Túnez pone a prueba su exitosa Primavera Árabe en las urnas

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Tunecinos caminan frente a carteles de los candidatos presidenciales en la capital, el sábado pasado.

Cerca de siete millones de tunecinos están convocados mañana para elegir al sucesor del Presidente Béji Caïd Essebsi, fallecido en julio. Los comicios son vistos como un importante test para la única democracia que surgió de la revolución de 2011, que derrocó al dictador Zine el Abidine Ben Alí.


A casi dos meses de la muerte de Béji Caïd Essebsi, Túnez se prepara para escoger un Presidente por segunda vez desde la revolución de 2011. Este domingo alrededor de siete millones de tunecinos están llamados a las urnas para elegir un sucesor del veterano político de 92 años entre los 26 candidatos habilitados, en unos comicios vistos como una prueba importante para la única democracia que surgió de la Primavera Árabe tras el derrocamiento del dictador Zine el Abidine Ben Alí.

La muerte en julio de Essebsi, un secularista que jugó un papel decisivo en la transición del país a la democracia, obligó a anticipar las elecciones, previstas originalmente para noviembre. Essebsi había sido electo Presidente en las primeras elecciones democráticas en 2014, tras las revueltas que sacaron del poder a Ben Alí. Había asumido como primer ministro interino a los meses de que el dictador depuesto huyera a Arabia Saudita con su familia, y hasta la llegada al poder del islamista Ennahda ("Partido del Renacimiento") en 2012.

A diferencia de lo que pasó en su vecino Egipto con la Hermandad Musulmana, que tras ganar las elecciones fueron derrocados por un golpe de Estado encabezado por el actual Presidente Abdel Fattah Al- Sisi, en Túnez los buenos vínculos que supo mantener Essebsi con el espacio islámico, contribuyeron para el mantenimiento de la democracia y el llamado a elecciones presidenciales, las mismas que lo consagrarían Presidente en segunda vuelta junto al partido laico que él mismo fundó, Nidaa Tounes ("el llamado de Túnez"), con el 55,68% de los votos.

Pero hoy el panorama es muy distinto. Sin Essebsi, las fuerzas ampliamente seculares de Túnez -apenas unidas por su oposición al poderoso Ennahda- se han dispersado, creando una competencia impredecible que podría remodelar el panorama político de la incipiente democracia magrebí, según el diario The Guardian. Además, la economía tunecina se encuentra ahora en un estado aun peor, lo que contribuye a protestas regulares y una sensación generalizada de alienación de la política, según muestran las encuestas públicas.

En este escenario, muchos observadores y actores políticos han manifestado su preocupación por el momento elegido para detener a uno de los candidatos favoritos, el empresario Nabil Karoui, dueño de la cadena más vista del país, Nessma TV. Fue arrestado el 23 de agosto bajo sospecha de que pudo haber evadido impuestos y lavado dinero.

Además, la comisión electoral rechazó 71 postulaciones, entre ellas la de Mounir Baatour, el primer candidato abiertamente gay a la Presidencia. "Mi candidatura no es en nombre de la comunidad LGBT, sino que soy el presidente del Partido Liberal tunecino, que presenta un completo programa social, económico y ecológico destinado a todos los tunecinos que siguen siendo el único juez de los candidatos", había dicho el abogado de 48 años a La Tercera antes de ver frustrada su postulación.

Varios candidatos, como la abogada Abir Moussi, presidenta del Partido Desturiano Libre, que reivindica la herencia del régimen de Ben Alí, estiman que las libertades conseguidas desde 2011 no tienen tanto peso ante las dificultades económicas que se han acentuado. Además, el adelantamiento de las presidenciales invirtió el calendario electoral, y ahora las legislativas tendrán lugar tres semanas después de la primera vuelta presidencial.

Así, estos comicios parecen ser un "test" para la democracia porque "podría necesitar aceptar la victoria de un candidato que divide", como Karoui, explica a France Presse la investigadora Isabelle Werenfels, experta en el Magreb del Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP).

A pesar del desánimo frente a las disputas políticas y la crisis económica, "no habrá marcha atrás, ninguna dictadura podrá imponerse en el país", asegura el editorialista Zied Krichen.

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