Opinión

Las señales de una crisis laboral que exige recuperar el empleo formal

Mujer joven sin trabajo isayildiz

El 9,4% de desempleo que informó el INE para el trimestre móvil marzo-mayo no es una cifra más: es la más alta en cinco años, y detrás de ella hay 981 mil personas buscando trabajo y no encontrándolo, con un 15,6% de ellas desde hace más de un año. Pero reducir la crisis laboral a esa cifra es quedarse corto. La ocupación tampoco recupera su nivel prepandemia; faltan 275 mil empleos para hacerlo, preocupante considerando que dejamos atrás la crisis sanitaria hace cinco años. Y entre quienes sí tienen trabajo el deterioro también avanza; la subutilización laboral llega a su nivel más alto en cuatro años. El mercado laboral chileno no está estancado, está retrocediendo en varios frentes a la vez.

Y lo poco que crece empleo, proviene de trabajos informales. El empleo asalariado privado formal, que debiera ser el motor de esta economía, acumula cinco trimestres seguidos cayendo, con 70 mil puestos destruidos en el último año. En tanto, el Índice de Avisos Laborales lleva siete meses cayendo, sin señales de recuperación en los próximos meses. No es que falte creación de empleo formal en el sector privado, es que se está destruyendo activamente, mientras la informalidad –con la precariedad que conlleva– absorbe a quienes quedan fuera.

Frente a ese diagnóstico, que exista una Mesa de expertos dispuesta a entregar un análisis desde la vereda teórica ya es una buena señal en un país que se había acostumbrado a minimizar las malas noticias laborales. Se valora además que se proponga perfeccionar el Subsidio Unificado al Empleo (SUE), que ya existe, para que funcione como un incentivo real. Aquí hay un punto que no puede quedar al debe, y es que cualquier subsidio a la contratación debe atarse al flujo de nuevos contratos, no al stock de trabajadores ya empleados. Subsidiar a alguien que la empresa habría contratado de todos modos es simplemente costo fiscal sin efecto en el empleo. En cambio, subsidiar la contratación marginal es la única forma en que la política realmente mueve la aguja. Focalizar en mujeres y jóvenes, con desempleo de 10,5% y 24,6% respectivamente, los dos grupos con más problemas de empleabilidad del país, también es un acierto.

Introducir mayor flexibilidad a la jornada laboral también va en la dirección correcta, sobre todo en un mercado laboral que es uno de los más rígidos de la OCDE. También aprobar la sala cuna universal, política urgente; sabemos que el cuidado de hijos es la principal barrera de entrada al mercado laboral para madres. Pero conviene ser claros, si bien aumenta la participación laboral femenina no garantiza que existan los puestos para absorberla.

Sin embargo, apagar el incendio no exime de mirar más allá. Las propuestas de capacitación, sobre todo la formación continua para jóvenes, van en la dirección correcta y no debiéramos dejarlas para después solo porque la urgencia empuja hacia el corto plazo. Las actuales falencias de nuestro sistema educativo no van en un carril separado de los problemas que enfrenta mercado laboral. Sin una base de habilidades sólida, ninguna medida cortoplacista resuelve el problema de fondo. La crisis es real y urge actuar, pero la única forma de ganar esta carrera es hacerlo bien: con medidas claras, bien comunicadas, que empiecen a devolverle confianza al mercado laboral. Y sin perder de vista lo esencial: ninguna de estas medidas sustituye la necesidad de recuperar el crecimiento, la fuente más sólida y duradera de creación de empleo.

Por Carmen Cifuentes, Investigadora Clapes UC

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