Por qué nos reímos cuando estamos nerviosos




Hasta el momento no conozco paciente que, teniéndole miedo a las agujas, no se ría o haga muecas divertidas mientras le estoy sacando sangre”, me comentó una enfermera hace tres meses atrás. Aunque no tengo certeza de que su estadística sea verdadera –o más bien una técnica para hacerme sentir bien– yo formaba parte de esa realidad, porque cada vez que me tienen que inyectar alguna aguja (situación que detesto) tiendo a reírme sin control. Para mí, es uno de los estados de máxima incomodidad.

Pero también hay personas a las que esto les pasa en contextos mucho peores, como situaciones en las que el dolor es evidente. En el documental The Last Laugh se habla sobre el humor entre los judíos durante y después del Holocausto. Ferne Pearlstein, director de la película, dijo al The New York Times que mientras investigaban "descubrieron que el humor no era infrecuente y se utilizó como mecanismo de afrontamiento en una situación de horror casi inimaginable, como un medio de defensa personal, un contraataque para las personas que tenían pocas, si alguna, formas de contraatacar”.

Uno de los casos narrados en el documental es el de Mary Berg, una joven de 15 años atrapada por nazis en el gueto judío de Varsovia. “La epidemia de tifus en sí misma es objeto de bromas. Es la risa a través de las lágrimas, pero es la risa. Esta es nuestra única arma en el gueto”, escribió en 1941 en una de las páginas de su diario.

Pero, ¿por qué tendemos a hacerlo? Son varias las personas que sufren de esta risa inapropiada y existen algunas teorías que intentan explicarlo. Una de las pioneras en estudiar este fenómeno fue la primatóloga Signe Preuschoft. Según la psicóloga con doctorado en biología, es una expresión de sumisión. Para llegar a sus conclusiones, observó las reacciones de un grupo de macacos que rieron o sonrieron cuando se sintieron amenazados por otro macaco dominante, acción que además estaba acompañada de movimientos corporales evasivos o sumisos. Al parecer, la risa se utiliza para admitir el miedo y comunicar un deseo de evitar el conflicto.

Para Jordan Raine, investigador PhD en vocalizaciones humanas no verbales de la Universidad de Sussex, la risa nerviosa podría ser la forma en que el cerebro difunde la tensión o un mecanismo de defensa cuando una persona se enfrenta con algo traumático o angustiante. “A veces puede ocurrir en forma de ataques de risa nerviosa por la reacción inmediata a algún evento, quizá sirviendo para protegernos contra la verdadera naturaleza de lo que estamos presenciando", dijo al medio estadounidense Vice.

Bajo una línea similar, Scott Weems, neurocientífico cognitivo y autor del libro Ha! The Science of When We Laugh and Why, señaló en sus páginas que sonreír libera explosiones de dopamina, hormona y neurotransmisor que indica placer y recompensa. Y que algunas personas acuden a este mecanismo como una forma de lidiar con situaciones incómodas o desconocidas.

La risa nerviosa tiene que ver con un esfuerzo muy inconsciente de controlar algo que se escapa de nuestras manos. Y es que en muchas situaciones ambiguas hay momentos en los que, por alguna razón, no podemos hacer algo respecto lo que está pasando, como sería el caso de las agujas. Además, se asocia mucho al tema de las emociones opuestas. Si el organismo siente dolor, inconscientemente, se va al otro extremo como un método de protección”, explica el psicólogo clínico de la Universidad Católica, Eduardo Herrera.

Lo que la hace aún más inapropiada es que, a diferencia de la risa forzada, este fenómeno se agrava en contextos en los que evidentemente reír no está permitido socialmente. “Lo que ocurre, generalmente, es que mientras más rígido el ambiente, más difícil es controlarlo. En un funeral, por ejemplo, las personas saben que deben cumplir con un rol social, pero si conectan con algo que pudiese despertar la risa, hay una necesidad tan fuerte de evitarla, que termina desencadenándose. Son reacciones espontáneas que no se pueden controlar, al igual que el sueño. Si una persona está desvelada y se esfuerza por dormir, lo más probable es que le cueste”, cuenta Eduardo.

El problema es que la risa, en general, es altamente contagiosa. Así lo contactó el psicoanalista y profesor de la Universidad de Maryland, Robert Provine, quien escribió el medio Psychology Today: “La risa infecciosa es una muestra convincente del Homo sapiens, un mamífero social. Elimina nuestra apariencia de cultura y desafía la hipótesis de que tenemos el control total de nuestro comportamiento. De estos estallidos vocales sincronizados surgen ideas sobre las raíces neurológicas del comportamiento social y el habla humana”, mencionó. “La irresistibilidad de la risa de los demás tiene sus raíces en el mecanismo neurológico de la detección de ésta. El hecho de que sea contagiosa aumenta la posibilidad intrigante de que los humanos tengan un detector auditivo de la risa, es decir, un circuito neuronal en el cerebro que responde exclusivamente a ésta. Una vez que se activa, este detector produce un circuito neuronal que provoca risas”.

Sin embargo, pese a que sea contagiosa, son algunos quienes la desencadenan. “Más de que se trate de un tipo personalidad, hay elementos que pueden haber en común. Esto podría responder a quienes tienden a tener evitación experiencial, es decir, que tratan de no conectar con sus emociones. Puede ser desde no sentirlas o problemas en cómo administrarlas. Además, le pasa a gente que es sobre controlada o quienes se encuentran en el otro extremo y hacen cosas en momentos inadecuados. Sin embargo, la risa nerviosa es algo mucho más asociado al primer caso”, concluye Eduardo.

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