Por Cristina VioEntre el fútbol y la sala cuna

El jugador belga Jeremy Doku abandonó la concentración de su selección en el Mundial para estar presente en el nacimiento de su hijo en Londres. La decisión generó una inesperada polémica cuando una presentadora de un medio francés cuestionó su ausencia.
Las críticas provocaron una ola de rechazo. Y por suerte. Porque ya no puede sorprendernos que un hombre considere el nacimiento de un hijo como uno de los momentos más importantes de su vida. Tampoco que esté dispuesto a poner a su familia al mismo nivel que su trabajo, o incluso por encima de él. Pero los casos aislados no bastan para alcanzar la corresponsabilidad. También importan las instituciones y las señales que ellas transmiten.
Durante décadas, las políticas públicas han buscado proteger la maternidad y corregir una desigualdad evidente: las mujeres asumen mayoritariamente el cuidado de los hijos y, al mismo tiempo, pagan por ello un costo laboral. Pero sabemos que no basta con crear políticas de conciliación: debemos diseñarlas y comunicarlas adecuadamente.
Tomemos el caso del teletrabajo. Irrumpió durante la pandemia como una forma forzosa de conciliación y, una vez superada la emergencia, permaneció como una herramienta para compatibilizar el trabajo con la vida familiar. Pero ¿qué ocurre cuando se presenta como una política pensada solo para madres y padres?
Una investigación reciente (Wang, S. & Chung, H., 2026) entrega luces. Cuando el teletrabajo se presenta como un beneficio “para madres”, aumentan significativamente los sesgos sobre el compromiso, la productividad y las posibilidades de promoción de quienes lo utilizan, sean madres, padres o no tengan hijos. En cambio, cuando se presenta como una política disponible para todas las personas trabajadoras, esas penalizaciones disminuyen de manera significativa.
Las políticas públicas también moldean expectativas. Cuando una medida se asocia a las mujeres, refuerza la idea de que los cuidados siguen siendo su responsabilidad, perjudicando tanto a las mujeres como a los hombres, que encuentran mayores barreras para ejercer una paternidad activa.
Por eso, uno de los avances más relevantes del proyecto de Sala Cuna Universal, que se discute en el Congreso, es que rompe con esa lógica. Al extender el beneficio a todas las personas trabajadoras deja de entender los cuidados como un asunto exclusivamente femenino. Por eso su aprobación es tan urgente. Porque no solo amplía un derecho: también envía una señal sobre el país que queremos construir, uno donde hombres y mujeres puedan desarrollar plenamente tanto su vida laboral como su vida familiar, sin que una implique una penalización para la otra.
Porque las leyes no solo cambian derechos. También cambian aquello que una sociedad considera normal. Y el día en que un padre pueda ausentarse para estar en el nacimiento de su hijo sin que nadie lo cuestione, sabremos que habremos avanzado un poco más hacia la corresponsabilidad.
Por Cristina Vio, directora ejecutiva de ComunidadMujer
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