El último grito de Pamela: la historia de un femicidio que nadie logró evitar

Soraya Pamela Sepúlveda se separó de su marido antes de un año de casados, víctima de constantes maltratos. Denunció de inmediato amenazas y violencia intrafamiliar, y se cambió de ciudad. Su entorno sabía del caso. Logró asistencia judicial e incluso el alcalde de Penco estaba al tanto de la situación. Todos concuerdan en que ella actuó rápido, pidió ayuda y fue escuchada por los organismos públicos y judiciales que le otorgaron medidas de protección. Entonces, ¿por qué la mataron?


“Nunca regreses con la persona que te lastimó”.

“Quien te quiere no te hace cosas que te lastiman”.

“Sé feliz, nunca sabes cuánto tiempo te queda”.

El muro de Facebook de Soraya Pamela Sepúlveda (29), conocida como Pamela por sus amigos, es hoy una constatación detenida en el tiempo. Sus mensajes no lo dicen, pero sus cercanos siempre supieron el motivo y el nombre detrás de esos pensamientos. La justicia, también. Pamela no denunció una, sino dos veces a su ex marido, Luis Gutiérrez (68), por violencia intrafamiliar. El Tribunal de Familia actuó con celeridad y le puso medidas de protección. La justicia buscó a su ex pareja por todo Chile hasta que lo localizó para citarlo a una audiencia. Carabineros patrullaba su casa. Y hasta el alcalde de Penco, Víctor Hugo Figueroa, sabía del caso de Pamela, una joven jefa de hogar que soñaba con tener su casa propia y que para lograrlo pedía ayuda al municipio constantemente a través de redes sociales.

Gutiérrez estaba citado el miércoles 13 de julio al Tribunal de Familia de Concepción. La Fiscalía pediría una pena de 300 días más la prohibición de acercarse a Pamela durante un año.

Ninguno de los dos llegó a la cita.

La tarde del lunes 11, Gutiérrez asesinó a Pamela de dos balazos en el tórax. Tras merodear durante horas por la Galería Caracol de Concepción, donde está ubicada la peluquería en la que ella trabajaba como esteticista, el hombre entró el local, sacó un arma y les disparó a ella y a una compañera, quien logró salir con vida. Luego se suicidó.

Un final que, hoy, a su entorno le parece predecible y casi inevitable. Pero que, pese a todas las alertas de Pamela, nadie fue capaz de impedir.

***

-Éste no es el típico caso de femicidio.

Al teléfono, el alcalde de Penco, Víctor Hugo Figueroa, se escucha con la profunda tristeza de la resignación incómoda. Una muerte de un vecino siempre es una tragedia, pero el asesinato de Pamela lo marcó aún más. Desde 2013, ambos se comunicaban por Facebook, porque ella le escribía para pedirle ayudas sociales.

-Yo diría que los mensajes que publicaba mostraban el sufrimiento que vivía y daban luces sobre cómo esto podía terminar.

Como su amigo en esa plataforma, la noche tras el femicidio el edil de Penco se desveló revisando las publicaciones donde la esteticista gritaba, a quien quisiera oírlo, su temor.

-No es el caso del femicidio donde nunca nadie supo qué le pasaba a la mujer. Se tomaron las medidas cautelares. Hubo audiencias. Y si el tipo no se presentaba el 13 de junio iba a ser detenido-, relata Figueroa, repasando todos los pasos que cubrió Pamela antes de su asesinato.

Es el mismo relato que se repite en amigos y cercanos. Ése que, por más que busca explicaciones, no entiende cómo ella terminó muerta pese a, en teoría, hacer todo aquello que la ley le permite para poner distancia de su agresor.

A diferencia del habitual patrón de mujeres que soportan hasta décadas antes de denunciar a sus parejas o maridos por los abusos sufridos, Pamela Sepúlveda no dejó pasar ni siquiera un año. Tras casarse el 10 de abril de 2015 con Gutiérrez, se separaría antes de 12 meses. En enero de 2016, además, interpuso su primera denuncia por violencia intrafamiliar.

En el que debía ser su primer aniversario de matrimonio, el 11 de abril de 2016, un posteo en su Facebook no dejaba espacio a dudas.

“Hace un año cometí el error más grande de mi vida”.

***

-¡Suéltame! ¡Déjame tranquila! ¡Yo no tengo nada que hablar contigo!

