Un sistema político improvisado



Por Ena Von Baer, doctora en Ciencias Políticas e investigadora de Clapes UC.

Se ha planteado con insistencia que la parte más importante de la Constitución es la llamada “sala de máquinas”, refiriéndose a las instituciones que conforman el sistema político. La analogía funciona porque las instituciones (máquinas) deben ser diseñadas para que se desempeñen de manera coordinada para así procesar los requerimientos que la ciudadanía hace al sistema político (sala de máquinas). Cuando está mal diseñado el sistema político, o sea se escogieron mal las máquinas o se eligieron artefactos que funcionan bien, pero trabajando en conjunto generan problemas, no es posible procesar las demandas, lo que genera frustración en la ciudadanía y en un extremo la destrucción el sistema democrático.

Para que un sistema político funcione bien, las instituciones que lo conforman tienen que ser diseñadas con una lógica que incentive un eficiente procesamiento de las demandas de los ciudadanos. Todos los sistemas políticos tienen ventajas y desventajas, cada uno pone a través de su diseño mayor énfasis en alguna meta, ya sea la representación proporcional de la población, o la generación de mayorías, el contrapeso entre los poderes o la representación de los intereses regionales. El punto es que una vez establecida la meta del sistema político, hay que diseñar las instituciones (elegir las máquinas) según la meta que se quiere lograr.

El texto de la Convención propone un diseño sin lógica. Fue pensado para lograr la concentración del poder en el Congreso de Diputadas y Diputados y la desconcentración a través de la autonomía de los territorios. Sin embargo, dada las críticas al sistema de varios sectores, los Convencionales fueron parchando al diseño original. El problema es que, en vez de repensar la lógica, fueron cambiando el texto en el camino. El resultado es una sala de máquinas mal diseñada donde cada una de las partes tiene findes distintos y donde no existen incentivos para la cooperación. Todo está unido por alambritos.

Por ejemplo, en el diseño original las instituciones encargadas de procesar las demandas nacionales eran el Presidente de la República y el Congreso de Diputadas y Diputados. Por su parte, los Gobiernos Regionales debían hacerse cargo de las problemáticas territoriales buscando una creciente autonomía a través de la sesión de atribuciones por parte de la Cámara de las Regiones. Siguiendo la lógica de esta sala de máquinas, las elecciones del Presidente coinciden con la del Congreso y las elecciones comunales y regionales con la Cámara de las Regiones. El problema del diseño era que el poder del Congreso de Diputadas y Diputados no tenía contrapeso, y la atomización administrativa y política a través de las autonomías territoriales, pero tenía lógica.

Buscando acuerdos los convencionales simplemente fueron aumentando las facultades de la Cámara de las Regiones. Sin embargo, aunque se creció fuertemente la interacción política entre el Presidente, el Congreso de Diputadas y Diputados y la Cámara de las Regiones, no se diseñaron modelos que incentiven la cooperación. Así, la elección de la Cámara de las Regiones sigue siendo en conjunto con la elección de las autoridades comunales y regionales, lo que parece correcto cuando se piensa que esta es la institución que deberá visar la delegación de facultades legislativas a las Asambleas Regionales y aprobar los Estatutos Regionales. Pero cuando se considera que la misma Cámara trabajará las legislaciones en temas de salud, educación, vivienda etc., que podrá pedir revisar una ley que ya haya sido despachada por el Congreso de Diputadas y Diputados o que se necesita su concurso para el nombramiento de altas autoridades, el modelo está errado.

Cuando la izquierda planteó la “página en blanco” era para diseñar desde cero la nueva Constitución. Se entendía que era para tener una sala de máquinas nueva, una que había pasado por los arreglos que cada generación había hecho dadas las experiencias históricas. Se trataba de una sala de máquinas perfecta sin parches y sin alambritos. Sin embargo, el trabajo de la Convención está terminando, y el resultado es un diseño que no tiene lógica, con máquinas que están pensadas para lograr objetivos distintos. El experimento de la página en blanco terminó en una maquinaria improvisada que al poco tiempo puede quedar en panne.

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