Por Carlos MontesRío Mapocho, Canal San Carlos y Parque Víctor Jara: la infraestructura que ahora sí resistió a las lluvias en la capital
Luego del temporal más intenso en Santiago en más de 20 años, expertos y autoridades concuerdan en que un mayor trabajo de prevención fue clave para que la capital aprobara con nota azul el paso de las lluvias, muy distinto a otros inviernos.

Con cada lluvia la Región Metropolitana se había acostumbrado a ver inundaciones, desbordes de canales y sectores seriamente afectados.
Determinadas infraestructuras, como construcciones asociadas a cursos de agua, con la lluvia se ponen a prueba, ya que en muchas oportunidades colapsan, generando un verdadero caos.
Existen algunos eventos históricos en la materia. Por ejemplo, uno de los temporales que quedó en la retina de todos, sobre todo por la caída del Austin Mini, fue el ocurrido en el río Mapocho en 1982. Luego en 2016 el río volvió a subir considerablemente su caudal, trayendo a la memoria lo ocurrido en los 80.
También el Canal San Carlos, San Ramón, Las Perdices y Zanjón de la Aguada tienen antecedentes importantes en la materia. Este último en particular, registró un aluvión en mayo de 1993, evento que incluso significó el fallecimiento de algunas personas.
En la RM también hay un grupo de pasos bajo nivel que, históricamente, han presentado problemas de anegamiento cada vez que las lluvias son intensas. Algunos de ellos han mejorado con diversas obras, pero siguen siendo monitoreados. Entre ellos se cuenta el de Departamental con Gran Avenida en San Miguel; el de cruce Lo Ovalle (Clotario Blest con Callejón Lo Ovalle en Lo Espejo); el de Antofagasta con Exposición (Estación Central); el de Maipú con Carlos Valdovinos (Pedro Aguirre Cerda); el de Paso Lo Espejo entre General Velásquez y Ruta 5; o los de Avenida O’Higgins y Avenida Colón en San Bernardo.
Y más recientemente, la autopista AVO 1 hace poco era noticia por los constantes anegamientos apenas habiendo sido inaugurada.
Pero algo cambió en el reciente temporal: la capital aprobó con nota azul y sus diversas autoridades así lo hicieron ver. Estructuras viales que en otras épocas habían sido negativamente noticia, esta vez se comportaron de manera correcta ante la inclemencia de la naturaleza. Es cierto que sí hubo problemas, pero en mucho menor cantidad que en otras ocasiones.
Hernán de Solminihac, exministro de Obras Públicas en Piñera I, señala justamente que una de las principales conclusiones que deja este evento es que una parte importante de la infraestructura crítica de Santiago respondió adecuadamente.
“El río Mapocho, las defensas fluviales, el Canal San Carlos y gran parte de la red primaria de aguas lluvias permitieron conducir caudales muy importantes sin provocar daños generalizados. También destacaron autopistas urbanas, puentes y colectores principales", asevera.
Y agrega: “Casos como el sistema Mapocho–Canal San Carlos muestran además la importancia del monitoreo permanente, la limpieza preventiva y la coordinación de las instituciones. A ello se suma el buen desempeño del Parque Inundable Víctor Jara, que durante este sistema frontal cumplió su función de diseño al controlar las crecidas del Zanjón de la Aguada, contribuyendo a disminuir el riesgo de inundaciones y de sobrecarga del sistema de drenaje en los sectores urbanos aledaños”.
En esto, según lo señaló el delegado presidencial Germán Codina en Desde la Redacción de La Tercera, el “éxito” de este primer gran temporal del año se debió a los trabajos previos efectuados en las distintas comunas, citando como ejemplo, lo realizado en Las Condes para contener piedras y otros elementos. “Si no se hubiera hecho este trabajo preventivo estaríamos lamentando viviendas anegadas”, añadió.
Mientras que Claudio Orrego, gobernador de la Región Metropolitana, sostiene que a pesar de lo intenso de las lluvias, “la ciudad resistió bastante bien. Las inversiones que hemos realizado están dando resultados concretos”.
“Desde el Gobierno de Santiago hemos financiado obras de colectores en puntos críticos como Hugo Bravo, en Maipú; Juan Valdés, en Pudahuel; y Barón de Juras Reales, en Conchalí, que permitieron enfrentar de mejor manera este temporal. Esto demuestra que la prevención y la inversión en infraestructura son fundamentales para preparar a Santiago frente a eventos climáticos cada vez más extremos”, agrega Orrego.

