Cardenal Ricardo Ezzati: "El Papa viene como pastor, no como político"

Treinta años después de conocer a Juan Pablo II, el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, recibirá al Papa Francisco en enero. Aquí analiza las diferencias entre ambas visitas y se hace cargo de los temas que marcarán el viaje: la demanda de Bolivia, la Araucanía y la agenda valórica del gobierno.

La cruz pectoral que el cardenal Ricardo Ezzati lleva diariamente como arzobispo de Santiago solía ser de Juan Pablo II. Este se la entregó cuando lo nombró obispo de Valdivia, en 1996, unos nueve años después de que ambos se conocieran durante la visita del Papa a Chile, en medio de la efervescencia de los días finales del gobierno militar.

Ezzati, que era provincial de los salesianos en aquella época, guarda dos recuerdos fundamentales de esa visita. El primero data del 1 de abril, en la Catedral de Santiago, cuando vio a Juan Pablo II orar larga y silenciosamente frente a la imagen del Cristo crucificado; el segundo es de su breve estadía del 4 de abril en Punta Arenas, donde se conmemoraban 100 años de la llegada de los primeros misioneros salesianos a Tierra del Fuego. “Me llamó mucho la atención cuando se bajó del avión y el obispo de Punta Arenas me presentó como provincial salesiano; el Papa me echó una talla y dijo: ‘¿Es usted el que manda acá?’. Yo le dije: ‘Santidad, yo no mando nada acá’”, comenta.

Hoy, al menos, Ezzati comanda la arquidiócesis más importante del país y será el principal anfitrión de una nueva visita papal, la de Francisco, el primer latinoamericano en alcanzar la cúspide de la jerarquía eclesiástica, quien estará en Chile entre el 15 y el 18 de enero próximo.

Ambos se conocen desde hace muchos años, como integrantes del Consejo Episcopal Latinoamericano, un organismo de servicio y de coordinación de las Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe. En 2007, Ezzati trabajó bajo el mando del entonces cardenal Jorge Bergoglio en la redacción del texto conclusivo de la Quinta Conferencia de esa organización, celebrada en Aparecida, Brasil.

“El cardenal nos dejó trabajar con mucha libertad y confianza. Me encontré con un obispo discreto y humilde, claro, reflexivo, respetuoso y atento a las personas. Su ministerio lleva el sello de la Iglesia latinoamericana y, gracias a su ministerio de sucesor de Pedro, la experiencia de la Iglesia del continente ha embellecido el rostro de toda la Iglesia Católica”, recuerda Ezzati, quien conversa con Reportajes para analizar las repercusiones que tendrá el viaje de Francisco en diferentes aspectos de la sociedad chilena.

¿Se puede homologar el impacto que tuvo la visita de Juan Pablo II con la de Francisco en enero próximo?
Por supuesto, los tiempos son muy diferentes, la visión de la gente en relación al Papa también ha cambiado. De una imagen más sacra se ha pasado a una imagen más cercana, más humana, con todas las virtudes que tiene y también con las posibles limitaciones. Yo considero que es bueno que haya habido ese cambio. El Papa es una persona humana, que tiene una tarea muy especial y que tiene también una dimensión profética para muchos aspectos de la vida humana. Ha cambiado la cultura del país. Chile es un país mucho más secularizado que hace 30 años, y sin embargo, hay necesidades, hay aspiraciones que son muy semejantes. La aspiración a una vida digna, a una vida social basada en la solidaridad, en la participación, en el respeto de todos los derechos, también está presente hoy día. Y cada Papa, ciertamente, ofrece desde su experiencia, desde su formación, desde su visión del mundo y de la humanidad un aporte que es propio. No podemos esperar que el aporte del Papa Francisco sea el mismo del Papa Juan Pablo II, aunque en los elementos esenciales sea el mismo. Proclamará al mismo Jesucristo, pero lo que ha cambiado aquí son los contextos humanos y, sin duda alguna, yo creo que la cercanía del Papa Francisco a la gente será uno de los elementos que va a caracterizar esta visita.

¿Se puede esperar que esta visita tenga el mismo simbolismo de la de Juan Pablo II, cuando los contextos políticos son tan diferentes? De alguna forma esa visita de 1987, un año antes del plebiscito, estimuló a que mucha gente alzara la voz: tuvo una dimensión política, no fue solamente “pastoral”.
La intencionalidad es siempre pastoral, el Papa viene como pastor, su identidad es ser sucesor de San Pedro, representante de los valores fundamentales del Evangelio, que naturalmente siempre tiene una incidencia en la vida personal, en la vida social y también en la vida política. Y sin duda alguna, cuando el Papa Juan Pablo II estuvo en Chile, en un momento en que muchos le habían desaconsejado que viniera por la situación política que vivía Chile, tuvo una incidencia en varios ámbitos de la vida social y la organización, la construcción de la ciudad, que es la tarea de la política.

