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Sabina Alkire: “No hay una correlación significativa entre el crecimiento económico y la reducción de la pobreza multidimensional”

La académica de la Universidad de Oxford y cocreadora del Índice de Pobreza Multidimensional dice que no ha encontrado recetas infalibles para combatir las privaciones materiales y la escasez. Conoce casos exitosos en gobiernos de derecha e izquierda y, asegura, aunque entregar transferencias monetarias a población vulnerable puede resultar adictivo, en el largo plazo no resulta sostenible.

02/09/2026 - Sabina Alkire. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

La forma de entender la pobreza cambió gracias a Sabina Alkire. La economista y académica de la Universidad de Oxford, nacida en Alemania hace 57 años, fue, junto al economista James Foster, la creadora del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) en 2010: una medición estadística que propone evaluar la pobreza no sólo por los ingresos de las personas, sino que también por las privaciones que sufren en aspectos de su vida diaria, como la educación, la salud y la vivienda.

Ese enfoque, hace 10 años, comenzó a ser utilizado en la encuesta Casen. Esta semana, invitada por la Escuela de Gobierno UC y el Instituto de Éticas Aplicadas de la misma universidad, regresó al país y reflexionó sobre la experiencia chilena con este enfoque:

“Creo que, aunque en Chile la medición no es del Instituto Nacional de Estadísticas, sino del Ministerio de Desarrollo Social, hay un respeto para las cifras. Hay una transparencia en cómo las calculan, cómo las justifican y también hay desagregaciones con información. Entonces, creo que técnicamente ha sido muy sólido”.

Al medir la pobreza no solo por ingresos, sino que por carencias como acceso a salud, vivienda, educación, el diagnóstico se vuelve más complejo. ¿Significa esto que la pobreza multidimensional es más difícil y lenta de combatir?

No, al revés. Vamos a publicar un estudio internacional el 14 de octubre, comparando las tendencias de pobreza monetaria y pobreza multidimensional en 108 países, usando números comparables y también las mediciones nacionales de pobreza monetaria y multidimensional en 61 países. Y lo interesante es que en los países donde sólo un tipo de pobreza se reduce, en el 75% de los casos es el IPM y no la pobreza monetaria. Creo que la ventaja del IPM es que es muy tangible. Los países pueden saber cuál es la población con diferentes carencias, y si se resuelve alguna de esas carencias, el IPM disminuye.

En Chile tenemos 9,5% de desempleo. Cuando el mercado formal deja de generar puestos de trabajo suficientes para absorber la fuerza laboral, ¿qué puede hacer el Estado antes de que la pobreza multidimensional empiece a subir?

Lo primero es tener un intercambio con el mundo empresarial, para ver cuáles son sus necesidades, las tendencias y las proyecciones, para saber si esto es algo que se va a resolver dentro de un año o si es algo más permanente. Otra es pensar en actividades que son útiles para las personas que en este momento no tienen empleo y son factibles en términos del presupuesto. Por ejemplo, en algunos países, si uno está cuidando un anciano, puede recibir algo. No tanto como un sueldo, pero sí un bono. Esta mirada tiene implicancias para el presupuesto, pero hay maneras de manejarlo. Lo que hay que prevenir es la incivilidad política y que la gente que sale de la fuerza laboral no quiera regresar. Porque en muchos países lo que pasa cuando hay más desempleo es que se genera una cultura de apatía y también de problemas sociales.

¿Cree que la inteligencia artificial se ha convertido en un motor de una nueva pobreza multidimensional?

Aún no, pero es una posibilidad muy grande. Es cierto que la IA puede hacer desaparecer los empleos de la gente pobre de hoy, pero también tiene la potencialidad de destruir los trabajos de gente que hoy no es pobre, gente que hoy tiene trabajo, un cierto nivel de educación, pero que podría caer en la pobreza porque la IA termine con su puesto laboral.

¿Qué pueden hacer los gobiernos?

Hay diferentes maneras de enfrentarlo. Una es dar un ingreso básico financiado a través de impuestos a negocios que surjan a partir de la IA. Eso ayudaría a seguir resolviendo las carencias de la población. Otra es subsidiar a algunos grupos, especialmente en áreas rurales, que sepan de agricultura o del cuidado de bosques. Porque si un día las redes de computadoras se cae, vamos a necesitar que existan comunidades con conocimientos sobre estas industrias más naturales.

Según la Cámara Chilena de la Construcción, en los sectores medios y profesionales, el allegamiento por incapacidad financiera llega a un 7%. En general, son jóvenes profesionales universitarios que, a pesar de haber tenido un título y tener un trabajo estable, no pueden pagar un arriendo. ¿Cree que el índice de pobreza multidimensional debería empezar a ponderar de formas distintas la importancia de la vivienda?

Hay una línea de pensamiento que dice que todas las familias deben poder tener su propia casa. En ese caso, hay que invertir en construcción. Otros dicen que, claro, es complejo que haya un déficit de viviendas a precios pagables, pero podría generar un beneficio: cuando las familias viven juntas en una casa, el cuidado de los niños deja de ser una preocupación principal. También existe el escenario opuesto. Por ejemplo, en Tailandia, el 46% de los hogares están compuestos por una sola persona. En ese tipo de lugares, el problema es la soledad. Es una conversación donde hay preguntas, pero no respuestas.

