Opinión

¿Cómo fortalecer la educación parvularia?

Hoy, menos de la mitad de los niños en edad de asistir a educación parvularia está efectivamente matriculado. En 2019 era cerca de 56%; hoy la cifra no alcanza el 48%. Esta proporción, conocida como cobertura —es decir, cuántos niños asisten respecto del total que, por su edad, podrían hacerlo— ha venido cayendo de manera sostenida en los últimos años y no se ha recuperado tras la pandemia.

Esta disminución no es marginal. Se observa incluso en niveles que hasta hace unos años eran prácticamente universales, como prekínder y kínder, donde la cobertura ha retrocedido de forma significativa. El caso de la sala cuna es aún más ilustrativo: pese a la relevancia de la educación en los primeros años de vida, en 2025 apenas el 17,9% de los niños en edad de asistir accede a este nivel, ubicándose por debajo de los registros previos a la pandemia.

La caída de la cobertura no es solo una cifra. Implica que más niños pierden oportunidades clave de aprendizaje y desarrollo temprano, llegan al sistema escolar con trayectorias más dispares y enfrentan tardíamente apoyos que podrían haberse recibido oportunamente. La evidencia ha sido clara en destacar la importancia de la educación preescolar y sus altos retornos sociales, pero ese potencial se diluye cuando el acceso a este nivel disminuye.

Las razones detrás de esta baja cobertura son múltiples. Para muchas familias, los horarios de funcionamiento de los establecimientos no calzan con las jornadas laborales. En otros casos, la oferta disponible es insuficiente o se encuentra lejos del hogar. A ello se suma la existencia de redes de cuidado informales —como abuelos u otros cuidadores— y la percepción que tienen los padres sobre la calidad de los centros educativos. Finalmente, la falta de información clara y oportuna sobre cupos y alternativas disponibles termina por volver el acceso a la educación parvularia un proceso complejo y poco amigable.

Revertir esta tendencia no requiere grandes reformas estructurales, sino decisiones concretas y bien focalizadas. En primer lugar, es necesario facilitar el acceso a la información sobre los distintos centros educativos, así como también unificar y simplificar los procesos de postulación. Asimismo, es imperativo ampliar la oferta educativa en los territorios donde existe mayor demanda, y avanzar hacia horarios más flexibles y compatibles con los horarios laborales de los padres o cuidadores.

En segundo lugar, resulta fundamental asegurar que los establecimientos que imparten este nivel cuenten con estándares adecuados de calidad. Avanzar en esta línea exige dar un paso adicional: contar con un catastro actualizado de infraestructura que permita planificar reparaciones y mantenciones oportunas, tanto en establecimientos de dependencia pública como privada.

Por último, es necesario hacer efectivo el kínder obligatorio, completando el marco legal e institucional necesario para dar cumplimiento a un principio que ya se encuentra consagrado a nivel constitucional desde el año 2013.

Recuperar la cobertura en educación parvularia exige volver a situar este nivel en el centro de la agenda educativa y política. Existen medidas concretas y viables para avanzar en esa dirección, como las señaladas anteriormente. No hacerlo supone seguir postergando una de las inversiones más efectivas para el desarrollo de los niños y del sistema educativo en su conjunto.

Por Javiera Pavisic Véliz, investigadora de Acción Educar.

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