Ni con Maduro ni con Trump

Supporters of Venezuelan President Nicolas (44572320)

Partidarios de Maduro en un acto de recaudación de firmas contra la "injerencia" de EE.UU., en Caracas.



El régimen encabezado por Maduro está llegando a su fin. El sucesor de Chávez no está en condiciones de seguir gobernando. Su incompetencia es mayor. Generó una crisis humanitaria por falta de alimentos y medicinas en el país con la mayor renta petrolera del continente. La revolución bolivariana termina en tragedia. Todas las revoluciones como lo muestra la historia tienen un lado trágico, sangriento incluso. Las revoluciones exitosas son aquellas que, más allá de sus dramas, hicieron posible el nacimiento de un nuevo orden, superior al anterior. Este no es el caso de Venezuela. Los progresos del período de Chávez han ido desapareciendo. Ha aumentado la pobreza, se ha destruido la capacidad productiva, las instituciones se han degradado y la convivencia pacífica es cada día más difícil. En los últimos años, los derechos de las personas se han violado sistemáticamente y ha vuelto la corrupción, cáncer del antiguo régimen, que la revolución prometía desterrar.

Pero, la forma en que se está resolviendo esta crisis no es auspiciosa. A fin de cuentas, los factores determinantes habrán sido la intervención norteamericana y la decisión que adopten las fuerzas armadas. Para atraerlas a su campo, la oposición les ha ofrecido una amnistía, que garantiza impunidad más que subordinación al poder civil democráticamente elegido.

Surgen así dudas acerca de la calidad del orden que puede resultar de una salida de este tipo. A Trump no le preocupa el futuro democrático de Venezuela. Han pesado mucho más en su beligerancia sus grandes reservas de petróleo y la necesidad de anotarse un triunfo político. Es cierto, la mayoría de los países de Europa y de Amėrica Latina, estos últimos reunidos en el Grupo de Lima, han acompañado este proceso. Lo han hecho, sin embargo, como actores secundarios, apoyando la autoproclamacion de Guaidó como presidente encargado, decisión en la que el gobierno norteamericano no se preocupó siquiera en disimular su participación, apresurándose a ser el primero en reconocerlo.

Ha fallado aquí la política y la diplomacia latinoamericana. La amenaza de Trump de asfixiar la economía de Venezuela y de una intervención militar de ser necesario está surtiendo efecto. Estas presiones nos hacen retroceder siglos a los tiempos de Adams y Monroe, con su "América para los americanos". Han tenido razón los países del Grupo de Lima en insistir en la necesidad de encontrar una salida a la situación planteada. Han sido, no obstante, condescendientes con las amenazas del gobierno norteamericano. Las consecuencias de este precedente pueden pagarse caro a futuro.

Lo razonable sería que, frente al precipicio, las partes en conflicto se abran a pactar una salida decente, que ahorre nuevos sufrimientos y permita al pueblo de Venezuela recuperar el control de su futuro. El progresismo no puede estar con Maduro, pero tampoco con Trump.

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