Nuevo presidente del Central argentino se alinea con política del FMI

Guido Sandleris, nuevo presidente del Central.

La salida de Luis Caputo del ente rector golpeó al peso argentino, que hoy fue la moneda más depreciada del mundo.


Ad portas de un nuevo acuerdo, el lunes por la noche cenaron en Nueva York el Presidente argentino, Mauricio Macri, y la directora gerente del FMI, Christine Lagarde. Solo bastó que pasaran doce horas del encuentro para que se hiciera pública la renuncia Luis Caputo a la jefatura del Banco Central de Argentina (BCRA), quien durante su corta gestión intervino incesantemente el mercado para evitar que subiera el dólar, sin éxito ni respaldo del Fondo. En su lugar llega Guido Sandleris, más cercano a la visión del organismo multilateral y defensor de la flotación cambiaria.

Aunque es un país acostumbrado a los cambios en la cabecera del Central -solo un presidente ha terminado su mandato en 83 años de historia y el anterior, Federico Sturzenegger, renunció hace apenas tres meses – la noticia no cayó bien en el mercado. Hoy el dólar llegó a rozar los $40 pesos argentinos y aunque durante el día moderó su caída, hasta cerrar en $38,2 fue la moneda más depreciada del mundo.

Los “motivos personales” con los que BCRA justificó la salida de Caputo no convencieron. Según Marcos Buscaglia, socio fundador de Alberdi Partners y ex economista jefe de Bank of America, “Caputo quería más poder de fuego para intervenir el mercado de cambio, se hablaba incluso de implementar un sistema de bandas cambiarias, como tuvo Chile en los noventa, pero el FMI está buscando otra cosa, un tipo de cambio flotante”.

También en conversación con La Tercera, Martín Alfie, economistas jefe de Radar Consultora, sostiene que “el FMI con sus condiciones ya se llevó a dos presidentes del Banco Central (…) Es una pérdida total de soberanía del manejo de la política cambiaria”.

En efecto, el hasta hoy asesor principal del ministerio de Hacienda, Guido Sandleris es un declarado defensor del modelo que actualmente opera en nuestro país. “Tener un tipo de cambio flotante tiene su costo, que es bajar la inflación más lento, pero ajusta ante shocks externos y te amortigua los impactos en la economía”, dijo a Infobae en mayo.

Hoy, la nueva autoridad monetaria, señaló en un breve comunicado que “el objetivo principal del Banco Central es reducir la inflación”. Pero aunque quiere dar vuelta la página, sin un nuevo acuerdo con el FMI sobre la mesa el debate sigue. “Un tipo de cambio flotante puede funcionar en economías desarrolladas o mercados emergentes con un largo historial de estabilidad, pero no en Argentina. Me parece mejor la idea de tener bandas”, señaló Matías Carugati, economista jefe de la consultora argentina Management & Fit.

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