Daniel Matamala

Daniel Matamala

Periodista, conductor de CNN Chile

Opinión

Columna de Daniel Matamala: ¿Es que no lo ven?

La columna de manifestantes llegó a ocupar cuatro kilómetros de calles en el centro de Santiago. En la foto, las inmediaciones de la Plaza Italia colmada de personas. Foto: Patricio Fuentes

Antenoche, la marcha de mujeres más multitudinaria de la historia de Chile inundó 4 kilómetros de Santiago.

Horas después, en estas mismas páginas, dos columnistas comentaron el fenómeno. El primero, un historiador que considera al movimiento feminista “una pérdida de tiempo”, desmintió que exista “dominación”, y lo probó destacando “el rol de las mujeres en el Cristianismo (¿qué sería nuestra cultura sin la devoción mariana?)”.

En la columna contigua, el director de un think tank financiado por las grandes empresas reflexionó que la brecha de sueldos entre hombres y mujeres se debe a la maternidad, por lo que “hay una diferencia que la mujer voluntariamente busca, la que por supuesto puede compensarse en el seno de una familia”.
Mientras, un senador famoso por suplicar un “raspado de la olla” calificó a los cientos de miles de manifestantes como “personas de oposición”. “Quien marcha es sólo la izquierda”, concluyó.

¿Es que no lo ven?
¿Es que ni con cientos de miles de mujeres en la calle la discriminación contra ellas es comprendida por algunos privilegiados?

No, Alfredo Jocelyn-Holt: la devoción mariana no da un rol destacado a las mujeres. La Iglesia Católica aún las veta explícitamente de su jerarquía. Ni sacerdotisas, ni obispas, ni cardenalas. La figura femenina está fuera del poder: es madre y virgen. «Esposas, sométanse a sus esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa». (Efesios 5:22-23)

No es casualidad que el voto femenino llegara mucho antes a los países protestantes, que no adoran una virgen pero sí incorporan a la mujer en la jerarquía religiosa, y mucho después a aquellos dominados por la Iglesia Católica.

No, Luis Larraín: la mujer no quiere ganar menos que su pareja. Los hijos generalmente se hacen de a dos, y es la estructura social, no algún gusto femenino por el sacrificio (un concepto muy mariano, por lo demás), la que carga todo el peso sobre sólo uno de los progenitores.

Eso no se cambia “compensando en el seno de la familia”, sino con normas de igualdad, como el posnatal masculino obligatorio. Si ambos padres deben, por turnos, dejar sus trabajos para cuidar al hijo en común, ambos compartirán el costo sobre sus carreras. Los beneficios se comprueban en cualquier parque de Suecia, lleno de hombres cuidando a sus hijos pequeños; allí hay 60 días de posnatal obligatorio para el padre, e incentivos para que el permiso se divida en mitades. Esa sí es una política “pro familia”.

No, Iván Moreira: las mujeres que marcharon no son sólo “de izquierda”. Más allá de la increíble torpeza política de regalarle un triunfo así a la oposición, esa frase ignora la rica tradición del feminismo liberal, que entiende la igualdad de sexos como un mínimo civilizatorio y, de paso, un requisito para el desarrollo económico. No es casualidad que las sociedades más avanzadas en derechos para las mujeres sean las democracias liberales, laicas y capitalistas contemporáneas.

No es novedad que el club del poder sea ciego a los cambios culturales de la sociedad chilena. Pasó con la igualación de derechos de los niños, el divorcio y el aborto en tres causales, que el Congreso se negó por años a aprobar pese al abrumador apoyo ciudadano.

Los grandes empresarios también se atrincheran en su Club de Toby. El 94% de los directores y el 100% (sí, el 100%) de los gerentes generales de las empresas del IPSA son hombres, aunque tengan una gran proporción de empleadas, clientas y accionistas (las 4 millones de chilenas afiliadas a AFP y dueñas de parte de esas empresas, para comenzar). El Comité Ejecutivo de la CPC y la presidencia de sus seis ramas, así como los 24 timoneles de su historia, son todos hombres.

Mientras, el 84% de los chilenos, según el último estudio PNUD, apoya una ley de cuotas obligatoria para las grandes empresas privadas (aun más que el 65% para los parlamentarios o el 79% para ministros).

Antiguos cotos machistas como la Cámara de Diputados, el Colegio Médico, la FEUC, la Asociación de Emprendedores y la CUT hoy tienen presidentas, y ya hay cuotas de género para las elecciones parlamentarias y del hasta hace poco muy patriarcal Colegio de Abogados.

El cambio social es imparable. Aunque algunos, desde la comodidad de sus privilegios, aún no lo vean.

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