¿Por qué es importante la visita del Papa a Chile en este momento, en este nuevo contexto país?
Como el Pastor de la parábola evangélica, el Papa está llamado a guiar el Pueblo de Dios con la sabiduría y la misericordia que le inspira el Maestro. El contexto, al cual usted alude, es una dimensión que no se puede desconocer; más bien, constituye el desafiante punto de partida y la metodología de un acompañamiento personal y comunitario permanente, hecho a la luz del Evangelio. Como buen jesuita, el Papa sabe lo que significa la tarea de discernir. Me asiste la certeza de que su palabra nos ofrecerá criterios evangélicos para el buen camino de Chile, también para las nuevas y cambiantes situaciones de nuestros tiempos. En este sentido, el contexto en el cual vive el pueblo de Chile se convierte en una maravillosa oportunidad para el discernimiento cristiano de su proyecto de futuro.

¿Desde cuándo se está gestando la visita del Papa Francisco a Chile y qué papel ha jugado usted en la planificación de la misma?
Desde el primer encuentro con el nuevo Papa tuve la oportunidad de invitarlo a confirmar la fe de la Iglesia que peregrina en las varias diócesis del país. También el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal le cursó una invitación formal y, finalmente, todo el Episcopado de Chile le manifestó el mismo interés. Siempre su respuesta fue positiva. Había que encontrar el momento favorable. En la visita que le hicimos en febrero de este año le volvimos a manifestar el deseo de tenerlo entre nosotros. Nos dijo que sería en el curso de 2018. Así será, Dios mediante. Debo decir que también las autoridades del gobierno le cursaron una amable invitación a visitar Chile. Así lo hizo, verbalmente, el Presidente Sebastián Piñera, el mismo día del inicio solemne de su pontificado y, posteriormente, en la visita oficial al Vaticano. Lo mismo hicieron también la señora Presidenta, Michelle Bachelet, y el actual gobierno.

¿En qué pie encuentra el Papa a la Iglesia en Chile? Se comenta mucho que hay una baja de fieles y escasez de vocaciones sacerdotales. ¿Podría la visita de Francisco revertir ese escenario?
El fenómeno es complejo y requiere una reflexión responsable, especialmente a la hora de determinar las causas del mismo. Un sano e inteligente realismo permite reconocer que el porcentaje de católicos y de creyentes, en general, ha disminuido significativamente en el país, y esto, especialmente, en el curso de las cuatro últimas décadas (…). Diferentes estudios consignan que el proceso de secularización es un fenómeno presente en la vida social y en la personal, especialmente del mundo occidental. Es suficiente pensar en países como Holanda, Bélgica, España, Alemania, Francia o Italia. Chile no es una excepción a la regla. Otros fenómenos son más locales: entre ellos, sin duda, el horrible mal de abusos de parte de eclesiásticos, que ha escandalizado a muchos y ha alejado de la praxis cristiana a tantas personas, creando un clima de desconfianza y mermando la credibilidad de la Iglesia. La escasez de vocaciones al ministerio presbiteral y a la vida consagrada también ha sido y es un desafío de proporciones. Sin embargo, sería injusto reducir la vida de la Iglesia en Chile a estos solos aspectos. El Papa se encontrará con una Iglesia viva, presente y operante en tantos campos de la misión evangelizadora, que busca salir hacia las nuevas “periferias”, en parroquias y capillas, en colegios, universidades y centros de formación técnica y en miles de iniciativas puestas al servicio de los adultos mayores abandonados, de personas marginadas en las cárceles o excluidas en hogares de menores, de tantos migrantes que acompaña y sostiene.

De la palabra y de los gestos de Francisco esperamos un renovado impulso y sabias orientaciones.

“No podemos esperar que el aporte del Papa Francisco sea igual al de Juan Pablo II. Yo creo que la cercanía de Francisco será uno de los elementos que caracterizará la visita”.

“Los días de permanencia no alcanzan a llenar las expectativas”

Políticamente, los partidos de gobierno han visto la fecha de la visita -enero de 2018- del Papa como un gesto a la administración saliente de Michelle Bachelet, pues podría haber escogido venir después, con un nuevo presidente. ¿Responde realmente la fecha de la visita a estas consideraciones o no tiene nada que ver?
La fecha escogida es una ulterior manifestación del carácter estrictamente pastoral de la visita papal.

¿Estará participando usted de la planificación de su agenda de actividades junto al obispo Fernando Ramos en la Coordinación Nacional de la visita?
La agenda es personal. Al Comité Permanente de los obispos, al obispo coordinador nacional y a los obispos de las diócesis que el Papa visita les corresponde colaborar para el buen fin de la misma.

