Andrés Couve, ministro de Ciencias: “Tenemos aseguradas dosis para 16 millones de personas, prácticamente toda la población”

El titular de Ciencias señala que la estrategia de Chile ha sido contar con una diversidad de convenios que garanticen las inoculaciones. Foto: Mario Téllez

El titular de Ciencias dice que son cuatro los acuerdos para proveer las vacunas que permitirían inocular en el primer trimestre de 2021. Un desafío será lograr la adhesión necesaria, para lo cual se proyecta hacerla voluntaria.




Ayer comenzó a tramitarse el primer permiso de emergencia para usar en Chile una de las vacunas que se fabrican contra el coronavirus. El laboratorio titular es Pfizer, con el que existe un convenio que asegura 10 millones de dosis. Así, la acción de la farmacéutica ha acelerado el tranco y en el gobierno algunos ya se atreven a proyectar para enero el inicio de la campaña de vacunación. Pero el ministro de Ciencias, Andrés Couve, prefiere ser cauto y dejar que la propia evidencia acote los plazos: “Hay que ser optimista, pero responsable”, sostiene.

Con la presentación de Pfizer, ¿cuál es el escenario más optimista para que vacune en Chile?

Estamos haciendo los esfuerzos para que, luego de los permisos internacionales, se pueda autorizar por el Instituto de Salud Pública y tengamos durante el primer trimestre el comienzo de la vacunación con Pfizer. La fecha no la tenemos bien determinada porque depende de esas autorizaciones, y creo que es más responsable seguir cada uno de los pasos, porque lo más importante es que podamos garantizar una vacuna segura y efectiva, con una comunicación que ajuste expectativas y sea transparente y clara.

Hay hitos claros, como el regreso a clases, y un compromiso para vacunar a los profesores. ¿Esto podría ocurrir antes de marzo?

Espero que sí, nosotros confiamos en tener una vacuna el primer trimestre. Pero esto va a ser gradual y en distintas poblaciones. Hay algunas más expuestas al riesgo y ciertamente el personal de salud y los profesores están en ese grupo que necesita ser protegido lo antes posible. Ese es el primer grupo, de riesgo, que va a recibir prioritariamente la vacuna.

¿Cuáles serán los otros grupos?

Uno son las personas sanas de entre 18 y 60 años. También tenemos a la gente de mayor edad con enfermedades crónicas, cardiovasculares, obesidad o diabetes. Son poblaciones distintas y tenemos que asegurarnos que las vacunas hayan sido probadas en ellas, porque no todas lo están haciendo, y eso va a condicionar la aprobación de que pueda ser usada. Por eso es importante la gradualidad: hay distintas poblaciones y probablemente las de mayor exposición necesitan una vacunación más temprana, pero también depende de las autorizaciones.

¿Quién hará las definiciones?

Hay organismos técnicos asesores, pero finalmente el Ministerio de Salud tiene que decidir, con su Programa de Inmunizaciones, qué vacunas se van a escoger, cuáles van a ser las poblaciones de riesgo y cuál va a ser el cronograma. Así es que dependerá de las poblaciones donde se probó, de la fecha de entrega, de las condiciones de transporte y logística. Porque podemos tener, por ejemplo, un escenario donde una vacuna, más que a una población de riesgo, se dirija a una zona geográfica por la logística, que es lo que se ha pensado con la de Pfizer, es decir, concentrarla alrededor de la Región Metropolitana para poder tener un transporte terrestre, pues tiene cinco días para ser usada (luego de ser descongelada).

Países vecinos proyectan vacunar en enero. ¿Nosotros no?

Hay que ajustar las expectativas. Estamos en un complejo proceso de desarrollo y aprobación de vacunas. La que se ha demorado menos en la historia tardó cuatro años, el promedio es más de 10. Este es un proceso superacelerado y se están haciendo cosas en forma paralela, los mismos desarrolladores están invirtiendo en manufactura para ir más rápido. Pero estamos con una batería de opciones nunca antes vista, más de 10 vacunas en fase 3 y plazos absolutamente inéditos. Entonces, creo que nos conviene ser responsables y transmitir a la ciudadanía que estamos optimistas, pero también rigurosos respecto al análisis de la información.

¿Por qué?

No se han publicado los ensayos de fase 3 todavía. De Pfizer y Moderna tenemos comunicados, de las mismas empresas, y debemos esperar que sus ensayos se publiquen para analizarlos. La efectividad no se ha reportado en revistas científicas. Hay vacunas que han reportado tener una efectividad mayor, de 70% hasta el 90%. Son muy buenos resultados y nos enfrentan a un escenario que parece optimista, pero tenemos que esperar a ver, cuando finalicen las etapas, cuál es la efectividad total. Pero hay cosas importantes: la FDA estableció que 50% a 60% de efectividad ya era muy bueno y estaban muy dispuestos a aprobar vacunas que cumplieran con eso.

También resta saber cuánto va a durar la inmunidad...

