El disputado centro



Por Juan Carvajal, periodista y ex director de la Secom

A cuatro días de la segunda vuelta de esta elección -que se ha calificado como la más importante de los últimos 30 años- aún quedan repercusiones del debate del lunes, que enfrentó a dos candidatos que, lejos de sus discursos iniciales, ahora hacen esfuerzos por mostrar moderación, amplitud y amplia convocatoria, conceptos todos simbólicos de 30 años de gobernabilidad que hasta hace poco eran satanizados y vilipendiados por sus detractores.

Cálculos más, cálculos menos, lo cierto es que las dos fuerzas que originalmente se mostraban más radicales, hoy han cambiado “radicalmente” sus planteamientos. Así, la autodenominada “derecha social” de Ossandón, la “liberal” de Evópoli o la teóricamente “independiente” de Sichel, han abdicado de sus propuestas modernizadoras para apoyar al ultraderechista Kast; en tanto los partidos del Nuevo Pacto Social y el PRO han expresado su apoyo a Boric quien, en todo caso y a diferencia de su contendor, proviene de posturas que en el pasado reciente confluyeron con la entonces Nueva Mayoría, participando en el segundo gobierno de Bachelet.

El curso que ha tomado este último tramo de campaña deja de manifiesto que los votantes no acuden a las urnas de la manera ideologizada que lo hace la elite, ni con los prejuicios políticos del mundo políticamente informado. Como no, si son las mayorías las que eligieron a Bolsonaro en Brasil, de la misma forma que antes habían elegido a Lula Da Silva o las que eligieron a Obama en EE.UU., para luego optar por Trump. Al fin y al cabo, un sector importante de la ciudadanía es cambiante, muchas veces motivado por razones personales, subjetivas y que decide por hechos que le impactan o por influencia de sus entornos.

Por ello, resulta tan extraño para quienes buscan hoy precisión en las propuestas o discusión de ideas que destaquen las diferencias programáticas, que lo que prevalezca sea la búsqueda del impacto comunicacional o los ataques personales.

No menos curioso e inentendible para buena parte de los votantes, es que los candidatos comiencen -cada vez más- a alejarse de sus propuestas originales, tratando de seducir a los sectores medios que quieren cambios, pero con estabilidad, que esperan mejores oportunidades, pero sin violencia y que, por sobre todo, esperan mejorar sus ingresos ahora. Hay una máxima que rige toda campaña electoral, en particular en segunda vuelta: los candidatos deben hablarle siempre a un público objetivo, focalizar sus propuestas en los sectores que quieren ganar, seducir a votantes que tomaron otras opciones y que se necesitan ahora para alcanzar mayorías. Es la estrategia que hoy está en pleno despliegue y que es difícil de entender para los votantes cautivos.

Es de esperar que el domingo se imponga el sentido común por sobre los miedos y que la ciudadanía opte por quien es joven heredero de la larga lucha por la democracia y las libertades. Porque, lo que está realmente en juego en esta elección, es ese Chile más justo, participativo y diverso, que necesita seguir desarrollándose por el bien de las generaciones futuras.

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