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Lluvias extremas y cerca de 1.100 rayos registrados en pleno verano: las razones tras la sorpresiva tormenta sobre la RM

La inusual tormenta eléctrica sorprendió a Santiago, con lluvias intensas y efectos contraintuitivos para estar transitando de enero a febrero. Expertos explican que se debió a un fenómeno que podría repetirse con más frecuencia en el futuro.

El satélite GOES-19 permitió cuantificar con alta precisión los rayos asociados a la tormenta. Tendencias / La Tercera

La tarde del sábado, Santiago vivió un fenómeno poco habitual para el verano: una tormenta eléctrica intensa, con precipitaciones concentradas en cortos períodos de tiempo, gran actividad de rayos y efectos desiguales según el sector de la ciudad. Mientras comunas como Maipú registraron inundaciones y colapsos puntuales, otras zonas apenas percibieron el evento. La explicación está en una combinación específica de factores atmosféricos, cuyo principal detonante fue una baja segregada, sumada a un inusualmente alto contenido de humedad y a condiciones de fuerte inestabilidad en la atmósfera. Si bien se contabilizaron 17 milímetro de agua caída, esto ocurrió en tan solo 20 minutos, lo que explica la intensidad de la tormenta vivida en la capital.

Según indica Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago, estos sistemas son “uno de los fenómenos más difíciles para los meteorólogos”, precisamente porque generan una gran variabilidad espacial. “Puedes tener zonas donde llueve muy intensamente, otras donde prácticamente no cae nada y, a pocos kilómetros, incluso sol”, señala. Esa característica explica por qué el evento impactó con fuerza en sectores específicos del poniente y oriente de la capital, mientras estaciones históricas, como la de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) en Quinta Normal, registraron apenas unos milímetros de agua.

El elemento central, dicho está, fue la presencia de una baja segregada, también conocida como “gota fría” o DANA, como es llamada en España. Se trata de un núcleo de aire frío en niveles altos de la atmósfera que queda aislado de la circulación general. “Lo que produce la baja segregada es ascenso del aire”, detalla Cordero. “Y para que llueva se necesitan dos ingredientes básicos: humedad y ascenso. Aquí se dieron ambos”.

Tormenta eléctrica Tendencias / La Tercera

A diferencia de los sistemas frontales de invierno, en los que el ascenso es más ordenado y extenso, las bajas segregadas generan condiciones muy inestables. En este caso, el aire cálido y menos denso presente cerca de la superficie chocó con aire frío en altura, favoreciendo movimientos verticales intensos. “Eso es convección, como cuando calientas una olla desde abajo: el aire sube de manera violenta y localizada”, explica el climatólogo.

El segundo ingrediente clave fue la humedad. Durante los días previos al evento, Santiago experimentó un ambiente más “pesado” de lo normal para el verano. René Garreaud, subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), señala que el contenido de vapor de agua estuvo muy por encima de los valores típicos estivales. “El océano frente a nuestras costas está relativamente cálido, lo que aporta más humedad desde el Pacífico, y además la circulación asociada a la baja segregada arrastró aire desde el sector argentino”, indica.

Ese exceso de vapor actuó como combustible para desatar la tormenta. “Muchas veces estas bajas ocurren y apenas producen precipitación, porque les falta humedad. En este caso, la combinación fue especialmente propicia”, agrega Garreaud. El resultado fueron tormentas convectivas, dominadas por nubes cumulonimbus, más asociadas al verano y a regiones tropicales, capaces de descargar grandes volúmenes de agua en muy poco tiempo.

Más de mil rayos

Uno de los rasgos más llamativos del episodio fue la intensa actividad eléctrica. El satélite GOES-19, de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA), permitió cuantificar con alta precisión los rayos asociados a la tormenta. “Entre las 6 y las 8 de la tarde del sábado se contabilizaron alrededor de 1.100 rayos sobre la Región Metropolitana”, detalla el académico del CR2.

Rayos durante la tormenta en la Región Metropolitana. Los colores indican la hora estimada en que cayeron.

La distribución fue muy desigual: cerca de 600 rayos se concentraron en el llamado “núcleo Maipú”, mientras que unos 200 cayeron sobre el sector de Las Condes, y aproximadamente 300, en los cerros al sur de El Paico. “La actividad eléctrica nos indica la ocurrencia de convección, que muchas veces -aunque no siempre- va de la mano con granizo y chubascos intensos”, explica Garreaud, subrayando además la importancia de estos sensores satelitales en un país que aún no cuenta con una red de radares meteorológicos.

Pese a los impactos locales, el evento no contó con una alerta temprana de mayor nivel. Para Cordero, esto no implica necesariamente un error, sino que refleja la complejidad del fenómeno. “Las bajas segregadas son un verdadero desafío. Sabes que hay inestabilidad y riesgo de precipitaciones, pero no puedes determinar con precisión dónde ni cuán intensas serán hasta que ocurren”, afirma. Casos similares se han registrado en países con servicios meteorológicos avanzados, como España, donde estas danas han provocado incluso desastres mayores con cientos de fallecidos.

DANA, el peligroso fenómeno que afectó a España. Foto: AP.

Aunque eventos de este tipo no son completamente nuevos, ha habido situaciones similares en 2018 y 2021. Pese a eso, los especialistas coinciden en que hay señales preocupantes. Según Cordero, las estadísticas de la Dirección Meteorológica de Chile muestran que el número de días con estos fenómenos en la zona central ha aumentado cerca de un 20% en las últimas décadas. “Eso incrementa las probabilidades de que alguna de ellas termine afectando directamente a la ciudad”, advierte.

Garreaud añade que, si bien no hay evidencia concluyente de que el cambio climático aumente la frecuencia de estos sistemas, sí está claro que un clima más cálido implica una atmósfera capaz de retener más humedad. “Eso abre la puerta a precipitaciones más intensas cuando se dan las condiciones de inestabilidad”, señala.

En ese contexto, la tormenta del sábado no debe entenderse como un hecho aislado. “Ya ocurrió, ha pasado antes y va a volver a pasar”, concluye Cordero. “No sabemos cuándo, pero en un escenario de mayor humedad y veranos más extremos, este tipo de eventos representa un riesgo que la ciudad debe considerar”.

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