The Crown se enfrenta al legado de Margaret Thatcher

La actriz Gillian Anderson personificando a Margaret Thatcher en The Crown.

Guía para entender el trasfondo político de la Gran Bretaña de los 80, desde sus problemas económicos hasta los disturbios sociales.




En el primer episodio de la cuarta temporada de The Crown, está claro que la reina Isabel II y la primera ministra británica se dirigen hacia una relación tensa. Margaret Thatcher rápidamente le sacó de la cabeza a la reina cualquier idea que ella hubiera podido tener de que encontrarían un entendimiento mutuo, solo por ser mujeres nacidas con apenas seis meses de diferencia. “He descubierto que las mujeres en general tienden a no ser adecuadas para los altos cargos. Suelen volverse demasiado emocionales”, le dijo Thatcher a Isabel II.

Hay una gran separación entre ellas, según la serie, una de clase: por un lado, una mujer que nació en el privilegio; mientras que la otra debe su actual posición al mérito, esfuerzo y empuje. El tono se estableció en el segundo episodio en el castillo real de Balmoral en Escocia, donde Thatcher y su esposo Denis luchan con las costumbres secretas de una tribu real. Incluso ellos le dan propina al personal, como si estuvieran en un hotel.

Por supuesto, las dos mujeres son parecidas. Ambas están acostumbradas a salirse con la suya. Cada una admira a su padre, tienen esposos que las respaldan, consienten a un hijo descarriado, son guiadas por la fe cristiana y las motiva un alto sentido del deber.

Pero es fácil ver por qué el guionista se concentraría en sus diferencias de clase; después de todo, estamos hablando de Gran Bretaña. The Crown dramatiza el lugar de la familia real en un país que se está volviendo menos respetuoso, supuestamente más meritocrático y cada vez más obsesionado con la celebridad.

The Crown está hecho en un contexto que no siempre es obvio para el televidente. A menudo, inventa eventos y combina otros para ilustrar sus temas. Al hacer un drama, sus productores no tienen el deber de producir una historia. Así que aquí presentamos una breve guía sobre cómo leer entre líneas. Atención, no siga leyendo si no desea conocer la trama.

La reina Isabel y Thatcher previo a una cena en 1995. Foto: AFP

Primero, la voz

Gillian Anderson captura bastante bien la voz de Thatcher. En el mundo real, esto fue considerado por muchos como una desventaja electoral. Un año antes de que Thatcher se convirtiera en primera ministra en 1979, el historiador Alan Taylor declaró a su esposa que Thatcher no llegaría al poder porque “tiene una voz tan espantosa”.

La hija de una familia de clase media baja en la ciudad comercial de Grantham en Lincolnshire no habría sobrevivido en ese lugar hablando así.

“Era una figura compleja, improbable y paradójica; la hija de un abarrotero con un acento que no es del todo suyo”, escribió el político conservador británico Julian Critchley en 1994 con la condescendencia típica de muchos en su partido.

Su dicción surgió de un viaje a través de lecciones de elocución cuando era adolescente, en la Universidad de Oxford, donde estudió química, y mientras ascendía en las filas del partido.

Episodio 1: El trasfondo político

Al principio, vemos a Thatcher preparando su gabinete para los recortes en el gasto público y sabemos que le encanta la pelea. Pero no sabemos mucho sobre el desorden que heredó.

En realidad, el gobierno estaba pagando un préstamo de emergencia reciente del Fondo Monetario Internacional y la economía estaba plagada de huelgas y alta inflación. Las empresas estatales dominaban importantes sectores de la economía.

Ella se embarcó en una amplia agenda para hacer subir las tasas de interés, cortar el gasto público, disminuir el tamaño del Estado, recortar los beneficios sociales que ella consideraba que aumentaban la dependencia, eliminar las regulaciones y luchar contra los sindicatos. Cumplió más de esta agenda de lo que parecía posible en ese momento.

Para sus partidarios, ella transformó a Reino Unido, de ser el enfermo de Europa a una economía dinámica liderada por la empresa privada. Para sus detractores, ella fue la figura política más responsable por las amplias divisiones sociales en la sociedad británica que han perdurado hasta la actualidad. Ya sea un cumplido o un insulto, eso fue el “Thatcherismo”.

El personaje de Thatcher entrando al número de 10 de Downing Street, acompañado del actor que personifica a su esposo, Denis.

Un asunto aparte: Thatcher también despidió a los hombres

En la vida real, Thatcher no pensaba mucho en las mujeres en política, como se sugiere en el primer episodio. Ella nombró solo una ministra de gabinete en 11 años en el cargo. Pero despidió a decenas de ministros de gobierno, criticando duramente a los que no estaban dispuestos a pelear, a los que tachaba de “mojados”, a los que estaban mal informados y a los privilegiados aristócratas del Partido Conservador, a quienes combatió camino a la cima.

