Por Cristina CifuentesAumenta la presión hacia Putin en medio de los ataques de drones, la escasez de combustible y la caída en la popularidad
El mandatario ruso reconoció que los drones ucranianos han creado problemas para el país y el abastecimiento de combustible.

Tras el reconocimiento de que la campaña de drones de Ucrania ha creado “problemas” para Rusia, el Presidente ruso Vladimir Putin ha intentado mostrarse receptivo a la preocupación pública por la guerra, en momentos en que enfrenta una gran presión.
“Ustedes saben perfectamente que persisten los problemas para los conductores y las empresas”, dijo Putin a los altos funcionarios allí reunidos, reconociendo lo que las autoridades han estado minimizando durante semanas. “Lamentablemente, todavía hay colas en las gasolineras”, añadió.
El mandatario señaló que se está considerando una prohibición total de las exportaciones de diésel, después de que su viceprimer ministro declarara a la prensa que tal prohibición no era necesaria. El líder ruso confirmó que un grupo de trabajo ya está trabajando en temas relacionados con el combustible.
Además, indicó que aumentaría las importaciones de combustible, al tiempo que redoblaría los esfuerzos para proteger las refinerías de los ataques con drones ucranianos y restaurar la infraestructura dañada lo antes posible.

Los ataques han puesto de manifiesto la creciente capacidad de Ucrania para alcanzar objetivos estratégicos muy alejados de la línea del frente, lo que obliga al Kremlin a desviar recursos para proteger infraestructuras críticas, dado que el avance ruso en el campo de batalla se ha ralentizado notablemente. El domingo, el Presidente ucraniano, Volodimyr Zelensky confirmó que drones ucranianos habían atacado refinerías en el krai de Krasnodar y la región de Yaroslavl.
Según los analistas, los ataques con drones ucranianos han reducido la capacidad de refinación de petróleo de Rusia en aproximadamente una cuarta parte, lo que ha provocado que el mercado interno de combustibles tenga dificultades para satisfacer la demanda y ha generado un déficit de suministro estimado en un 15%.
En medio de este Putin se enfrentó el martes a una nueva oleada de presión, ya que Ucrania lanzó otro ataque contra la capital rusa, continuó interrumpiendo el suministro de combustible a Rusia e impulsó su campaña para aislar Crimea, la península que Moscú ocupó en 2014.
El alcalde de Moscú, Serguei Sobianin, informó de varias oleadas de drones, a partir del lunes por la noche, menos de dos semanas después de que Ucrania lanzara el mayor ataque con drones contra la capital rusa desde el inicio de la guerra. El alcalde declaró en Telegram que las defensas aéreas rusas habían derribado más de 60 drones que se aproximaban a Moscú y que los servicios de emergencia estaban trabajando en los lugares de los accidentes. No mencionó heridos.
En total, incluyendo los de Moscú y Crimea, 419 drones fueron derribados, según informó el Ministerio de Defensa ruso en un comunicado.

Desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, Moscú lleva tiempo lanzando bombardeos a gran escala contra Ucrania, pero los avances en la producción y la tecnología de drones ucranianos han permitido ahora a Kiev enviar enjambres de drones aún mayores en la dirección opuesta.
Zelensky ha calificado la campaña de ataques como “sanciones a largo plazo” y ha descrito su objetivo como presionar a Putin para que ponga fin a la guerra.
Pero el mandatario ruso se ha mantenido firme, señalando en declaraciones el domingo pasado que las acciones de Ucrania no disuadirían a Rusia de su objetivo de conquistar territorio en el este de Ucrania.
Según el diario Financial Times, la determinación de Putin de seguir adelante a pesar del creciente descontento público ha puesto de manifiesto un dilema antes de las elecciones parlamentarias de septiembre en Rusia: seguir aislándose de las consecuencias de la guerra o afrontarlas en un intento por apuntalar el partido gobernante.
Los rusos han tendido a dirigir su ira contra Rusia Unida, el principal partido del Kremlin, en lugar de contra el propio Putin, que no es miembro. Los índices de aprobación del partido rondan el 30%.
Este año, sin embargo, el Kremlin ha dado el paso inusual de vincular más estrechamente a Putin con el partido. En su congreso del domingo, Rusia Unida colocó carteles que declaraban “Estar con Putin es lo mínimo indispensable” y se autodenominó “El partido del presidente” por primera vez desde 2007.

Sin embargo, un 81% de los rusos apoyan el fin de la guerra “cuanto antes”, el porcentaje más alto registrado desde el inicio de la invasión a gran escala, según un estudio del Instituto de Estudios y Análisis de Conflictos de Rusia (ICAR), un centro de investigación ucraniano, citado por el portal Meduza. Los autores del estudio “Espejo de Rusia” señalaron que esta cifra se había mantenido entre el 72% y el 75% desde 2023.
El porcentaje de rusos que desean que la guerra continúe sin un plazo fijo, hasta lograr una victoria completa, cayó del 13% al 9%, la cifra más baja desde que comenzó la invasión a gran escala.
La encuesta de mayo también reveló que la guerra entre Rusia y Ucrania ha recuperado el primer puesto en la lista de problemas que los rusos consideran más urgentes, superando a los bajos salarios y los altos precios. El 33% de los encuestados mencionó la guerra como su principal preocupación; los bajos salarios y los altos precios fueron citados por el 24% y el 18%, respectivamente. «La guerra ha pasado de ser un tema secundario a convertirse de nuevo en un factor significativo en la vida cotidiana de los rusos», afirmaron los expertos del ICAR.
La confianza en Putin ha caído al 69%, el nivel más bajo desde que comenzó la guerra en 2022, según una encuesta publicada el viernes por la empresa de sondeos FOM, afín al Kremlin. El sondeo se realizó en los días inmediatamente posteriores al mayor ataque con drones de Ucrania contra Moscú.
Los intentos del presidente ruso por tranquilizar a la población suenan a “mantra, como si estuviera tratando de convencerse a sí mismo de que todo está bien”, dijo al Financial Times, Andrei Kolesnikov, analista político radicado en Moscú.
Al rechazar la oferta ucraniana de detener los ataques de largo alcance mediante un alto el fuego limitado, Putin demostró que “rechaza todas las opciones para resolver el problema pacíficamente porque tiene miedo de perder la iniciativa”, dijo Kolesnikov.
“Eso es mala señal: no hará ninguna concesión, para su propio perjuicio. Significa que está lleno de resentimiento y decidido a luchar por cualquier medio necesario.”
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