En base a su experiencia, ¿existe un tipo de gobierno que lidie mejor con la pobreza y logre acortar las brechas de una manera más sostenible?

En realidad, no. Hemos trabajado con gobiernos de derecha, de izquierda, incluso con gobiernos que no son democracias, y en todos hemos visto buenos resultados. Según nuestra experiencia, la más importante es el compromiso.

¿La prioridad que le den a la pobreza en su agenda?

Sí. Lo hemos hablado en el Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI). Nosotros tenemos la voluntad de trabajar con cualquier gobierno, si es que tiene un interés en reducir la pobreza, no hay indicios de corrupción y que incorporar el IPM sea una política de Estado y no del gobierno de turno. Así hemos construido una red de 67 países.

De esa red, ¿cuál ha sido el caso más exitoso?

Depende de cómo quieras medirlo. Por ejemplo, según el IPM de la India, en 15 años, 415 millones de personas salieron de la pobreza. Eso no es posible en Chile, porque no hay tanta gente. Entonces no se pueden comparar. En China también: 90 millones de personas salieron de la pobreza entre 2012 y 2020. Otros países han tenido una reducción muy rápida. Por ejemplo, Sierra Leona. Durante la pandemia del ébola, entre 2013 y 2017, registraron la reducción más rápida que hayamos visto en un país.

El Presidente Kast dijo que la pobreza había disminuido, como mostró la encuesta Casen, debido a subsidios. O sea, de una manera artificial. ¿Es legítimo considerar que una familia salió de la pobreza si ese salto depende de un subsidio estatal?

Es algo muy corriente en muchos países. Hubo una época en que se impuso focalizar las ayudas monetarias en los hogares más pobres, haciéndoles transferencias para que tuvieran el ingreso necesario para salir de la pobreza, pero sin aumentar su productividad. Es una medida adictiva, porque es fácil para los gobiernos, a la gente le gusta, pero no es sostenible. Muchos gobiernos que antes lo hicieron ahora se están dando cuenta de que sin ellos no pueden sacar a esas familias de la pobreza sin esas transferencias.

¿Qué se hace, entonces?

Ajustarse, creo. Hay personas que tienen discapacidades, que son ancianos, que van a necesitar esas transferencias siempre. Pero no es la realidad de todos. Entiendo que es un dolor para la sociedad cortar los subsidios y políticamente es muy difícil. Porque, además, normalmente aumenta la pobreza inmediatamente. Pero si existe otra manera de hacer una reducción de la pobreza de forma sostenible, que también beneficie de una manera intrínseca a la gente pobre, creo que es mejor.

Este gobierno también se instaló prometiendo crecimiento económico y austeridad. ¿Es suficiente el crecimiento económico para mover la aguja de la pobreza multinacional?

Absolutamente no. En los casos internacionales que hemos estudiado, no hay una correlación significativa entre el crecimiento económico y la reducción de la pobreza multidimensional.

¿Por qué?

Porque muchas veces también depende de la asignación de recursos, del nivel de recursos, de la eficiencia de las instituciones públicas, y también, en algunos países, de las ONG o el sector privado, cuando es muy influyente en la política social. En todos es diferente, pero en ninguno hay una correlación fuerte. Para muchos es una sorpresa, porque uno piensa que el crecimiento económico mejora todo.

¿Se puede disminuir la pobreza multidimensional sin crecimiento económico?

Sí.

¿Cómo?

Te doy el ejemplo de Costa Rica. En el gobierno de Luis Guillermo Solís (2014-2018) hubo una política de austeridad. Ellos miraron cada uno de los indicadores que tenían en su IPM y los recursos que tenían asignados para ellos. Encontraron que había indicadores, como el de desarrollo educativo, donde no había ninguna inversión del gobierno. En otros, en cambio, había duplicación de recursos. En las regiones más pobres tenían menos inversión per cápita que en las que tenían menos pobreza. Entonces, el gobierno reasignó recursos según el IPM y sacó un decreto presidencial para corregirlo. Eso fue en 2015. Desde 2016 se ha acelerado su reducción de la pobreza, pero sin aumentar el presupuesto y sin un gran crecimiento económico.

Si tuviera que sentarse hoy día con el equipo económico del gobierno de Chile, ¿qué consejo le daría?

Que miren el IPM, no solamente la incidencia y la pobreza. Porque el IPM también va con todos estos detalles sobre la composición de la pobreza. Por ejemplo: si hay un grupo de personas con una cierta carencia que no les permite salir de la pobreza, aunque su situación con los años haya mejorado y hoy sea menos pobre, el IPM va a mostrarlo. Es una herramienta mucho más sensible, porque el IPM te entrega un número que es el producto de la incidencia de la pobreza multiplicado por lo que llamamos intensidad, que es el promedio de carencias que tiene una persona pobre. Ese índice le da un objetivo al país. Y este gobierno, según entiendo, tiene interés en eficiencia. Yo estoy muy a favor de esto. Entonces, pueden usar el IPM para que el trabajo de reducir la pobreza sea más eficiente. Los datos existen en Chile. Entonces, si ellos los miran y los usan, creo que sería muy útil. Les daría una ruta en base a evidencia científica para reducir la pobreza con precisión y medir su éxito cada dos años.

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