Por Gonzalo CorderoOportunismo institucional

“El Tribunal Constitucional cesará en sus funciones y se disolverá de pleno derecho”. Así decía uno de los artículos del proyecto redactado por la Convención, rechazado el 4 de septiembre del año 2022. La propuesta era consistente con la opinión de la izquierda, que sostenidamente había denunciado este órgano como ilegítimo. Giorgio Jackson, por ejemplo, había dicho: “Creo que tenemos que modificar sus atribuciones, como su composición que es de un cuoteo binominal”. Reiteradamente, el propio Jackson y muchos otros dirigentes de ese sector político se referían a él como una “Tercera Cámara”.
Nada de esto impidió que parlamentarios de izquierda en general y del Frente Amplio, en particular, acudieran a la “Tercera Cámara” a impugnar el proyecto de ley “Escuelas protegidas”. ¿Es reprochable en sí misma esta contradicción? ¿O es que estamos frente a una izquierda que asumió su derrota y ahora acude a un órgano cuya legitimidad ya no disputa? Si del requerimiento se desprendiera que, por la razón que sea, la izquierda cambió su percepción acerca nuestro sistema de justicia constitucional, entonces la respuesta sería que políticamente su conducta es irreprochable. Que están en todo su derecho de acudir al TC y haberlo hecho sería, en sí mismo, una valiosa señal de estabilidad. Mal que mal, ya lo dice el aforismo jurídico, “quien ejerce su derecho a nadie ofende”.
Lamentablemente, no hay ninguna razón para creer en esa evolución. De hecho, el exconvencional Jaime Bassa, dos años después del triunfo del “Rechazo” señalaba: “Hay una lectura interesada en darle un carácter definitivo al plebiscito de 2022. Fue una derrota política dolorosa, pero no es un resultado definitivo. Las ideas que representa el Frente Amplio siguen plenamente vigentes”. El problema, nos dice el exconvencional y ahora diputado, “radica en las dificultades que supone la concentración del poder económico en Chile” ya que eso “es lo que explica la parte más importante de nuestra derrota”.
Expuesto así el asunto, hay dos consecuencias insoslayables. La primera, es que la izquierda sería invencible, porque cuando gana su triunfo es inobjetable, ya que expresa la voluntad mayoritaria del pueblo; pero cuando pierde, sólo es consecuencia del poder que ejerce una minoría que concentra el poder económico. O sea, la democracia tiene sólo dos opciones: gano yo o pierdes tú. La segunda consecuencia, derivada de la anterior, es que el plebiscito no zanjó nada, que el proyecto refundacional sigue ahí agazapado esperando su oportunidad y la convicción de que nuestro sistema institucional es ilegítimo, TC incluido, no ha menguado en lo más mínimo.
Es inobjetable que la izquierda recurra al Tribunal Constitucional, como lo es que sus fallos deben acatarse, gusten o no. Pero no hay que sacar conclusiones edulcoradas con gotas de buenismo, tristemente la izquierda sigue liderada por quienes aspiran al proyecto refundacional y, hasta que les sea posible aplicarlo, sólo practican el oportunismo institucional.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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