Carmen Gloria Larenas

Carmen Gloria Larenas

Directora artística del Teatro del Lago

Opinión

Educación artística: números y acción


Un estudio reciente en Estados Unidos evaluó los efectos de la educación artística en alumnos en un lapso de tres años. Los resultados fueron excepcionalmente positivos, revelando que la formación artística mejora significativamente atributos como el compromiso, aspiraciones universitarias y la empatía. Además, mejora la escritura y reduce las infracciones en el ámbito escolar.

Mientras estos resultados pueden parecer sorprendentes para algunos, para quienes nos desempeñamos en el campo de la cultura y la educación, solo vienen a reafirmar algo que ya habíamos constatado por la experiencia personal.

Lo que en realidad debiera ser motivo de sorpresa es el magro avance que hemos hecho en estas materias. Mientras la gratuidad se ha tomado hace años el debate, poco se ha hablado de la necesidad de “actualizar” nuestra enseñanza para un siglo que lo ha remecido todo. Una enseñanza anacrónica -gratuita o no-, de poco servirá de cara a los desafíos que se precipitan y que nos tienen llegando tarde a la fiesta de la innovación y de la creatividad.

En Chile, el estado de la educación artística en los colegios es, a lo menos, precario, con horas insuficientes y una escasa visión en su enseñanza. El problema de fondo es la poca valoración que hacen los establecimientos y las familias a su rol en el desarrollo de los niños en jóvenes. Es considerada una actividad “extraprogramática” y se ignora su real potencial en tiempos en que las habilidades creativas toman un rol cada vez más central para los desafíos profesionales que vienen. Seguimos anclados en la tradición de una formación que ya fue superada y que la cuarta revolución industrial está dejando obsoleta.

Éste y otros estudios están demostrando que las actividades artísticas potencian diferentes atributos de una persona: la flexibilidad de pensamiento, la seguridad y autonomía, y la comunicación, todo lo cual mejora la capacidad para desenvolverse en ámbitos sociales. Además, desarrollan la imaginación y la creatividad. El resultado es una persona con mayor confianza en sí misma, con capacidad para innovar y más comunicativa.

Esto nos abre un desafío que tenemos que abordar y empujar desde el mundo de la cultura. Llevamos años hablando de la importancia de la educación artística y justificando su presencia en las aulas. Hemos enfrentado históricamente cuestionamientos y las dudas del mundo de la educación formal. Hoy, diversos estudios dejan claro, entonces, que las experiencias de aprendizaje con las artes benefician a los estudiantes y, está de más suponerlo, a sus familias.

Los hacedores de políticas públicas en materia educacional deben considerar estos resultados. ¿Qué más hay que demostrar? Ya es momento de tomar acción.

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