La ciudad colombiana que ha visto en primera persona la crisis venezolana
Cúcuta y sus habitantes han sido testigos del éxodo venezolano. Cada hecho que ocurre en el vecino país impacta en esta ciudad fronteriza. Hoy sin Maduro, muchos cucuteños se preguntan por el futuro en una urbe que estos últimos años ha vivido grandes cambios.

El taxi va a toda prisa. Justo en aquella parte hay una recta extensa. Las luces iluminan la carretera y, para un foráneo, esto llama la atención: alineadas forman los colores de la bandera de Colombia. Pronto amanecerá. Son las 5.50 de la mañana.
Hernán Reyes es taxista desde hace cinco años y aún no olvida una situación que vivió el 2019, en el éxodo masivo de venezolanos por este lugar: “Una señora se acercó con una salchicha, un arroz y unas cosas, y me dice ‘vamos para tal lado, y vamos de viaje a pie. ¿Usted me puede acercar al centro?, y yo le doy esta salchicha’. Parcero, a mí se me revolvió todo. ¿Usted cree que yo fui capaz de quitarle esa salchicha? Le dije: ‘No, señora, suba con los niños y todo. Yo los llevo’. No fui capaz de quitarles eso”.
El lugar es la Ruta 70 de Colombia, a la salida de Cúcuta. Fue en ese momento que esta ciudad fronteriza concentró toda la atención internacional, siendo uno de los principales lugares de paso de la migración más grande en la historia reciente de esta parte del mundo. Si hasta un gran concierto se hizo en 2019 en la frontera de Cúcuta con Venezuela para presionar al régimen venezolano, con la presencia esa vez de Sebastián Piñera, que desató un debate político en su momento.

Hace un par de años, las carreteras de Cúcuta eran testigo del avance de miles y miles de venezolanos que abandonaban su país debido a la crisis social, política, humanitaria, económica y de derechos humanos en Venezuela, una crisis que ha llevado a más de ocho millones de ciudadanos a cruzar las fronteras en busca de un nuevo lugar donde vivir. Cúcuta fue el lugar donde cientos de miles pasaron y se quedaron.
No es tan difícil moverse en esta ciudad, sus calles son con números, como Talca o Viña del Mar, pero con una humedad que se nota en el ambiente. Un aire denso, casi pegajoso, mientras en la calle, y al igual que en su frontera, las motos son dueñas y los conductores de ellas parecen poseer una habilidad casi sobrenatural para manejar, esquivar autos y personas.
Hoy Cúcuta vuelve a poner sus ojos sobre Venezuela con atención. La caída de Nicolás Maduro, hace una semana, volvió a instalar en algunos la preocupación de lo que pueda pasar con su vecino. Las voces se dividen entre quienes esperan que esto logre mejorar la economía de Venezuela, y con ello se produzca un beneficio para los cucuteños. Otros, en cambio, miran con temor lo que podría ser un posible cierre de la frontera. Algo que hasta ahora no ha estado sobre la mesa.

Y eso Hernán, el conductor del taxi, lo resume con simpleza: “Pues, parcero, los problemas de allá afectan acá. Y afectan demasiado rápido acá en Cúcuta, porque si mucha gente económicamente no tiene para venir acá afecta a Cúcuta, depende mucho de la frontera”.
No es raro encontrar en casi todos los locales algún venezolano trabajando, o incluso locales sólo con ciudadanos de ese país. Si bien no hay cifras oficiales de cuántos de esos venezolanos pasaron por Cúcuta, debido a que muchos lo hicieron por las llamadas trochas, pasos irregulares, sí se sabe que en el departamento de Norte de Santander, que es lo mismo que una región en Chile, vivían hasta fines del 2024 unos 331.152 venezolanos, y en la ciudad de Cúcuta, que pertenece a ese departamento, residen 215.580 venezolanos. Para graficar, la ciudad de Cúcuta, según estimaciones del 2025, tiene cerca de 815 mil habitantes.

Cúcuta ha sufrido una transformación de su vida los últimos años. Así lo perciben sus habitantes. “Pues, Cúcuta parte de un cierto remordimiento a los hermanos venezolanos, lo que hace que no haya tanta empatía hacia ellos. Nosotros los cucuteños tenemos cierto remordimiento, hablo en general, no en particular, hacia los venezolanos. Podemos decir que la inseguridad aumentó, el costo de mano de obra disminuyó, porque al principio ellos venían y cobraban menos”, comenta Daniel Carrera, quien se define como un cucuteño a morir. Se da tiempo para recordar cuando años atrás, en la época de sus papás, trabajar en Venezuela era rentable para ellos. No cree que la ciudad sufra grandes cambios este tiempo, aunque en un futuro, dice, “nunca se sabe, porque literalmente no sabemos qué harán con Venezuela”.
Cifras oficiales muestran en Cúcuta una tendencia al alza de homicidios. En esta ciudad operan hace muchos años distintos actores armados y organizaciones criminales, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), disidencias de las FARC y el Clan del Golfo, los que se disputan el control territorial. No existen estadísticas oficiales que establezcan que existe una relación directa entre el aumento de la criminalidad y la migración.

Para otros habitantes de Cúcuta la vida del colombiano no ha cambiado absolutamente nada. “Lo único que se nos complicó fue conseguir los productos más baratos. Se encontró (el venezolano) con una ciudad amena, que les abrió las puertas. El tema laboral nos perjudicó en Colombia. Si yo era barbero, por ejemplo, me perjudicó, porque llegó más profesional barbero venezolano que cobraba menos dinero. Pero para el cliente hubo más beneficios”, comenta César, un joven que estaba observando la manifestación que se dio este miércoles en favor de la soberanía colombiana en el Parque Santander, donde estuvieron menos de 200 personas. Aunque para ser exactos fue una manifestación a nivel nacional.
Algunos se toman con humor esta nueva forma que ha ido adoptando la ciudad los últimos años, dicen que ahora están aprendiendo más modismos venezolanos y que la arepa de aquel país ya se instaló definitivamente en la mesa de esta ciudad.
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