que candidatos rivales al suyo se habrían beneficiado de esa cantidad de “votos falsos”.
Esto, sumado a otras controversias que ha tenido el mandatario colombiano por su intervención política en la campaña -como solicitar el código fuente del programa de conteo de la Registraduría-, muestran la manera en que Gustavo Petro ha intentado intervenir en la campaña.
Es por esto que la congresista oficialista e integrante de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, Gloria Arizabaleta, presentó un documento para suspender al mandatario del cargo. Sin embargo, este mismo acto fue interpretado como una estrategia para darle vía libre a Petro para la intervención política en la campaña de Cepeda.

Sobre esto, Pacheco sostuvo que “el presidente Petro ha intervenido en política como no lo había hecho ningún otro presidente en ejercicio. El presidente ha roto todas las convenciones sobre participación política. Salió a hacerle política de frente a su candidato, Cepeda”.
“Y eso -continuó el subdirector del medio colombiano- tuvo un efecto de doble filo. Por un lado, el candidato Cepeda logró en la primera vuelta igualar los resultados que Petro tuvo hace 4 años, es decir, sacar 40%. Pero, por otro lado, ha generado un rechazo y ha exacerbado la oposición al presidente actual y eso no le ha funcionado a Cepeda, que en estas tres semanas del balotaje ha tratado como distanciarse un poco”.
Pacheco explicó a La Tercera que entre la población colombiana apareció un concepto denominado la “Petro tusa”, en referencia “a todas esas personas que pensaron que el gobierno de Petro iba a ser un gobierno más amplio, no puramente de izquierda, no tan populista y que se han decepcionado de lo que terminó siendo”. “Estás entusado cuando te terminan o cuando sufres una decepción amorosa”, concluye.
3. El centro exprimido
Los resultados de la primera vuelta revelaron una polarización aún mayor de la que ha vivido el país en las últimas décadas. De todos modos, no es la primera vez que Colombia enfrenta una dicotomía así: santistas contra uribistas en 2014, izquierda contra derecha en 2018, o el referéndum de los acuerdos de paz de 2016. Sin embargo, la división actual parece ser aún más profunda.

El antecedente más directo -las elecciones de 2022- no llevó a un remate de campaña tan confrontacional. En aquella ocasión, el candidato que se enfrentó a la izquierda, el exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, no hablaba de “destriparla”, como promete De la Espriella. Incluso, tras la elección, los dos políticos se reunieron y sellaron su encuentro con un abrazo. Esto es absolutamente impensable entre Cepeda y De la Espriella.
En la contienda del 31 de mayo, la entonces candidata uribista, Paloma Valencia -de posiciones más centristas y moderadas-, alcanzó el 6,9% preferencias. A su vez, los abanderados que encarnaban el centro quedaron aún más abajo: Sergio Fajardo en el cuarto puesto, con el 4% de la votación y Claudia López en el quinto, rozando el 1%.
Si bien la suma de estos votos -alrededor de tres millones- podrían resultar decisivos, el desempeño de los candidatos centristas dejó mucho que desear entre su electorado. Según Pombo, esto, en todo caso, no significa un cambio en la política colombiana. “En Colombia nunca ha existido un centro de verdad. El conflicto armado te obliga a estar en uno de los dos bandos. Estás con el terrorismo o estás contra el terrorismo”, aseguró Pombo.
Pacheco, en cambio, dice a La Tercera que en Colombia sí hay un centro político, pero que este no ha podido alcanzar el gobierno. “Los políticos de centros siguen existiendo en Colombia en las elecciones regionales, alcaldías, pero su salto a la política presidencial ha sido cada vez cada vez más débil”.
4. La ultraderecha posturibista
La victoria en primera vuelta de una derecha no tradicional, representada por De la Espriella, marcó lo que fue definido por algunos analistas como una nueva era “posturibista” de la política colombiana: Abelardo de la Espriella, quien asegura representar el nuevo liderazgo uribista -tras su victoria el 31 de mayo recibió el espaldarazo de Álvaro Uribe-, fue elegido por el grueso de la base uribista: los 10,3 millones de votos son casi los mismos 10,5 millones que apoyaron a la derecha contra Petro en la segunda vuelta de 2022.
El abogado penalista, con un desempeño sorprendente en la medida que las encuestas lo ponían sobre el 30% una semana antes del primer round presidencial, ha dejado claro que quiere mantener la base uribista y se ha comprometido, en caso de perder las elecciones, a convertirse en el líder de la oposición desde el Senado.
Su discurso populista, que sigue fórmulas de líderes regionales, cuestiona a la “casta” política tradicional y utiliza la imagen de “El Tigre”, en un evidente guiño al discurso del presidente argentino, Milei, quien ocupó el apodo de “El León” durante su campaña.
Su retórica mezcla elementos de otros referentes del sector, como el salvadoreño, Nayib Bukele, o el brasileño Jair Bolsonaro.
“Colombia había sido un poco excepcional. Por ejemplo, mientras hubo dictaduras militares en América Latina, Colombia siempre tuvo democracia. Mientras esas dictaduras lograron acabar con las insurgencias y los grupos guerrilleros, Colombia -en democracia- nunca lo logró. Siempre éramos excepcionales en el contexto regional”, explica Pacheco.
“Yo creo que esa excepcionalidad se terminó después de la firma del acuerdo de paz con las FARC”, agrega.
5. La violencia
La contienda electoral se ha visto empañada por una serie de acciones violentas, como el secuestro de un senador y el asesinato el año pasado de Miguel Uribe Turbay, el primer homicidio de un candidato presidencial colombiano en más de 30 años.
Estos incidentes reforzaron la preocupación pública por el aumento de la delincuencia y la incapacidad del gobierno para controlar a los grupos insurgentes armados, en un contexto de auge de la producción de coca y el narcotráfico en los últimos años.
Durante su mandato Petro pretendió negociar la desmovilización de los varios grupos armados que aún operan en el país. Sin embargo, la violencia en Colombia, aunque disminuyó tras los acuerdos de 2016, también se fragmentó. Y los candidatos planean enfrentar el problema con estrategias diametralmente opuestas. Cepeda, por un lado, quiere intensificar los diálogos de paz y De la Espriella ha prometido ser “implacable” contra los grupos armados.
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