¿Tuvo usted alguna injerencia en la elección de las ciudades que visitará el Papa?
No. El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal formuló una propuesta que el Santo Padre ha tenido en cuenta. Es evidente que los días de su permanencia en Chile no alcanzan a llenar todas las expectativas.

Respecto de la agenda que se está preparando, usted dice que depende personalmente del Papa, pero no sé si ustedes como Conferencia Episcopal ya tienen claridad respecto de cuáles son las actividades seguras que tendrá en Chile.
Nosotros como Conferencia Episcopal, el Comité Permanente, le hemos propuesto algunas cosas. La comisión que vino también ha visto la posibilidad de estas cosas. Estamos a la espera de un programa más definitivo. Ciertamente, está muy claro que va a visitar dos ciudades, además de Santiago, que son Temuco e Iquique, y naturalmente la actividad mayor la va a realizar en nuestra ciudad. Eso es evidente que va a ser así. Si Dios no dispone otra cosa, tendré el privilegio de acoger al Santo Padre y de acompañarlo en las actividades que programe durante su permanencia en Santiago. Sin duda, habrá una visita oficial al Jefe de Estado, al gobierno, que será un momento significativo de su visita. Como lo ha hecho en otros países, el Papa Francisco testimoniará el alto aprecio de la Iglesia por las personas que hacen de la política y del servicio público una vocación y una misión para el crecimiento solidario de la patria. También habrá una gran celebración de la eucaristía, con la mayor cantidad de gente que se pueda reunir. Cualquier otra actividad, serán el Papa y el consejo en Roma los que deberán discernir. Nosotros estamos dispuestos a acogerlo y a colaborar en toda esta tarea.

Cuando uno escucha “la mayor cantidad de gente”, piensa inmediatamente en el Estadio Nacional, como ocurrió en la visita de Juan Pablo II.
No. Habrá que buscar un lugar adecuado para que la mayor cantidad de gente tenga la oportunidad de escucharlo y de verlo.

De las tres ciudades que visitará Francisco destaca Temuco como capital de La Araucanía, una zona en conflicto. ¿De qué manera puede el Papa contribuir a la paz en la zona? ¿Es plausible una reunión con líderes de comunidades mapuches o, por qué no, una cita también con representantes de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM)?
No me cabe duda: la presencia del Santo Padre en la región puede ser una contribución valiosa a la vida buena de la gente de La Araucanía. Espero que todos acierten a poner el bien de todos por encima de intereses personales o de partes, con fe en la cultura del encuentro y rechazando la espiral del enfrentamiento, lo que implica el reconocimiento y la promoción de los derechos de los pueblos originarios y de todos los que habitan el territorio.

¿Cuán informado está el Papa Francisco respecto de la situación en La Araucanía? Y más allá de llevar un mensaje de paz, ¿cómo puede contribuir?
Tiene un conocimiento genérico de la situación del sur, porque también en Argentina hay una población de la etnia mapuche y la problemática es semejante, o al menos las aspiraciones. Sin duda, habrá tiempo para el obispo de Temuco, que tiene una gran capacidad diplomática. También existe un embajador chileno en el Vaticano -Mariano Fernández- y aquí tenemos al nuncio apostólico que representa a la Santa Sede, así que ese será el canal principal de conocimiento de esta realidad.

¿Está al tanto de la quema de iglesias en la zona?
Lo sabe. Es un tema que hemos conversado de paso, que ha habido incendios. Yo conozco bastante el tema de esa zona, porque fui arzobispo de Concepción, donde está Arauco. Entonces, fui mediador de un conflicto grave entre el gobierno y la población mapuche. Hay signos que se ponen para que la atención esté mayor. Mi juicio sobre la quema de iglesias es bastante benévolo. No lo justifico, pero soy benévolo en analizarlo. Hay mucha necesidad de llamar la atención.

¿Con quién tendría que reunirse el Papa en la zona?
Eso depende de él.

“No sé si es momento de que el Papa dé su opinión de la agenda valórica”

¿Le ha comentado a Francisco sobre las reformas legislativas -aborto en tres causales y matrimonio igualitario- que se estarán debatiendo en Chile durante su visita? ¿Cree que sería oportuno que Francisco diera su opinión al respecto?
El Santo Padre está informado de las reformas legislativas en curso en nuestro país. La diplomacia vaticana, a través del nuncio apostólico, y la chilena, a través de su embajador ante la Santa Sede, es altamente profesional. Personalmente, me da mucha confianza.

