Opinión

Tragedia y reconstrucción

Gabriel García Márquez nos supo leer muy bien. En su texto Chile, el golpe y los gringos. Crónica de una tragedia organizada, de 2006, escribió acerca de nuestras tragedias naturales y de cómo la incertidumbre puede formar carácter, una especie de idiosincrasia. Éstas son sus palabras. “(Chile) tiene un promedio de un temblor de tierra cada dos días y un terremoto devastador cada tres años. Los geólogos menos apocalípticos consideran que Chile no es un país de tierra firme sino una cornisa de los Andes en un océano de brumas, y que todo el territorio nacional, con sus praderas de salitre y sus mujeres tiernas, está condenado a desaparecer en un cataclismo. Los chilenos, en cierto modo, se parecen mucho al país. Son la gente más simpática del continente, les gusta estar vivos y saben estarlo lo mejor posible, y hasta un poco más, pero tienen una peligrosa tendencia al escepticismo y a la especulación intelectual. ‘Ningún chileno cree que mañana es martes’, me dijo alguna vez otro chileno, y tampoco él lo creía. Sin embargo, aún con esa incredulidad de fondo, o tal vez gracias a ella, los chilenos han conseguido un grado de civilización natural, una madurez política y un nivel de cultura que son sus mejores excepciones”.

No hay duda. Chile es un país que se enfrenta constantemente a los desastres. Ya sean terremotos, erupciones, aluviones, tsunamis o incendios, no es fácil creer que mañana es martes. Pero aquí estamos. Ahora que sufrimos como país la desgracia de localidades como Lirquén, Ránquil, Punta de Parra, Hualqui y Laja, pueblos que se ubican en las comunas de Penco, Tomé y Concepción, y en donde el fuego ha arrasado a algunas casi en su totalidad, es momento de vivir el dolor y, simultáneamente, de que las capacidades del Estado y del mundo privado se pongan a disposición de los que se han quedado sin nada.

Tragedias de esta envergadura, en las cuales hay que reconstruir desde cero, son también la oportunidad para devolver a sus habitantes una localidad repensada, con mejoras considerables en cuanto a infraestructura pública. En ese sentido, el terremoto de 2010 entrega un ejemplo que ha sido destacado y premiado a nivel mundial: Constitución. Producto del terremoto y posterior tsunami, en esta ciudad murieron 94 personas, 10 desaparecieron, 2.500 viviendas resultaron dañadas y el 90% del casco antiguo de la ciudad resultó totalmente destruido.

Hoy, 16 años después, Constitución es otra cosa. Tiene una de las bibliotecas municipales más lindas de Chile, un teatro municipal de lujo, un centro cultural de alto nivel, preciosos miradores que invitan al turismo, un nuevo muelle náutico y la joya de la corona: el Parque Fluvial de Mitigación, la obra más emblemática que protege la ciudad de nuevos tsunamis y genera un amplio espacio público para el encuentro y recreación.

¿Cómo se logró esto? Con una iniciativa conjunta del Municipio, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, la empresa Arauco y la oficina Elemental, liderada por Alejandro Aravena. En un plazo récord de 90 días se diseñó el Plan de Reconstrucción Sustentable (PRES) de Constitución, para lo cual se constituyó un consorcio con consultoras y oficinas nacionales e internacionales.

“Como aspecto central del PRES, se puso en marcha el más ambicioso e innovador programa de participación ciudadana que se conozca, con el fin de asegurar que lo que propongan los técnicos responda a las demandas, a la identidad y a los sueños de sus habitantes”, se puede leer en el sitio archdaily.cl

De hecho, las propuestas fueron expuestas en una especie de “casa abierta” en la plaza principal de la ciudad y discutidas durante los encuentros y reuniones, hasta que se llegó a un voto sobre posibles soluciones para evitar la destrucción de viviendas en caso de una recurrencia de tsunami y/o terremoto.

Es importante saber que la ejecución de la cartera de proyectos del PRES Constitución significó una inversión superior a los 67 mil millones de pesos, que incluye además de las obras ya mencionadas, el conjunto habitacional Villa Verde, el Estadio Mutrún, la Escuela Enrique Donn Müller, el conjunto de viviendas La Poza, el Complejo de Piscinas Temperadas, así como el nuevo acceso a Constitución y la Costanera del Mar.

Haber podido reconstruir Constitución de esa manera demuestra que cuando ponemos lo mejor de nosotros, somos capaces de cambiar para siempre la calidad de vida de los ciudadanos. Y nadie lo merece más que el que lo ha perdido todo. Hagamos lo imposible para que quienes sufren los incendios de Biobío y Ñuble, mañana sí sea martes.

Por Rodrigo Guendelman, conductor de Santiago Adicto de Radio Duna.

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