El “Nuevo Orden” (Weltanschauung) de la CC



Por César Barros, economista

Quizás muchos recibieron un video de una actividad de la Convención donde una activista en su día de furia se desnuda en los jardines del ex Congreso Nacional, se tiñe la cara de rojo (¡sangre!) y protesta -a grito pelado- su queja por el agua, los empresarios, el capitalismo y -¡cómo no!- contra el Presidente Piñera. Una especie de barra brava, la aplaude y consuela. Un show mediático, potente y efectivo, aunque algo ridículo.

Impresionan su pasión y su compromiso irrenunciable por cambiarlo todo, dando hasta la vida, si fuera necesario. Me recuerda a los primeros cristianos de Roma; a Lenin y a Trotsky; a Hitler y a Mussolini. Como actores dramáticos, de una obra en que la humanidad -y no solo su país- los está mirando. Es fuego, son ideas sencillas, es violencia y dedicación total a una causa. Es, en definitiva, fanatismo. Pero es marketing efectivo.

La creación de un hombre nuevo -como predicara San Pablo- borrando todo lo viejo, para partir de cero; Robespierre en Francia aniquilando a la nobleza; la destrucción de la burguesía (Lenin); la supremacía aria (Hitler); la destrucción de la izquierda (Mussolini); y en el siglo XVI, la Santa Inquisición. Todo vale para crear una sociedad justa, con hombres probos, donde una nueva élite dictará la verdad, y condenará a los herejes. En Chile lo vivimos en los años 60: el dedo implacable de la historia, el materialismo dialéctico, la visión científica de la historia y la sociología.

Todos esos experimentos resultaron funestos. Desde la Inquisición hasta la Gestapo, la Stasi y la KGB, sus instrumentos del poder. Solo perduran Cuba, Nicaragua y Venezuela, como tristes recordatorios de esa visión infame de la humanidad.

Pero hay una nueva versión del progresismo, que pretende dividir a los humanos por origen racial y por antecedentes históricos. Y, por la torpeza de nuestros políticos se eligió una Convención de orientación sexista, indigenista, y ambientalista extrema, que está redactando una nueva Constitución claramente estamental.

Mussolini, ¡cómo se estará riendo en su tumba! Su sistema soñado, ahora construido por la extrema izquierda. Hitler también: una “etnia superior” que tiene derechos constitucionales preferentes. Derechos a los cuales el ciudadano corriente no puede acceder. Derechos sobre el territorio, solo para quienes tengan un cierto origen étnico, sin límites definidos: un “Lebensraum”, solo que esta vez desde otra perspectiva, pero “Lebensraum” puro y duro igual.

Es bueno recordar que no solo los pueblos originarios han sido discriminados en el pasado en Chile. También lo fueron los palestinos, y hoy lo son venezolanos, haitianos y cubanos. ¿Ellos también debieran tener una posición preferente, por encima del resto de los chilenos?, ¿dónde está el límite? Podríamos crear innumerables “estamentos” con una infinidad de privilegios, según raza y origen: es cosa de tener buena imaginación. Todo, para satisfacer este “nuevo orden” o Weltanschauung de la extrema izquierda chilena representada por Atria, Bassa y Loncon.

Imaginen, una situación del futuro. Estamos en un juzgado “para chilenos”. Y el abogado defensor se dirige al juez de turno: “Le recuerdo a Usía, que el delito del que se acusa a mi defendido no era delito para sus ancestros, de modo que si Usía no lo considera, estará vulnerando sus derechos constitucionales...”.

Es bueno recordar por un momento que todos estos privilegios que se están otorgando ahora, a cierto grupo de compatriotas, son a cuenta de los derechos del resto de los chilenos. Que no han invadido territorios ni al norte ni al sur.

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