Detectan mayor consumo de alcohol y drogas entre mujeres escolares

Foto: Getty Images

La última encuesta nacional de Senda estableció que las jóvenes de octavo a cuarto medio superaron a los varones en el uso de alcohol, marihuana y tranquilizantes sin receta médica. Las cifras alarman a los expertos, mientras los estudiantes secundarios chilenos se ubican como líderes en el continente frente al uso de sustancias.




Rosa Tejo (30) hoy sonríe. Siente que ha despertado de una larga pesadilla de parejas violentas, la falta de un hogar estable y una adicción a la cocaína. El nacimiento de su última hija, la tercera, la empujó a buscar ayuda.

Fue así como llegó al Programa Terapéutico Residencial para Mujeres de Quilicura, especializado en personas en situación de pobreza y que presentan consumo problemático de alcohol y drogas. Un programa en que las residentes pueden cumplir su proceso terapéutico en compañía de sus hijos en edad preescolar. Ya lleva ahí seis meses junto a su hija menor, recibiendo la ayuda especializada con la que espera reinsertarse en la sociedad. “Si todo sale bien, este 17 de marzo habré cumplido con la primera parte de mi rehabilitación”, relata.

La mujer revela que su problema no comenzó hace poco. Todo partió en el colegio. Fue entre séptimo y octavo básico cuando probó la marihuana por primera vez. Y desde ahí, cayó en una espiral descendente. “Lo hacía con amigos, ellos me convidaban y yo, por curiosidad y para saber qué se sentía, la probé. Siempre continué fumando, porque no consideraba que fuese algo malo, aunque aquí, en el programa, entendí que sí”.

Hace dos décadas, sin embargo, los casos de mujeres adolescentes en consumo de drogas eran más puntuales. Ahora, las cifras alertan que las estudiantes chilenas lideran en el consumo de alcohol y drogas. Y que, como Rosa, arriesgan el mismo calvario.

Así lo estableció el último Estudio Nacional de Drogas en la Población Escolar (Enpe), realizado por el Senda a 46.628 escolares, pertenecientes a 134 comunas a lo largo de las 16 regiones del país. Los resultados demostraron que pese al trabajo en prevención, y si bien se ha logrado desacelerar su uso, el consumo de drogas sigue siendo elevado. Y según los resultados, es más crítico en las mujeres, quienes encabezan el uso de sustancias.

Así, las jóvenes declaran un mayor consumo de alcohol, el 32,5% dice haber bebido en el último mes, frente a un 27,2% de los hombres, y también de marihuana, pues el 27,7% admitió su consumo en el último año, por encima del 25,9% de los varones.

Esto se repite en el caso de los tranquilizantes sin receta médica y en el uso de cocaína. Así, las últimas cifras aparecen como un empeoramiento del panorama de 2019, cuando el informe de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas ubicó a Chile en primer lugar frente al uso de drogas y estupefacientes, con una media de 13 y 14 años de edad para el inicio del consumo.

“Los adolescentes tienen menor conciencia de daño. Por ejemplo, la marihuana genera daños sicológicos y físicos en los jóvenes, pero ellos creen que no hace mal, o que les hará daño más adelante. Perdieron el miedo a engancharse a eso”, sostiene el director de Senda, Carlos Charme Fuentes.

Cambio cultural

“No es algo que sorprenda, porque las cifras ya venían al alza”, dice el sicólogo Rodrigo Venegas. El académico de la Universidad San Sebastián y especialista en temáticas infanto-juvenil viene estudiando el fenómeno hace años y tiene una tesis clara: “Lo primero es que hay una falta de focalización para disminuir el fenómeno. Senda hace el esfuerzo, pero claramente falta un modelo de prevención. Otro aspecto es que existe un cambio cultural en la adolescencia. Las mujeres, hasta 2010, consumían menos. Hoy, bajo el relato de la igualdad también se afectó estos componentes y, por último, está el mercado, porque el acceso es muy amplio. La tecnología también ha influido, y mucho, porque hoy en día, quien quiera consumir algo, lo recibe en su casa a través de un delivery”.