Episodio 4: La crisis de las Malvinas

El conflicto de 1982 fue un hito para Thatcher del que nunca miró hacia atrás. En el episodio 4, vemos el nacimiento de la crisis con la llegada de un puñado de comerciantes de chatarra argentinos a una estación ballenera en desuso en la dependencia británica de Georgia del Sur.

Después de que la junta militar argentina invade las Islas Falkland (Malvinas para los argentinos), con una población de 1.800 habitantes y territorio británico en disputa, ella envió a un grupo de trabajo naval a 13.000 kilómetros pese a las objeciones de algunos en su gabinete. La victoria desata un espasmo de fervor patriótico -que se ve en el siguiente episodio que trata de la irrupción de un extraño al Palacio de Buckingham- que la ayudó a lograr una convincente victoria electoral de 1983 sobre la desventurada oposición. Entre los que se oponían a la acción militar británica estaba su aliado en casi todo lo demás: Ronald Reagan.

Episodio 5: El malestar social contado a través de una irrupción en palacio

La entrada ilegal de Michael Fagan a Buckingham y su conversación junto a la cama con la reina sobre la injusticia social es el recurso de la trama utilizado para sugerir que no todo está bien en la población británica. Se nos muestra la vida miserable de Fagan, y se le da una plataforma para contarle a una monarca comprensiva sobre las injusticias perpetradas por un gobierno que acaba de gastar miles de millones en las Islas Falkland.

De hecho, Fagan, que todavía está vivo, les dijo a los periodistas que habló de su vida, pero no de las políticas de Thatcher.

Pero la era Thatcher fue un período de conflicto en Gran Bretaña que se intensificó en 1984 cuando se enfrentó al Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, el símbolo del trabajo organizado militante que había derrotado a gobiernos conservadores anteriores, por un plan para cerrar muchas de las minas de carbón del país. Después de una amarga huelga que duró casi un año y meses de violencia en los piquetes, aplastó al sindicato. Muchos mineros del carbón nunca volvieron a trabajar.

Thatcher junto a la reina.

Episodio 8: La reina contra Thatcher sobre el apartheid

Un episodio completo está dedicado a la interpretación del creador de la serie, Peter Morgan, del enfrentamiento de la pareja respecto a Sudáfrica. Su diferencia de opiniones sobre el valor de la Commonwealth era real: era y sigue siendo importante para la reina que la encabezó y sigue siendo la jefa de Estado en 16 países de la Commonwealth (Mancomunidad de Naciones), incluyendo a Reino Unido.

Thatcher lo menospreció como un foro para autócratas y priorizó las oportunidades comerciales que se habrían perdido por las sanciones contra Sudáfrica. En realidad, no sabemos que la reina quisiera aplicar sanciones. Es una inferencia razonable de su amor por la Commonwealth.

Tal como ocurre en el episodio, el periódico The Sunday Times en julio de 1986 informó que fuentes cercanas al Palacio de Buckingham sugirieron que la reina creía que Thatcher era “indiferente, conflictiva y socialmente divisiva”. Michael Shea, el secretario de prensa del palacio, se fue, aunque no hasta 1987, y no recibió el título de caballero que hubiera esperado.

Gillian Anderson personificando a Thatcher.

Episodio 10: ¿Intentó Thatcher que la reina disolviera el Parlamento?

El episodio final hace un flaco favor a Thatcher al describir una solicitud a la reina en 1990 para disolver el Parlamento como una forma de frustrar un desafío a su liderazgo. Además de ser falso, es un elemento extraño de la trama porque no está claro cómo la disolución del Parlamento habría salvado su liderazgo, dado que el desafío era un asunto interno del Partido Conservador, no parlamentario.

Para entonces, Thatcher había ganado una tercera elección general en 1987 y la economía estaba en auge. Pero estaba cada vez más aislada y convencida de que estaba en lo correcto. Su salida vino luego de un esfuerzo por imponer un impuesto que recaería por igual sobre todos los adultos, provocando disturbios generalizados.

Cuando el Partido Conservador se vuelve contra sus líderes, es famoso por su crueldad. Una vez que fue vista como un lastre electoral, sus colegas la destituyeron y la carrera de uno de los premier británicos más importantes del siglo XX terminó, como tantas carreras políticas, con el fracaso.

En el último episodio, ella reflexiona amargamente sobre “esos hombrecitos” de su propio grupo que finalmente resultaron victoriosos. La reina observa que Thatcher dejó “un país muy diferente ahora al heredado por nuestra primera premier”.

Esa es una conclusión que pocos discutirían, cualquiera que sea su línea política.

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