Keiko Fujimori asegura victoria electoral tras obtener una ventaja irreversible en el conteo de votos
Su rival en el balotaje, el izquierdista Roberto Sánchez, se niega a reconocer la victoria de la candidata de Fuerza Popular y acusó de fraude en la emisión de los votos exteriores, los que fueron clave para darle la ventaja a la candidata de Fuerza Popular.

La derechista y líder de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, sobrepasó al su contendor Roberto Sánchez en el escrutinio de los votos por un margen irreversible. Esto la dejaría a un paso de ser la próxima inquilina de la Casa de Pizarro.
Fujimori, candidata presidencial en cuatro ocasiones e hija del expresidente Alberto Fujimori, ahora cuenta con el 50,11% de los votos, superando a su rival de izquierda por 43.386 votos. Quedando solo 40.213 votos por contabilizar, según datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales de Perú (ONPE), la diferencia es irremontable para el candidato de Juntos por el Perú.
Con esto, la derechista, de 51 años, se convertiría en la presidente de Perú y la novena en una década. Tras 17 días desde el balotaje, con el lento escrutinio avanzado al 99,8% su victoria se cocinó a fuego y entre denuncias de fraude por parte de Sánchez.

Los jurados electorales tendrán ahora que resolver las impugnaciones pendientes de evaluar, que corresponden al 0,2% de los votos, y tienen como plazo máximo hasta mediados de julio, cuando la máxima autoridad electoral de Perú, el Jurado Nacional Electoral, declare de manera oficial la victoria.
En caso confirmarse la victoria, la lideresa de Fuerza Popular presidirá un país con un electorado dividido en caso dos mitades exactas, con unas instituciones frágiles y sumido en una constante inestabilidad política. Tras tres campañas consecutivas que terminaron en derrotas, en esta oportunidad superó al antifujimorismo, el potente y heterogéneo movimiento que tiene en contra, heredado de la gestión de su padre. Unas decenas de miles de votos más fuerte, Fujimori llegaría con una ventaja mínima de alrededor de 0,2 puntos porcentuales.
Sánchez y el voto exterior
Para esta victoria, el voto en el extranjero ha sido decisiva, sobre todo en Estados Unidos, donde vive la mayor comunidad peruana fuera del país, aseguró El País.
Impugnarlo ante todas las instancias posibles para tratar de anularlo ha sido el caballo de batalla de Sánchez, que este lunes dijo que no reconocería la victoria de Fujimori y ha anunciado nuevas movilizaciones de sus partidarios.
Esas denuncias de fraude han sido desestimadas, por ahora, y Sánchez no ha presentado pruebas. Su actitud, muy criticada en el país, es similar a la que tuvo Keiko Fujimori cuando perdió en 2021 frente a Pedro Castillo, hoy encarcelado por intentar dar un autogolpe.
La lentitud en el escrutinio de los votos, después de una primera vuelta tumultosa en la que también hubo denuncias de fraude por parte de un aspirante de ultraderecha, ha abonado la incertidumbre durante estas dos semanas, salpicadas de dudas primero y de abierto cuestionamiento del proceso después por parte del izquierdista Sánchez.
Será la primera presidenta electa del país -Dina Boluarte fue presidenta por sucesión constitucional tras la destitución de Castillo-, y estará rodeada de aliados ideológicos en una Latinoamérica gobernada por mandatarios de derecha, incluyendo al recientemente electo Abelardo de la Espriella en Colombia, y bajo la hegemonía de los Estados Unidos de Donald Trump.

Este martes, el aspirante ultraderechista a disputarle la presidencia al izquierdista Lula en Brasil en octubre, Flavio Bolsonaro, felicitó a Fujimori por su victoria, hablando de la importancia del “fortalecimiento de la cooperación entre las naciones sudamericanas” en la lucha contra “el narcoterrorismo transnacional”, y durante la campaña recibió el respaldo de otro ultra, el colombiano Abelardo de la Espriella, que acaba de ganar las elecciones.
Este discurso de mano dura en seguridad es el que más ha calado entre sus votantes y ha podido atraer a indecisos como María Dulanto, una emprendedora de 27 años en Lima consultada por EL País. “Al final creo que escogeré a Keiko, porque votar a Sánchez es irnos al abismo”, decía esta madre de tres niños el día de la elección, el pasado 7 de junio al medio español.
“La gente se va del país porque matan todos los días, hay extorsiones, y lo peor es que no van a por los grandes empresarios, sino que les piden dinero a los que acaban de abrir una tienda, a los conductores o al que tiene un puesto de venta de huevitos de codorniz. Y no son solo amenazas, si no pagas te matan, así que da miedo abrir un local”, agregó.
Esta victoria, y la vuelta al poder de la polémica dinastía peruano-japonesa, tiene el potencial de ahondar la fractura social y política que atraviesa el país, no solo por la incapacidad de sucesivos presidentes de terminar su mandato en los últimos años, sino también debido a la polarización que genera la propia Fujimori, quien ha ejercido un considerable poder en el Congreso en estos años y a la que se considera principal instigadora de la inestabilidad en el país.
Su partido, Fuerza Popular, es el principal en el Parlamento, pero tendrá que pactar para sacar adelante reformas en un ambiente crispado que será su principal reto. Tendrá que gobernar para la mitad que no votó por ella, sobre todo en las zonas rurales empobrecidas, y tiene enfrente a la oposición de izquierda, que se enroca en denunciar el fraude y anuncia movilizaciones, y su propio movimiento en contra, el antifujimorismo, que abarca desde el feminismo a distintos movimientos sociales.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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