Pablo Espoz, siquiatra infanto-juvenil de la Clínica Dávila, dice que “yo no lo asociaría tanto al tema del feminismo o la lucha por la igualdad, sino que tiene que ver más con patrones culturales. En general, los chilenos están consumiendo más drogas, por lo que es esperable que los escolares también lo hagan. Hay que ver más allá y fijarse en los problemas que tienen las mujeres, que muchas veces son maltratadas o vulneradas, lo que es siempre un patrón que conduce a esto”.

Marcelo Sánchez, gerente general de la Fundación San Carlos de Maipo, tiene entre sus funciones la rehabilitación de mujeres frente al consumo de estupefacientes. Y en su experiencia, la dependencia en mujeres es mucho más problemática, ya que “ellas cargan con todo el peso de la familia, muchas veces deben hacerse cargo desde muy chicas y se ven enfrentadas a situaciones anormales para los niños. Eso las lleva a buscar no sentir, a querer olvidar o experimentar otras sensaciones, por lo que sus consumos, además, son más complejos, porque son menos sociales, pues cargan con otro tipo de problemas que no tienen los varones”.

Sucy Muñoz, directora del programa para mujeres de Quilicura, también apunta a la familia. “Hay un abandono de los padres a los hijos, pues en muchos hogares los padres se enfocan demasiado en el trabajo, pero no se preocupan de entregar los valores de prevención a sus hijos. Eso, sin mencionar a los niños que sufren abusos de todos los tipos en sus hogares, lo que claramente influye en los patrones de consumo”, asegura.

Según los profesionales consultados, si no se hace algo pronto, este problema seguirá creciendo. Y está exponiendo a las mujeres por varias razones. “El patrón de consumo ha hecho que muchas mujeres tengan comportamientos análogos a los hombres y eso ha hecho que ellas se sometan a muchos más riesgos, que antes no se atrevían a enfrentar”, dice Sánchez, de la Fundación San Carlos de Maipo.

Es por eso que el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol viene trabajando en el problema. Y aunque durante el año pasado no pudieron abordar en plenitud la prevención del consumo de drogas entre los escolares, sí consiguieron profundizar en la ayuda hacia las mujeres.

Porque hasta 2019, las regiones de Arica, Tarapacá, Ñuble, La Araucanía, Los Lagos, Aysén y Magallanes no contaban con centros femeninos de tratamiento y rehabilitación, algo que este año, finalmente, se consiguió.

“Teníamos programas específicos para mujeres, pero en siete regiones no teníamos. Desde hace un año y medio nos dedicamos a dar cobertura nacional. Con ellas el tratamiento es más difícil, pues no consiguen acercarse a los centros o lo hacen solas, desamparadas y con vergüenza personal y social”, cuenta Charme.

Y ellas lo agradecen. Como Rosa, que sueña con ser profesional, varias compañeras también trabajan para retomar sus vidas.

“Estuve en programas mixtos, donde era la única mujer. Era incómodo, porque al mismo tiempo que me rehabilitaba, mis compañeros hombres me invitaban a salir”, cuenta Patricia Montecinos Pavié (41), que trata un problema de adicción a la cocaína.

“Aquí nos tratan muy bien, yo bromeo con que no voy a salir más, porque de verdad estoy contenida y entendiendo el daño que me hacía”, confiesa Perla Díaz Vásquez (33), otra beneficiaria.

En total, son cerca de 500 los centros que Senda ha dispuesto por ahora para tratar los distintos problemas de adicción. Una cifra importante, pero que aún parece no bastar, sobre todo pensando en que los más chicos están consumiendo más. Y es allí donde pondrán el foco.

“Estamos apoyando con prevención en muchas escuelas, pero sabemos que no alcanza. Creemos que al menos con estos esfuerzos conseguiremos fijar las políticas para que en 2030 este problema esté más resuelto”, concluye Charme.

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