Cuestionables dichos del ministro de Salud



En medio de la crisis sanitaria que enfrenta el país y el mundo y que ya ha dejado más de 2 millones de contagiados y 164 mil muertos a nivel global, las autoridades tienen una especial responsabilidad en preservar su credibilidad y la de quienes colaboran para combatir la pandemia. De ello depende que los países sean capaces de enfrentar de la mejor forma la emergencia.

En estos momentos esto es especialmente crítico porque la naturaleza propia de la amenaza hace que la ciudadanía no tenga otro camino más que el de confiar en quienes están encargados de manejar la emergencia. Por ello es clave que éstos actúen con responsabilidad y eviten hacer declaraciones que terminen poniendo en entredicho su labor. Ello es aún más relevante si consideramos que el país venía de una profunda crisis social que había evidenciado la severa desconfianza de parte importante de la población en sus autoridades e instituciones públicas.

En ese escenario el actuar del ministro de Salud, Jaime Mañalich, motiva especiales cuestionamientos. Más allá de su manejo de la crisis sanitaria, que en términos generales ha recibido un amplio reconocimiento aunque no ha estado exenta de polémicas debido en parte a su personalidad, algunas de sus declaraciones como las referidas a la donación de parte de China de ventiladores mecánicos muestran abiertas contradicciones e introducen un peligroso germen de duda sobre la veracidad de sus palabras, lo que puede terminar minando la credibilidad de quien está encargado de dirigir la lucha contra la pandemia. Ello porque si bien el 19 de marzo pasado el ministro aseguró haber llegado a un acuerdo con el embajador de China “para la adquisición y donación” de “más de mil ventiladores mecánicos”, días después precisó que el número correcto eran 500, luego bajó a 100, y posteriormente evitó ahondar en el tema, aduciendo los riesgos de hacerlo ante la disputa mundial que existe por adquirir insumos médicos. En medio de ello, las recientes declaraciones del embajador de China agregan otro elemento más de duda sobre el tema.

Pero el actuar del ministro es doblemente grave, porque junto con poner en cuestión su propia credibilidad, alimenta otra desconfianza igualmente peligrosa al afirmar que “el trabajo de la prensa es vender cosas en base a inventar mentiras”. Este recurso usado por algunos gobiernos en otras latitudes plantea severos riesgos, más aún en situaciones de emergencia como las que estamos viviendo. Es responsabilidad de la prensa cumplir con una labor de fiscalización de las autoridades y velar por el respeto a la libertad de expresión. La pandemia que enfrentamos exige que la ciudadanía disponga de información creíble y confiable y este diario se ha preocupado de entregársela con especial rigurosidad. Sugerir en forma liviana y sin fundamento alguno que en una entrevista al embajador de China en Chile se “inventó” una respuesta instala un inaceptable germen de duda en un trabajo hecho de acuerdo con estrictos estándares periodísticos. Todo medio está sujeto a cometer errores y cuando ello ha sucedido La Tercera ha entregado las correspondientes disculpas a sus lectores. Pero esta vez no es el caso. Por ello esperamos que sea el ministro quien en esta ocasión actúe en consonancia y entregue las disculpas del caso.

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