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“Mi cáncer, mi palabra”: el concurso que reúne emotivos relatos sobre la enfermedad

En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, el Cecan y el Foro del Cáncer premiarán relatos escritos desde distintas miradas -adultos, niños y cuidadores- que ponen el foco en las experiencias más allá del diagnóstico.

Me dicen guerrera por estar enfrentando un cáncer. Pero no lo he sentido como una guerra, más bien como una oscilación entre resistencia y rendición, como cuando te sumerges en el mar y comprendes que, a veces, basta con dejarse llevar para que la corriente te devuelva a la orilla”.

Así comienza el relato de Mireya Espinoza, ganadora en la categoría adultos del concurso “Mi cáncer, mi palabra”, organizado por el Centro para la Prevención y el Control del Cáncer (Cecan) y el Foro del Cáncer.

La premiación se realizará este miércoles 4 de febrero, en el marco del Día Mundial contra el Cáncer. El certamen reunió textos que abordan experiencias de vida, cuidado, resiliencia y esperanza en torno a la enfermedad. En su relato, Mireya narra su experiencia con el cáncer de ovario en su texto La señal de los espejos o cómo enviar destellos de amor.

La ingeniera informática, hoy de 54 años, se enteró de su diagnóstico solo unos días antes de cumplir 52. Tenía programado un examen ginecológico y luego un viaje de trabajo a Santiago. Pero ese resultado marcó un punto de inflexión: el diagnóstico inmediato y la agenda de ese día cambió por completo. “No volví a trabajar en un año”, cuenta a La Tercera.

A más de dos años de ese momento, tras una cirugía y quimioterapia, el cáncer de Mireya se encuentra bajo control.

“Somos frágiles y no está mal mostrar la fragilidad. Más aún al enfrentar una enfermedad que hoy la ciencia no tiene resuelta, que no puede asegurarnos que vamos a salir bien ni cómo vamos a salir. Tampoco se habla mucho de quienes sobrevivimos, o de quienes estamos sin cáncer, ni de los efectos secundarios de la quimioterapia”, concluye.

“Sensible victoria”

Constanza Gálvez (18) narra, desde su propia mirada, el cáncer de su madre, diagnosticada con cáncer de mama a fines de febrero de 2023.

Cuando la vi con su cabecita rapada todo se volvió aún más real. Ya no era una posibilidad remota, sino una pesadilla de la cual no podía despertar. El imponente cambio se impregnó en su vida y, consecuentemente, en la mía”, cuenta la joven estudiante en el relato titulado Sensible victoria.

En el texto, Constanza ahonda en los cambios físicos que experimentó su madre y en cómo, de a poco, el cáncer se fue haciendo más visible. Pero lo que más destaca del relato es el proceso vivido como acompañante. Hoy, a dos años de conocer el diagnóstico, la hija cuenta que también observa algunos cambios positivos.

“Es algo que nos ha abierto mucho en la vida, al menos en mi caso, porque mi mamá después se ha involucrado bastante. Ha ido a varios talleres, a varias charlas, y de repente el cáncer es malo en sí, pero puede abrir otras puertas. Claro, uno sale victorioso y todo eso y se abren varios caminos distintos que seguir, que también son igual de empoderadores”, detalla.

Y añade: “Me contaba mi abuelita, la mamá de mi mamá, que leyó el texto y se emocionó bastante con él porque había logrado capturar lo que ella misma había vivido con su mamá, mi bisabuela. El cáncer, que es algo que nadie debería vivir, también abre puertas, te da la oportunidad de conectar”.

“Esperanza en el desierto”

Nadie te prepara para ser médico y familiar a la vez. Para enfrentar a tu familia y decirles que alguien que aman tiene cáncer y morirá. Tampoco a contener las lágrimas mientras respondes preguntas que te parten el alma”, relata Romina Rojas, ganadora del tercer lugar en la categoría de cuidadores.

Su cuento, Esperanza en el desierto, relata cómo desde su mirada de especialista en formación para ser oncóloga enfrentó el diagnóstico de su tío. El texto también deja plasmado su deseo de volver a Antofagasta, la ciudad donde nació y se crió con una misión: enfrentar el déficit de especialistas en la zona.

“Siempre he querido volver acá. Tengo a mi familia acá y es una zona donde hay demasiados desafíos por delante, desafíos que estoy dispuesta a asumir para tratar de cambiar un poco la historia del cáncer en la región. La idea es poder crear equipo, que se sume más gente que quiera venir a devolver a la región”, afirma la especialista.

Además, dice que la suya “es una carrera tan humana y que requiere tanto amor y dedicación, que muchas veces la gente no se imagina qué pasa con nosotros después. Al final, somos parte de muchas vidas de pacientes que nos toca recibir, intentar hacer algo por ellos y, en algunos casos, lo logramos y en otros no. Eso muchas veces se traduce en pena y dolor para nosotros, pero tenemos que seguir adelante también”.

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