Óscar Martínez: “Cuando los aplausos dejen de sonar en la plaza, Bukele va a hacer que suenen las botas militares”
Exiliado en México, el jefe de redacción del medio digital El Faro desmonta en esta entrevista con La Tercera la fórmula que hoy seduce a líderes de toda la región y explica por qué, a pesar del costo democrático, el mandatario de El Salvador conserva una popularidad cercana al 90%.

Óscar Martínez dirige la redacción del medio digital salvadoreño El Faro, que -entre otras investigaciones- destapó los pactos del gobierno de Nayib Bukele con las pandillas. Desde hace más de un año, el periodista de 43 años trabaja desde el exilio en México.
A pocos días de que el mandatario de El Salvador inscribiera su precandidatura para un nuevo mandato, amparado en una reforma constitucional que habilitó la reelección indefinida, Martínez conversó con La Tercera en medio de su visita a Santiago invitado por Democracia UDP a presentar su libro Bukele, el rey desnudo. En esta entrevista, el autor de crónicas políticas y migratorias analiza la fórmula que ocupan los representantes de la derecha regional para llegar a posiciones de poder y explica por qué el presidente salvadoreño sigue gozando de una popularidad cercana al 90%.
Recientemente, Abelardo de la Espriella ganó las elecciones en Colombia con evidentes guiños a la fórmula de Bukele que, al menos electoralmente, parece dar resultados… ¿Cómo evalúa la replicación de esta pauta por parte de los líderes de la región para llegar al poder?
Bukele tiene muchas cuestiones que son meramente simbólicas. Lo que dice, lo que promete, las formas en las que se vende. Eso en campaña funciona, porque lo que han vendido estos candidatos de la derecha estrambótica, como yo le llamo, son las promesas de campaña.

Pero el problema es el siguiente: si quieres ocupar el modelo de Bukele, la principal regla del modelo Bukele es que el presidente tenga el poder absoluto, sin contrapesos. Sin una Corte Suprema que lo cuestione, sin una sala de lo constitucional que frene sus medidas, sin jueces ni fiscal independientes, con una asamblea completamente sumisa. En El Salvador, lo que Bukele desea ocurre ese mismo día. Él da órdenes, no negocia. La fórmula de Bukele va a funcionar si un país está dispuesto a darle absolutamente todo el poder a una sola persona. Si quieren hacerlo, suerte.
¿Por qué en El Salvador sí resultó la fórmula de Bukele? ¿Qué debilidades institucionales permitieron esa acumulación de poder?
Bukele supo leer muy bien los signos de los tiempos. Él se dijo hombre de izquierda durante muchos años. Decía que el Che Guevara era el ejemplo, que los comandantes guerrilleros salvadoreños eran lo mejor que podía existir y que el modelo de Daniel Ortega en Nicaragua era el camino a seguir. Bukele dice lo que le conviene cuando le conviene decirlo. Leyó que la gente estaba harta del proceso de paz que se había prolongado en El Salvador desde 1992. La derecha gobernó hasta 2009. Luego llegó la izquierda. Ahí el ciclo de la posguerra se cumplió. La gente ya había probado todo lo que ese ciclo tenía para ofrecer. Bukele entendió que la desesperación era enorme. La gente estaba dispuesta, en desesperación por las pandillas y el saque público tanto de izquierda como de derecha, de concederle todo el poder a un hombre. Bukele supo entender el momento en el que eso ocurría. Es como cuando te estás ahogando en el mar… Te agarras de quien sea, porque en la desesperación la gente no reflexiona.
A inicios de esta semana Bukele inscribió su precandidatura para una reelección -que ahora será por seis años- y, con estos niveles de popularidad, todo apunta a que ganará. ¿Cree que hay alguna figura capaz de competir con él?
Esto es un show. Bukele va a ser reelecto, lo sabe, la gente lo sigue apoyando y los demás partidos están desestructurados. Unos perdieron toda credibilidad y otros fueron golpeados por la persecución y la cárcel política que desató desde 2021. La gran mayoría de los políticos de mayor trayectoria están exiliados, encarcelados o no quieren ser candidatos por miedo. Y aunque Bukele llegue a perder -cosa que no va a pasar- no entregaría el poder. Esto es una mímica electoral para hacer creer que en El Salvador se mantienen las formas democráticas. El próximo presidente de El Salvador ya te puedo decir quién va a ser: Nayib Bukele.

¿Sostiene entonces una fachada democrática, quizás con el mismo objetivo de conservar la popularidad…?
Son maquillajes de la democracia para no parecer abiertamente lo que es. Él ya dijo que no le importa que lo llamen dictador. Son técnicas viejas… Crear partidos satélite para que parezca que su partido no es único. Nuevas Ideas -el partido de Bukele- funciona como partido hegemónico y los demás son satélites sin importancia. Su único diputado opositor está ahí para que el mundo crea que hay competencia. Bukele modificó las reglas y los distritos electorales en un cálculo político para ganarlo todo. En términos reales, Bukele es amo y señor de El Salvador.
¿Cómo explica los niveles de popularidad y la adhesión de la ciudadanía salvadoreña?
Por varias razones. La primera es que Bukele es un gran publicista. Logra que la gente mire hacia donde él quiere, aunque no sea la realidad. Todos han visto el Cecot -Centro de Confinamiento del Terrorismo, la megacárcel de máxima seguridad salvadoreña, el proyecto carcelario insignia de Bukele-. Pero hay 22 cárceles así en El Salvador y el resto están llenas de gente inocente capturada por el régimen.

