Por Yanira ZúñigaMasculinismo y fecundidad

Cuando Margaret Atwood escribió su famosa novela El cuento de la Criada (1984), narró la instalación de un gobierno totalitario, patriarcal y teocrático en un territorio escindido de EE.UU.–Gilead– como reacción a la caída de la fertilidad. En su novela, la clase gobernante (los Comandantes y sus Esposas) controla los cuerpos de las pocas mujeres fértiles (las Criadas), quienes son distribuidas como esclavas sexuales en cada una de las casas de las familias en el poder. El cuento de la Criada incomoda e interpela porque se resiste a quedarse en el plano de la fantasía. Atwood no incluyó en su libro ningún suceso, práctica o invención que no hubiera tenido lugar en la historia de la humanidad. El relato discurre así sobre la delgada línea que separa la realidad de la ficción. Muestra que si el miedo cunde se normaliza el horror. Obliga a preguntarse: ¿Qué tanto hay de pasado, y qué tanto de presente o futuro en una historia como esa? ¿Puede la libertad femenina estar implícitamente condicionada a la reproducción? Y ¿qué pasaría si las mujeres dejan de engendrar?
La caída mundial de la fecundidad ha motivado una respuesta democrática en diversos países, consistente en un grupo de medidas (en Chile, por ahora, solo anuncios) que apuntan a subsidios, servicios estatales, políticas laborales de conciliación o acceso a la vivienda. Si bien esta respuesta suele asumir un modelo de familia tradicional, ella está muy lejos del relato de Atwood. Pero, también, tiende a dejar fuera algo que sí evoca el oscurantismo de ese relato: el avance del masculinismo.
El masculinismo es un movimiento político y cultural, muy activo en redes sociales, que pretende defender los intereses masculinos frente a los (supuestos) excesos de una sociedad feminista o ginocentrista. Abarca un elenco de discursos amalgamados por un sexismo hostil o misógino, y se propaga principalmente a través de los algoritmos de las redes. Se calcula que, en menos de 30 minutos, un adolescente o joven entra en contacto con algún mensaje viral polarizante sobre la igualdad de género, proveniente de influencers, personalidades políticas o del espectáculo. La conocida serie británica, Adolescencia, llevó a la pantalla a los “incels” y abrió un debate sobre las implicancias jurídicas del paso del discurso del odio al crimen de odio.
Pero de lo que casi nadie habla es de los efectos del masculinismo en la ampliación de brechas socioafectivas de género. Si los discursos y prácticas de seducción en los que se basaban los vínculos sexoafectivos están siendo reemplazados, a vista y paciencia de todos, por otros que denigran, promueven el odio o la venganza contra las mujeres, ¿qué nos depara el futuro?: ¿familias desintegradas, con pocos hijos o un mundo sin familias? ¿Cuál es el porvenir de la fecundidad? No lo sabemos aún, pero podemos tomar nota de algunas alertas. En Corea del Sur, por ejemplo, muchas mujeres se niegan a casarse, a salir con hombres, a tener sexo y a reproducirse.
Por Yanira Zúñiga, profesora Instituto de Derecho Público, Universidad Austral de Chile
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