Por Max ColodroEl Niño Godzilla

En el tiempo atmosférico también somos un país sin término medio: pasamos de la sequía a las inundaciones, como trágica analogía de una sociedad que perdió el equilibrio y obsesivamente salta de un borde a otro. Nos movimos de Bachelet a Piñera y viceversa durante 16 años, hasta que esa dualidad tampoco fue suficiente. Apostamos entonces por un estallido social, vimos la violencia política como un mal menor, el costo inevitable para dejar atrás abusos e inequidades. Tuvimos no uno sino dos procesos constituyentes; en el primero le dimos la oportunidad la izquierda radical y en el segundo a la derecha identitaria. Los rechazamos ambos. Escogimos a Boric para ser la tumba del neoliberalismo y después a Kast para restaurar los treinta años perdidos.
¿Será que la tormenta después de la sequía nos quiere decir algo? ¿Que el Niño Godzilla en realidad somos nosotros? ¿Se puede confiar en un país que salta una y otra vez de una alternativa a su contraria, cada día con menos paciencia? Lo que a partir de 2010 empezó a roer la estabilidad política y la certeza jurídica no fue la alternancia en el poder; fue confirmar que bajo la alternancia no había consensos mínimos. Hoy el gobierno busca revertir la reforma tributaria impulsada por Bachelet en 2014; un cambio en las reglas del juego que dañó de manera severa la inversión y el crecimiento económico. Pero el actual proyecto no es resultado de un diagnóstico común. Al contrario, los partidarios de la reforma que ahora se quiere corregir confirman que siguen prefiriéndola, sin importar los costos que haya tenido para el país.
Es irónico: los cambios impulsados por el ministro Quiroz apuntan a un sistema tributario más parecido al que tuvimos durante los gobiernos de la Concertación que al impuesto después. Sin embargo, los partidos de la centroizquierda están completamente en contra. Para ellos es un escándalo que la actual reforma baje el impuesto corporativo de 27 a 23%. En los gobiernos de la Concertación, el período de más alto crecimiento y disminución de la pobreza de la historia, dicho impuesto llegó sólo al 17%, con un sistema integrado e invariabilidad para la inversión extranjera, algo de lo cual la centroizquierda al parecer sigue sintiendo vergüenza.
Como siempre, la tormenta deja al descubierto el país invisible, el de la precariedad y la pobreza, la inequidad y el abandono. Los cursos de agua crecen y retoman sus causes, obligando a la evacuación de tomas y campamentos, donde vive mucha de la inmigración irregular de los últimos años. Gente que con esperanza de una vida mejor llegó a un país que, en el contexto regional, parecía algo que ya no es. Hoy somos eso que la fuerza de la naturaleza deja evidencia: nuestras propias decisiones, un Chile que creía ir camino al desarrollo y ahora está en algo muy distinto. Confirmando que el Niño Godzilla no es sólo un fenómeno climático, sino también aquello que cada mañana vemos en el espejo.
Por Max Colodro, analista político y filósofo.
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