Romina Hidalgo- íntima amiga de Pamela y su vecina de toda la vida en la villa Jazmín de Penco- tiene el recuerdo a flor de piel: los gritos, el miedo y la figura de Gutiérrez siguiendolas por las calles Concepción. Las palabras, eso sí, no son de ella. Eran los reclamos de su vecina a ese hombre que la agarraba fuertemente del brazo pasadas las 22 horas a pocos metros de su lugar de trabajo de ese entonces, el Spa Neptuno, tras acecharla durante toda la tarde. Era mayo de 2017, más de un año tras su separación, pero Luis Gutiérrez no aceptaba la distancia, más allá de cualquier orden judicial.

Las escenas y sensaciones en la mente de Romina pasan rápido. El miedo. La caminata veloz junto a Pamela tras lograr zafarse de ese hombre al que llamaban El Viejo. La decisión de ambas de subirse a cualquier micro para arrancar. El momento en que se percataron que su camioneta las venía siguiendo. Otra corrida, esta vez para hacer parar el bus y hacer un trasbordo apresurado a otro recorrido que iba a sus casas. La llegada a la Villa Jazmín de Penco y el llamado del padre de su amiga a Carabineros.

En ese punto, las amenazas y los episodios así eran recurrentes. Si en enero de 2016 la primera acción interpuesta por Pamela ante la Fiscalía Local de Concepción había sido por una amenaza telefónica de Gutiérrez –quien llamó a la casa donde vivía la mujer con su hijo pequeño-, la segunda, de noviembre de ese año, fue por maltrato habitual.

En las dos ocasiones, la justicia actuó. La primera vez, se le otorgaron medidas de protección, y se le llamó a declarar, pero Pamela desistió. Diez meses después, la esteticista denunció de nuevo y estaba dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias. El Tribunal de Familia de Concepción decretó la prohibición de Gutiérrez de acercarse al domicilio de Pamela.

En paralelo, la mujer recibió asistencia jurídica del Centro de la Mujer de Penco.

Con los antecedentes reunidos, la Fiscalía de Concepción tomó declaraciones y ejerció la acción penal presentando un requerimiento simplificado.Pero, según cuenta el fiscal jefe, Osvaldo Stuardo, la primera audiencia no se realizó en la fecha fijada porque no pudieron dar con el paradero del hombre. “La audiencia se iba a realizar tiempo atrás, y no se pudo efectuar porque el imputado no fue ubicado”, relata.

Los testimonios de los cercanos a Pamela sugieren una explicación. Durante ese tiempo, Gutiérrez habría estado viviendo en Tomé y Punta de Parra, localidades cercanas a Penco, y no en el domicilio de Santiago que tenía como punto de contacto.

Pese a eso, la Fiscalía logró dar con su domicilio en Santiago. Y sellar una fecha para la audiencia: el 13 de junio de 2018.

Dos días antes, Pamela fue víctima de femicidio.

***

-Ella siempre tenía miedo. Yo trabajé con ella hace dos años y el hombre ya la iba a buscar al trabajo.

Esa es la primera frase que dice Tatiana Castro al recordar a Pamela . Al igual que Romina Hidalgo, fue su compañera en el Spa Neptuno, el trabajo al que llegó la esteticista tras devolverse de Santiago a la casa familiar, buscando alejarse de Luis Gutiérrez. Pero los 550 kilómetros que separan a ambas ciudades no fueron distancia suficiente. Pese a que desde 2016 Gutiérrez no podía acercarse a Pamela, siempre se las arreglaba para merodear los lugares que frecuentaba su ex mujer.

Desde el segundo piso del Spa Neptuno, Pamela lloraba de impotencia al ver que una vez más el hombre la acechaba. Los consuelos de sus amigas a veces no eran suficientes.

-La dejaba una semana y luego la volvía a molestar. Ella creía que El Viejo nunca la iba a dejar tranquila-, dice Romina.

A Víctor Hugo Figueroa le cuesta pensar que Pamela pudiera haber hecho algo más para protegerse. El alcalde de Penco relata que, aun cuando no quiso apoyo psicológico, ella se reunió cuatro veces con un abogado del Centro de la Mujer, e incluso éste lo acompañó a tribunales.

-El sistema se activó, operó, se le brindó la asesoría que ella necesitaba-, dice Figueroa.

Marissa Barro, seremi de la Mujer y Equidad de Género del Biobío, comparte esta visión. Si bien resalta que instancias como el apoyo psicológico que no tomó Pamela “ayuda a empoderar a las mujeres y les entrega más herramientas”, está de acuerdo en que es un caso que demuestra que el problema es sumamente grave y profundo.

-Las medidas por sí solas no bastan. Tampoco basta endurecer la ley. El cambio cultural que se requiere en nuestra sociedad es fundamental: debemos visibilizar esto como un problema de la sociedad y no de una mujer individual-, afirma Barro.