Usted ha manifestado permanentemente la postura de la Iglesia respecto de estas reformas valóricas que pretende llevar a cabo el gobierno. ¿Sería tan extraño entonces que lo hiciese el Papa durante su visita? ¿No le daría un mayor alcance a la posición que ustedes defienden?
El pensamiento que los obispos hemos expresado es el pensamiento de la doctrina de la Iglesia, del valor de la vida. En eso estamos muy en comunión con el Papa y el Papa está en comunión con nosotros. Ahora, habrá que ver si pastoralmente es el momento en el cual el Papa debiera hacerlo público de una manera muy especial. Eso dependerá de él. El tiene la libertad de tocar los temas que a él le parezcan más convenientes para el bien del país y el de la Iglesia.

Claro, pero él también puede escucharlos si es que le plantean que este es un tema importante al cual él puede dar más fuerza con sus palabras.
En este tema, solo el Papa sabe lo que va a decir y nosotros somos muy respetuosos de eso. Sabemos que el Papa nos va a confirmar en la fe y estamos con el corazón abierto para acoger su mensaje.

¿No se le puede hacer una sugerencia o “pautear” al Papa? ¿Ni la Iglesia local ni las autoridades de gobierno?
No (ríe), el Papa es muy libre, especialmente Francisco. Es muy libre y lo ha manifestado con mucha claridad.

“No me cabe duda que la presencia del Santo Padre puede ser una contribución valiosa a la gente de la Araucanía. El Papa tiene conocimiento del tema porque en Argentina ocurre algo semejante”.

“Ha habido una sobrevaloración de lo que dijo el Papa en Bolivia”

Justamente, otro de los temas que podría ser controversial y que preocupa al gobierno es la opinión que Francisco ha manifestado respecto de la aspiración marítima de Bolivia y su demanda en La Haya. El ya dijo que se trata de una “aspiración que no es injusta” y el gobierno boliviano lo interpretó como un “apoyo incondicional”. ¿No le parece que esa opinión generará incomodidad durante su visita?
No, a ver: en primer lugar, yo creo que ha habido una sobrevaloración de lo que el Papa dijo en Bolivia. Yo estuve en Bolivia durante la visita del Santo Padre, y lo que dijo el Papa era sobre las aspiraciones. Yo tengo aspiración a ser -supongamos- un buen piloto de avión, pero esa aspiración no tiene futuro. Puedo tener aspiración a ser un músico de excelencia y a lo mejor soy muy desafinado. O sea, yo creo que las aspiraciones son siempre legítimas cuando son aspiraciones buenas. Después intervienen muchísimas otras cosas, como el derecho o la situación histórica, tantísimos elementos que hacen posible o no una aspiración y eso sucede en la vida cotidiana. Yo creo que el Papa en este sentido no va a provocar ningún tipo de problema. Yo se lo he asegurado en varias ocasiones al Ministerio de Relaciones Exteriores, hablando con las autoridades que competen, porque vuelvo a decir: el Papa viene como pastor y no como político.

Pero si se le pregunta nuevamente por este tema, lo más probable es que repita esa opinión.
Yo creo que se ha interpretado de una forma que no es la global.

O sea, usted cree que él no necesariamente tiene una postura favorable a Bolivia en el litigio de La Haya.
No. O sea, me parece que no corresponde pensar que el Papa justamente se está metiendo en esas cosas que no le corresponden como pastor.

“Yo creo que el Papa no va a generar ningún tipo de problema con ese tema (demanda marítima de Bolivia). Se lo he asegurado en varias ocasiones al Ministerio de Relaciones Exteriores y a las autoridades competentes”.

¿Cómo se manejarán las solicitudes de citas de organizaciones civiles con el Papa? ¿Se le permitiría -por ejemplo- una cita a organizaciones que tengan reclamos contra la Iglesia chilena, como “Laicos y Laicas de Osorno”, o a particulares, como el grupo de demandantes del “caso Karadima”? ¿Le parecería bien que el Papa escuche directamente de ellos sus planteamientos?
Hablar y escuchar, con respeto, es siempre bueno y el Papa Francisco lo ha hecho. Que lo haga con los grupos aludidos o con otros no es competencia de la comisión que prepara la visita. Sin duda, hay una enorme cantidad de gente que quisiera tener contacto con él directamente y eso es imposible. Ahora yo no soy quien determina ni el calendario ni la agenda del Santo Padre. El, sin duda alguna, recibirá muchas peticiones y tendrá la tarea de discernir si puede atender alguna o cuáles puede atender.

¿Usted no cree que haya peticiones de organizaciones como estas?
No, puede haber peticiones también de eso y es legítimo que las haya. Ahora, francamente no sé si con todas las actividades que tiene aquí y con el poco tiempo que estará, dé para todas estas peticiones. Será opción de él ver, discernir la oportunidad, la posibilidad de atender a las personas.

¿Y ustedes como Conferencia Episcopal estarían dispuestos a, quizás, facilitar una reunión en caso de que fuera pedida?
Bueno, vuelvo a decirlo: eso depende del Santo Padre, no depende de nosotros.

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