Segundo, la gente estaba decepcionada de la izquierda y la derecha, y esa discusión ideológica se banalizó. Y tercero, y esto me duele decirlo, El Salvador nunca ha sido una sociedad democrática. Los partidos hegemónicos construyeron una democracia raquítica y después de los acuerdos de paz tampoco desarrollamos una cultura democrática real. Los salvadoreños tenemos un gen muy autoritario insertado. Buena parte de mi sociedad apoya que la violencia se resuelva a balazos. Además, Bukele consiguió algo: terminó con las pandillas, pero le pidió a la gente una sola cosa… “Denme todo el poder ilimitado”. Hizo pesca con dinamita. Agarró a los pandilleros, sí, y también a decenas de miles de inocentes sin un tatuaje ni antecedentes. Como resultado, somos el país con más presos por habitante del planeta. Dos de cada 100 salvadoreños están en prisión. Hay juicios secretos y masivos, y personas que llevan años encarceladas sin condena. Más de 500 han salido con señales de tortura. Mucha gente está feliz porque ya no hay pandillas, pero a muchos otros les capturaron a un hijo inocente. Como venimos de una sociedad apaleada y con el tejido social roto, no se sufre en colectivo, sino que se padece puertas adentro. Esa es una sociedad ideal para un dictador.
Hoy usted trabaja desde el exilio en México. Hay un viejo tuit de Bukele que defendía el periodismo, pero hoy hay persecución a la prensa. ¿Cómo explica este cambio de discurso?
Bukele se tomó una foto con los colectivos de la diversidad sexual y dijo que los apoyaría. Hoy dice que es un enviado de Dios y que el aborto es un genocidio. Antes admiraba al Che Guevara. Ahora da discursos en la Heritage Foundation -una organización conservadora estadounidense- llamando basura a los comunistas. Es un oportunista con una visión mesiánica de sí mismo. Cuando la prensa vigilaba el poder real, que sostenía la izquierda, a él le gustaba, porque él no era el poder. Cuando se convirtió en el poder real y empezamos a vigilarlo, dejó de gustarle, porque no le gustan los contrapesos. Y, con orgullo, te digo que la prensa independiente, investigativa y con método, hemos sido el gran obstáculo de Bukele. Se sabe que pactó con las pandillas porque lo revelamos; que su familia obtuvo cerca del 90% de los terrenos que posee desde que llegó a la presidencia porque lo reveló la prensa; que invirtió 1,4 millones de dólares en ampliar su residencia; que saquearon el país durante la pandemia con contratos sin licitación; que dejó libre a uno de los mayores líderes de la Mara Salvatrucha en noviembre de 2021. El Salvador tiene una prensa investigativa maravillosa y eso a Bukele le molesta, porque es muy difícil lidiar con una prensa que le saca tantos trapos sucios al sol.
A pesar de las revelaciones de la prensa, Bukele tiene una popularidad altísima, concentra el poder en sí mismo y es una figura admirada internacionalmente. ¿Qué posibilidades reales ve de que, a mediano o largo plazo, deje el poder?

No creo que Bukele deje el poder en los próximos años. Me gustaría creerlo, pero sería deshonesto no decirlo. Tengo 43 años y quién sabe por qué aún no me salen canas, pero voy a volver a mi país con canas en la cabeza. No creo que Bukele se convierta de repente en demócrata y diga: “Ya fui suficientemente autoritario”. Va a profundizar el control del poder, como Latinoamérica ya lo ha vivido una y otra vez con dictadores… Un dictador nunca suelta el poder por las buenas. Además, todavía no lo hemos visto en su peor momento. Cuando Bukele deje de ser popular -y va a dejar de serlo, porque hay más pobres que cuando llegó y demasiada gente encarcelada sin justificación-, cuando la sociedad abra los ojos en colectivo e intente quejarse, cuando los aplausos dejen de sonar en la plaza, Bukele va a hacer que suenen las botas militares.
¿Piensa que un eventual cambio solo se concretará tras una crisis?
No se me ocurre cómo (Bukele) va a salir del poder, pero sí tengo algo claro. Quienes vamos a tener que imaginarnos un país sin Bukele somos nosotros. Les vamos a tener que enseñar a los policías que no pueden capturar a quien les dé la gana; a los fiscales, que necesitan pruebas para ordenar una captura; a los jueces, que no pueden condenar sin pruebas; a la procuradora, que debe defender los derechos humanos y no al presidente.

Todo eso lo vamos a tener que discutir e imaginar la sociedad civil, y gran parte de esa sociedad civil está en el exilio. Yo no soy político, pero esa conversación hay que empezar a tenerla ya, porque cuando Bukele salga finalmente del poder va a quedar un país con toda su institucionalidad democrática rota. Y habrá que reconstruirla. Ya lo intentamos después de la guerra y lo hicimos mal. Ojalá que después de Bukele lo hagamos bien.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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