Incluso el fiscal jefe de la Fiscalía de Concepción, Octavio Stuardo, reconoce que hoy en día el sistema jurídico actual no tiene todas las herramientas que permitan asegurar la protección de todas las víctimas y testigos. “En este caso puntual, dentro de nuestro ordenamiento jurídico se dispusieron las medidas de protección y las medidas cautelares habituales para estos casos”, dice Stuardo.

El alcalde de Penco tiene una reflexión más. Una que genera escalofríos si se piensa que el resultado final es el de una mujer asesinada. Pero que habla de la precariedad existente en el sistema:

-Dentro de lo que se pudo haber hecho, se hizo todo.

***

Este 2018 podía ser el año de Pamela. Así lo hacía sentir ella. Del Spa Neptuno se había ido a trabajar a una peluquería de la Galería Caracol, uno de los recintos más tradicionales de Concepción.

Y después, al poco tiempo, se asoció con una colega para irse a otra peluquería en el mismo lugar. El nombre irradiaba optimismo: Bella Imagen.

Además a Pamela le quedaba cada vez menos para terminar la construcción de su casa que estaba levantando en un terreno contiguo al de sus padres.

Por eso su amiga Romina Hidalgo había optado por no mencionarle cuando veía a Luis Gutiérrez merodeando por Penco. Su amiga no quería hablar más de él. Parecía que la sombra de El Viejo por fin se desvanecía de su vida.

Los primeros meses de 2018 Pamela y Romina compartieron momentos importantes. La Pame le organizó a su amiga la despedida de soltera -el 12 de mayo pasado- tarde que pasaron riendo y viendo videos en el celular.

Por eso, la primera reacción de Romina cuando escuchó el lunes 11 de junio que había una balacera en la Galería Caracol fue instintiva: escribirle a su amiga para saber si estaba bien, pero pensando que el incidente era un asalto.

La preocupación la invadió al no tener respuesta. Y casi se le detuvo la respiración cuando, al ingresar a Facebook, vio el video del local afectado, la peluquería Bella Imagen, y los comentarios.

-Supe que era la Pamela, porque hablaban de un tipo mayor que había matado a su ex mujer-, recuerda.

Las noticias consignaron que Pamela Sepúlveda fue asesinada a balazos por Luis Gutiérrez luego de que éste permaneciera gran parte de la tarde en la galería esperándola. Su caso engrosaba la seguidilla de cinco femicidios en 36 horas, que desataron nuevamente la conversación nacional sobre cómo crear más seguridad para las mujeres que son víctimas de estos brutales crímenes.

Todo esto en medio de la ola feminista que vive el país y que se manifestaba, hasta hoy, con miles de jóvenes en las calles exigiendo terminar con la violencia de género. Esas mismas jóvenes llegaron indignadas al otro día protestar a la Galería Caracol por la muerte de Pamela: “Pudo ser cualquiera de nosotras”, comentaban.

¿Pero qué se puede hacer cuando una mujer toma todos los resguardos que otorga el sistema y aún así la matan?

– No contamos con una institucionalidad robusta para defender a las mujeres-, dice la seremi Marissa Barro.

Víctor Hugo Figueroa comparte un diagnóstico aún más demoledor.

-Si hoy alguien quiere agarrar una pistola y matar a otra persona, no hay nada que lo impida. Ni en Chile ni en Europa-, dice el alcalde de Penco.

***

Entre la desesperanza, Romina Hidalgo tiene rabia. Esa rabia que se siente cuando las explicaciones no bastan y el dolor por el asesinato de su amiga es todo lo que queda.

-Nadie va a pagar por su muerte porque el tipo se suicidó ¿Por qué la justicia no hizo algo antes? ¿Por qué no detuvieron al hombre después de la primera amenaza que ella denunció?-, dice, apelando a un sistema que no logró proteger a Pamela pese a que hizo lo que debía hacer.

A dos semanas de la muerte de su vecina, no puede evitar el recuerdo de su última conversación larga. El 17 de mayo, Pamela fue a su casa a hacerle la manicure, unos días antes de su matrimonio. Ambas hablaron sobre el futuro.

Ese día, aunque no lo nombró directamente, Pamela volvió a recordar a su agresor. Al hombre que, unas semanas después, le quitaría la vida.

De todo corazón, le dijo a su amiga que esperaba que fuera feliz con la persona que eligió para comenzar su familia.

Y le entregó una frase que hoy suena a un último deseo.

-Me dijo: “Ojalá no tengas la misma suerte que yo”.

Seguir leyendo