Por César BarrosLa razón de Quiroz

El Presidente de los Estados Unidos ha amenazado con devolver a Irán a la Edad de Piedra si no abre el Estrecho de Ormuz (entre otros eventuales 15 puntos). Por su parte, este país -hasta donde sabemos- dice que luchará sin dar tregua, y niega incluso cualquier diálogo con los EE.UU. Hay una cierta contradicción vital: si destruyen Irán (como destruyeron a Alemania, Japón y Vietnam anteriormente) no habrá cómo sacar el petróleo por Ormuz, destruida la capacidad de producir petróleo iraní. También desliza que desarmado este país (afirmación de dudosa veracidad a largo plazo: China, Rusia y otros, siempre lo podrán proveer “en la Edad de Piedra” de misiles y drones baratos), otras naciones se harán cargos de abrir el estrecho. Ya veremos si sucede y cómo sucede.
Lo complicado es que en base a bombardeos los países no se rinden. Ejemplos hay montones en la historia: Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial, Afganistán recientemente y Vietnam del Norte en la década del 60 y 70. Por su parte, Alemania, completamente destruida, y sin una construcción en pie, se rindió solo cuando la infantería soviética entró a Berlín. Hay un video famoso, donde una anciana alemana escribe sobre unas ruinas: “nuestras murallas se rompen, nuestros corazones nunca”. Y hablamos ahora de una población musulmana, donde los guerreros se van directo al cielo.
El Imperio Romano trató en varias de sus etapas -como imperio dominante de Occidente- de conquistar Persia sin lograrlo. En una de ellas, Craso (el hombre más rico de Roma) ansiaba un triunfo militar, César ya lo tenía en la Galia y Pompeyo lo había obtenido en Hispania y en África. Decidió, como procónsul en Siria, atacar a los persas, sin el permiso del Senado romano y rechazando la ayuda de reyes aliados; de nuevo un billonario en busca de fama militar. Pero se topó con una sorpresa: la caballería persa, de una asombrosa movilidad, que con arcos de “nueva generación” sus flechas atravesaban los escudos romanos con facilidad (siempre en las guerras aparecen sorpresas: drones baratos, misiles impensables, un estrecho no considerado, etc.) y los derrotaron, perdiéndose varias valiosas legiones y la vida de Marco Licinio Craso y de su hijo Publio. Craso trató -ya derrotado- de negociar con el general persa, pero fue traicionado por sus aliados romanos (entre ellos Cayo Casio Longino, después uno de los asesinos de César). Como ven la historia no se repite, pero rima.
Y esto parece que va para largo, lo cual le da la razón al ministro Quiroz, en términos de que el problema de Ormuz y del petróleo no se arregla con “parchecuritas”, sino con algún grado de dureza para no empeorar nuestro dañado financiamiento fiscal. Igual es una apuesta arriesgada en lo político. Hasta ahora, todo aconsejaba más cautela, pero Trump obliga a dejar de lado la prudencia como virtud política y económica.
Por César Barros, economista
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE















