Los 90: Boybands




La primera boyband que recuerdo son los New Kids On The Block. Yo era bien chica, pero me acuerdo que me gustaba Joey McIntyre, el menor del grupo. Tampoco puedo decir que era fanática, pero era lo que correspondía entre mis amigas ese momento. Creo que sólo conocía Step By Step y Tonight; además, cuando salió ese disco yo tenía ocho años. Probablemente los conocí después.

Y ocho años también tenía cuando llegaron los 90s, la década de gloria de estos grupos armados de hits infalibles. Pensando rápido, lo lógico es recordar a los Backstreet Boys y N’Sync, pero el género se transformó es un universo con nombres como Westlife, Boyzone, 98 Degrees, entre tantos otros y al que se unieron también mujeres, como en el caso de S Club 7, B*wetched, A-Teens y más. Mis favoritos hasta el día de hoy son las Spice Girls y Take That.

En Chile, Take That pegó básicamente con Back For Good, pero el grupo venía de mucho antes. De hecho, fue una banda pensada como la respuesta británica a los New Kids On The Block. En su momento yo no los pesqué, pero de grande -y cuando digo grande, me refiero a los 30 años- me enamoré de su música tan dramática como gozadora y en momentos hasta absurda. Los sigo amando.

Las boybands y girlbands de los 90s tenían un componente en muchos casos inocente, pero al mismo tiempo capaz de derretir a sus seguidores, principalmente mujeres adolescentes; la única excepción que se me ocurre es el video de Do What You Like, en el que los jovencísimos miembros de Take That aparecían muy provocadores en verdaderos retazos de cuero.

Las coreografías eran casi naif en comparación a los bailes y performances del pop y la música urbana actual, pero funcionaban tan bien que si se es de esa generación hasta el día de hoy se pueden ver en fiestas.

Me molesta cuando el pop es mirado en menos, incluyendo el caso de estas bandas armadas. Si volvemos más atrás, The Jackson 5 pueden ser considerados como un antecedente directo e incluso los Beatles en ocasiones han sido planteados como un ejemplo; claro, no por ser una banda “fabricada” sino por el efecto que generaban en su público, esa histeria irracional que se transforma en casi una religión para sus fans, quienes probablemente son el público más leal y apasionado que puede existir. A mí eso me parece hermoso; ese amor ciego, irracional, eufórico, fiel y hasta aguerrido. Se lo quisieran muchos de los supuestamente más “serios”.

El concepto nunca se fue; el K-Pop es probablemente el ejemplo más evidente y exitoso de nuestros días, pero en los últimos años también hemos visto otros fenómenos mundiales como los Jonas Brothers y One Direction. La verdad es que no sé bien cómo funcionará hoy, pero me imagino que las redes sociales lo son todo en relación a la información y la verdadera investigación que se hace cuando se es fan joven. Yo nunca fui seguidora acérrima de estos grupos, pero sí de otras bandas y recuerdo lo que era indagar sin internet. Posters y revistas, ausencia de inmediatez y novedades que emocionaban extremo por ser siempre sorpresas que no se podían anticipar de ninguna manera; la ausencia de redes sociales hacía que los ídolos fuesen más misteriosos porque había una mayor lejanía y menos data. Y hoy pasa no sólo en relación a ídolos juveniles, sino también con el entorno, los vínculos en general y, por supuesto, en el amor

Antes era mucho más difícil enterarse de la vida alguien si no se tenía contacto directo; no se podía stalkear por Instagram ni ver qué hacía a través de las redes de otras personas. Insisto, el misterio era real. Por lo mismo, la ausencia del objeto de afecto -sea un ex o Jin de BTS- hoy genera mayor ansiedad porque estamos acostumbrados a tener la vida ajena literalmente en la palma de la mano y cuando no se puede ver, desespera. Hoy todos estamos de alguna manera disponibles: se puede saber si alguien está en línea, te pueden clavar el visto, pueden reaccionar o no a tu historia. Las posibilidades son infinitas y por eso puede doler, ni me imagino cómo habría sido eso para mí a los 17 años.

El amor por una banda de adolescentes que bailan mientras cantan temas pegotes puede ser profundo y yo jamás lo miraría en menos, por eso lo relaciono a esto. La incondicionalidad era total, la lejanía y el retraso en los tiempos daban igual, porque el sentimiento era real.

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