Tenemos que acostumbrarnos a la idea de que no sabemos. Cuesta, pero no sabemos, por ejemplo, si la vacuna de este año va a ser efectiva el próximo. No sabemos por cuánto tiempo la persona va a permanecer con una respuesta inmune elevada. Para eso se hacen los ensayos clínicos, pero tenemos una estrategia, que ha sido oportuna, y acuerdos comerciales que dependen de cómo se aprueben en la agencia regulatoria. Y estamos cerca.

¿Cuántos convenios ha suscrito el país y en qué condición nos dejan?

Hoy en día hay convenios con Oxford (AstraZeneca), Sinovac, Janssen y Pfizer. Por lo tanto, la estrategia que ha implementado el gobierno, de manera oportuna y asesorada por expertos, ha permitido que hoy en día tengamos aseguradas las dosis para 16 millones de personas, prácticamente toda la población. Y a estos cuatro convenios se suma el de Covax, una alianza internacional donde el número de dosis va a aumentar.

¿Se van a establecer nuevos convenios?

Nosotros tenemos cuatro acuerdos comerciales y cuatro ensayos clínicos, pero también hay que mirar al futuro y por tanto es importante que mantengamos el contacto con la mayor cantidad desarrolladores, para que vayamos viendo el progreso de cada uno.

La vacuna sería voluntaria, a diferencia de todo el Programa Nacional de Inmunizaciones, que es obligatorio. ¿Por qué?

Esto tiene que definirse, pero se ha planteado que sea voluntaria. Uno de los temas principales es lograr que la ciudadanía adhiera a la campaña de vacunación y debemos considerar que, en los estudios internacionales, más o menos un 30% de las personas no están dispuestas a vacunarse. Tenemos que hacer una campaña comunicacional y de política pública que permita la mayor adhesión posible. Y en ese sentido, comenzar con una vacunación voluntaria parece una buena opción para lograr eso.

El éxito de la campaña depende necesariamente de que muchas personas accedan a inmunizarse...

Este no es un tema individual, es colectivo. En ese sentido necesitamos adhesión y darnos cuenta de que tenemos que participar de este proceso, que es de protección entre todos. Y yo me protejo y te protejo a ti, tú te proteges y me proteges a mí. Eso implica que tenemos que estar superconvencidos de que esto es positivo. Nuestro rol es transmitir esa seguridad, esa seguridad que se da, por un lado, con una historia de un programa muy exitoso de vacunaciones en Chile y en el mundo. Entonces es importante transmitir a las personas que las vacunas salvan vidas, que erradican enfermedades.

Mucha gente tiene aprehensiones porque la vacuna se ha fabricado aceleradamente...

Estamos trabajando con los mismos criterios de seguridad. No nos estamos saltando ninguna etapa, estamos cumpliéndolas todas, de la manera más rápida posible, avanzando en paralelo, pero teniendo siempre muy claro que aquí lo que está al centro es la seguridad y la eficacia de la vacuna.

Balance de la pandemia

¿Le sorprendieron los efectos que ha tenido la pandemia en Chile?

Creo que nadie estaba preparado para esto, en ninguna parte del mundo. Esto es absolutamente inédito en cobertura, tiempo y en las consecuencias para la salud. También en los efectos económicos. Nosotros pudimos aprender de lo que pasó previamente en Europa. Tempranamente tomamos medidas para que el virus pudiera controlarse lo más posible: cerramos colegios, fronteras, establecimos cuarentenas, criterios de higiene, distanciamiento social, aforos, etcétera. Por lo tanto, nos preparamos.

¿Su balance es positivo?

Creo que nadie en el mundo tiene un balance positivo de lo que ha pasado. Nos hemos visto enfrentados a algo inédito que nos exigió el máximo y para la cual no estábamos preparados. Esa es la realidad. Todo el mundo tuvo que hacer esto a una velocidad que no habíamos estado sometidos. Me quedo con que hemos aprendido. Se han establecido rápidamente procedimientos que han tenido muy buenos resultados. Establecimos un sistema de testeo de PCR y hoy tenemos niveles altísimos de testeo. Pero creo que, en general, el mundo tiene que reconocer que hay puntos donde estuvimos débiles, sin ninguna duda. Nosotros hicimos todo lo que pudimos.

¿Qué se ha aprendido?

Que tenemos que estar preparados para una epidemia de esta envergadura. No es la primera, no va a ser la última. Sabemos, por lo que estamos viendo en Europa, que probablemente vamos a tener un segundo brote. ¿Cómo nos preparamos para eso? Hay un plan muy claro, Paso a Paso, y el PCR nos permite monitorear dónde están los focos, dónde surge uno y eso ya se puede ver tempranamente. Son cosas que no podíamos hacer inicialmente. Tenemos que asumir que esto nos pilló, a todo el mundo, sin la preparación necesaria. Me voy a meter directamente en la pata de los caballos: los datos. No estábamos preparados. Pero en un corto tiempo pudimos construir un sistema de información cada vez más completo y hoy, a 10 meses, es capaz de informar a la ciudadanía y a los tomadores de decisión con la periodicidad que se requiere.

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