Buenos ejemplos
Eduardo Espinoza, docente de la Escuela de Construcción de la Universidad de las Américas, pone sobre la mesa otro ejemplo: las piscinas decantadoras de la Quebrada de Macul. “Esta es una obra que muchas veces pasa desapercibida, pero cumple un rol fundamental para proteger a la ciudad. Se construyó después del aluvión de 1993, cuando quedó demostrado que la quebrada necesitaba una infraestructura capaz de controlar el enorme volumen de agua, barro, rocas y troncos que puede bajar desde la precordillera durante un sistema frontal intenso”.
Hoy ese sistema está formado por siete piscinas decantadoras, con una capacidad cercana a los 70.000 metros cúbicos, equivalente al volumen de 28 piscinas olímpicas, y preparado para conducir caudales del orden de 90.000 litros por segundo.
En ese sentido, Cristián Chadwick, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez y Doctor en Ciencias de la Ingeniería, también destaca el hecho de que no hubo grandes desbordes de canales o ríos, tampoco cortes importantes de aguas potable o electricidad, como ha ocurrido con otros eventos de precipitaciones en la RM.
“Esto se debe a que hubo mucho trabajo preventivo de limpiar canales e infraestructura de aguas lluvias, coordinación de gobierno central con municipalidades, entre otros. En otras palabras, hay una mezcla de mucho trabajo preventivo, con algo de suerte con respecto a que el evento podría haber sido peor“, sostiene.
Por ejemplo, si bien algunos pasos bajo nivel volvieron a mostrar cierta vulnerabilidad -Departamental con Gran Avenida, Lo Ovalle y otros en Lo Espejo y Pedro Aguirre Cerda sí presentaron acumulaciones de agua-, esta vez los problemas fueron mucho menores que los daños provocados en años anteriores y, al mismo tiempo, si se compara con otras regiones. La infraestructura respondió mejor gracias a cierres preventivos y obras de drenaje.

De Solminihac, hoy profesor de Ingeniería UC y presidente del Colegio de Ingenieros, ahonda que “la planificación comienza con estudios hidrológicos e hidráulicos que estiman caudales para distintos períodos de retorno, permitiendo dimensionar puentes, alcantarillas, colectores y canales. Hoy se utilizan modelos computacionales avanzados para simular inundaciones, velocidades de flujo, erosión y socavación, incorporando topografía de alta precisión y otros datos”.
“Aquí hay una enseñanza importante. En infraestructura no siempre la solución pasa por construir obras cada vez más grandes o incorporar más tecnología. Muchas veces la diferencia la hace una buena planificación y una mantención constante. Una obra bien diseñada, pero abandonada, termina perdiendo su capacidad. En cambio, una infraestructura que se inspecciona, se limpia y se conserva de forma periódica puede seguir funcionando correctamente durante décadas”, se extiende Eduardo Espinoza sobre los aprendizajes de este exitoso test.
Actualmente existen protocolos y leyes que obligan a las constructoras a analizar de cierta manera las condiciones propias de la naturaleza. Precisamente, el académico de la UDLA considera que esa es una de las fortalezas que tiene la ingeniería chilena. “Antes de construir cualquier obra importante no basta con diseñarla; el proyecto debe cumplir una serie de leyes, reglamentos, normas técnicas y, cuando corresponde, procesos de evaluación ambiental que obligan a estudiar las características del lugar donde se emplazará”, asevera.
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