Opinión

Avanzar sin transar

Presidente en Cadena Nacional. Foto: prensa.presidencia.cl

Concluido el trámite del megaproyecto de Reconstrucción, el gobierno asumió que no había tiempo que perder. Cerrar con éxito la iniciativa del ministro Quiróz en apenas cinco meses sentó un precedente imposible de desaprovechar. Así, sin pausa, se anuncia una nueva oleada de proyectos en seguridad -combate al crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo- que, más allá de la apuesta legislativa, permite retomar la iniciativa política y el control de la agenda; instalar un nuevo eje de discusión para el segundo semestre.

El diagnóstico que subyace en esta jugada tiene más de una arista. La primera, una oposición desarticulada y sin rumbo, incapaz aún de explicar su derrota estratégica en el gobierno anterior y, por tanto, incapaz también de generar una alternativa creíble a la actual administración. Pero La Moneda sabe que eso no es eterno, que la oposición tarde o temprano saldrá del letargo, y el gobierno quiere sacar provecho de este interregno opositor. De algún modo, la ausencia de una oposición en forma va camino a permitir que los dos principales ejes de transformación del Ejecutivo -economía y seguridad- puedan tener su base legislativa consumada en un doble fast track.

Sacar partido de una oposición todavía en coma es la primera derivada política del anuncio presidencial. La otra tiene relación con el frente interno, un oficialismo que, concluido el trámite de la megarreforma anterior, empezó a verse tentado por una nueva disputa de hegemonía. Libertarios buscando que las mujeres que requieren un aborto deban escuchar los latidos que llevan en el vientre; Republicanos poniendo en tabla la incorporación de capital privado en Codelco; ambos, exigiendo a La Moneda un indulto general a los uniformados en juicio por eventuales delitos cometidos durante el estallido; y el cierre del INDH.

El desorden oficialista llegó al clímax cuando el presidente de Republicanos acusó de inmoralidad e invitó a salir del gobierno al subsecretario de Interior, en el contexto de la controversia por el aparente falso positivo en un test de drogas a su ex homólogo de Hacienda. La convicción en el círculo presidencial es que ahora las cosas volverán a enrielarse en torno a la música que pone el Ejecutivo. Y sobre una agenda de seguridad, tema de los más sensibles y prioritarios para la opinión pública, lo que augura que la oposición tendrá escaso margen para rechazar su tramitación y el oficialismo poco espacio para mantener la atención en otras iniciativas.

Esa es la jugada y la apuesta del gobierno. Aprovechar la debilidad de unos y el desorden de otros para sacar adelante la segunda megarreforma emblemática antes que termine el primer año. Apostar el todo o nada como ya se hizo en el proyecto de Reconstrucción. Estar disponibles a discutir y negociar con la oposición y el PDG, pero dejando claro que las líneas de base de los proyectos no se transan. Menos aún cuando la estrategia está dando resultados y el escenario hacia adelante se ve factible.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

Más sobre:Proyectos de seguridadGobiernoOposiciónDesorden oficialista

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