Por Julio CastroAdmisión 2021: pequeños avances y grandes desafíos

Por Julio Castro, rector de la Universidad Andrés Bello
Hace unos días se conocieron los resultados de las postulaciones a las universidades chilenas, en un proceso que implicó varios desafíos: una nueva prueba transitoria de selección; mayor libertad para que las universidades establezcan el peso de los instrumentos, como el ranking, NEM y prueba; la Subsecretaría de Educación como ente a cargo del proceso por primera vez, y un contexto de pandemia que desafió la logística desde la rendición de la PTU hasta la postulación y matrícula.
Si bien es pronto para sacar lecciones, sí se produjeron algunos hechos que dan cuenta de cambios positivos respecto a años anteriores.
El más relevante es la disminución de las brechas entre colegios particulares pagados y municipales en todas las pruebas analizadas, así como entre colegios científico-humanistas y técnico-profesionales, con un acortamiento especialmente notorio en la Prueba de Comprensión Lectora.
Si bien la mejoría fue leve, podría ser una señal de que los cambios que tímidamente se están comenzando a hacer dan buenos resultados.
Este año, por primera vez, las instituciones tuvimos mayor libertad a la hora de ponderar los distintos instrumentos de selección (ranking, NEM, PTU), ajustándolos de manera más precisa a nuestros diferentes proyectos educativos y realidades, lo que incidió en la disminución de las brechas mencionadas.
Esperamos también que esta mayor flexibilidad pueda ayudar a disminuir la deserción estudiantil, ello gracias a la selección de perfiles de estudiantes más idóneos para cada carrera, con las habilidades adecuadas para concluir con éxito su formación académica y profesional.
Otro aspecto importante que influyó en la disminución de las brechas fue la posibilidad que tuvieron los estudiantes del 10% superior de rendimiento en su establecimiento de egreso, de acceder al sistema sin haber obtenido más de 450 puntos en la PTU. Según el Mineduc, más de 2 mil 200 jóvenes que se vieron beneficiados con esta situación postularon, de los cuales el 95% quedó al menos seleccionado o en lista de espera en alguna de sus preferencias, mientras que el 72% fue directamente seleccionado.
Si bien las mejoras (que, insisto, aún son leves y es difícil predecir si van a marcar tendencia o no hasta que no pasen al menos un par de procesos más), aún persisten varios aspectos a los cuales hay que dedicarle atención, como la necesaria disminución de la brecha de la prueba entre la RM -con hasta 16 puntos por sobre el promedio- y regiones, particularmente en las más extremas.
Estuvimos muchos años con un sistema que segregaba. Fueron demasiadas las generaciones afectadas por la burocracia y la lentitud para adecuar el sistema a lo que realmente necesitaban los estudiantes chilenos. Ahora debemos concentrarnos en que los cambios sean positivos, estén bien aplicados y se enfoquen en el mejor interés de nuestros estudiantes.
Junto a ello, para que este cambio realmente sea exitoso, se requiere también que las universidades sepan, quieran y puedan generar políticas internas que contribuyan a nivelar y apoyar a aquellos estudiantes que vienen con una desventaja respecto de sus pares, la que puede darse por el colegio de origen, factores socioeconómicos o por diversos factores relacionados a sus procesos de aprendizaje.
Ahí también está el desafío.
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