Por Juan Andrés QuezadaClaudio Orrego: “Republicanos ha tratado de enarbolar, como una buena práctica, una forma de hacer política que destruye la democracia”
Luego de que el Tricel rechazara destituirlo -y ya libre de sanciones en sede penal-, el gobernador de la Región Metropolitana acusa a republicanos de haber montado, a través de sus consejeros metropolitanos, una “infame” operación política para sacarlo de su cargo y de la política. “Si algunos creían que me iban a doblegar, lamento decirles que he salido fortalecido”, advierte.

Como todo el año, el miércoles, a las cinco de la mañana, Claudio Orrego (59) emprendió el ascenso del cerro El Carbón, una de las seis cumbres del Parque Metropolitano. Esta vez, sin embargo, la subida tuvo un sabor especial.
El día anterior, el Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel), en una sentencia dividida, dictaminó que era inocente de las imputaciones de notable abandono de deberes y faltas graves a la probidad administrativa que le hicieron los consejeros regionales republicanos y de la UDI, quienes habían buscado destituirlo de su cargo y que lo tuvieron en la cuerda floja.
“Subí como nunca antes había subido, sintiendo que, paso a paso, iba soltando una mochila que había cargado durante un año y medio. Me sentí un poco como Robert De Niro en una escena de La Misión, en la que el exsoldado español Rodrigo Mendoza llega a una cima, le cortan la soga y dejan caer todas sus armas, dejando atrás un pasado bastante controvertido”, cuenta Orrego, la tarde del jueves, desde su oficina, en Morandé 97, con una vista privilegiada a la Plaza de la Constitución y La Moneda, donde luce el retrato de su tatarabuelo, Benjamín Vicuña Mackenna.
Terminaba así un año y medio en que el alcalde, exministro y excandidato presidencial de la Democracia Cristiana estuvo en el ojo del huracán, investigado en el caso ProCultura y acusado del uso electoral de la Gobernación Regional.
“Sentí un gran alivio, tras ser víctima de una campaña infame por parte de los consejeros republicanos y algunos UDI, quienes tomaron la decisión de sacarme de mi cargo y de la política. Lo que me anima ahora no es salir a vengarme de quienes hicieron esto, sino de trabajar incansablemente para terminar mi mandato, pero sobre todo para elevar el nivel de la política, que es lo que dirigentes como Camilo Escalona intentaron hacer”, agrega.
“Mi otro sentimiento es de gratitud”, continúa Orrego. Ahí menciona el apoyo de la DC y su presidente, Álvaro Ortiz, pero también de Renovación Nacional. “No sólo de los consejeros metropolitanos, también de sus líderes, como la presidenta del Senado, Paulina Núñez; de la vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Ximena Ossandón; del alcalde Mario Desbordes y de varios otros alcaldes de RN y la UDI. Esos actos de grandeza a uno le dan fe de que no todo está perdido en política”.
El miércoles encabezó un nuevo consejo regional. ¿Cómo fue el cara a cara con quienes buscaban destituirlo?
Yo hubiera esperado que todos aquellos que difamaron no solamente al gobernador, sino que a toda la institución, al menos hubieran dicho algo, pidiendo disculpas. Lo paradójico es que algunos de los consejeros que pidieron mi destitución se acercaron y me felicitaron. Cosa que todavía no logro entender.
El calvario para Orrego comenzó en mayo del año pasado, cuando en medio del caso Convenios, los consejeros capitalinos del Partido Republicano, liderados por Ignacio Dülger, anunciaron que impulsarían su destitución, argumentando faltas a la probidad y notable abandono de deberes, particularmente en el programa Quédate, ejecutado por ProCultura.
En paralelo, los mismos protagonistas atacaron por otros frentes. Uno de ellos fue a raíz de un informe de Contraloría que advertía que el abogado habría destinado, en 2024, poco más de $ 31 millones a la contratación de sesiones de coaching que presuntamente tenían por objetivo su campaña a la reelección.
Pero tal como relata Orrego, las acusaciones se fueron cayendo una por una. El 2 de junio de este año se decretó el sobreseimiento en tribunales por el caso ProCultura. En marzo, la Fiscalía decide no perseverar en el caso coaching; en junio se decreta su cierre en tribunales y el 10 de agosto el Servel archivó el caso, argumentando que los desembolsos no constituían gasto electoral.
Esta semana, el Tricel resolvió que el ex DC es inocente en ambos casos, sin opción de apelaciones.
¿Cuál fue el momento más duro en este año y medio?
Cuando el fiscal regional de Antofagasta, Juan Castro Bekios -quien luego fue condenado a pagar las costas por no tener ningún argumento y cometer graves faltas a la verdad y al derecho en su presentación-, solicitó mi desafuero y todo indicaba que iba a pedir mi detención. En ese momento tuve que reunir a mis cuatro hijos y decirles que mi detención era una de las posibilidades. Hay gente que hace este tipo de triquiñuelas políticas, que no sabe, porque nunca lo ha vivido, el daño que no solo le causa a la persona a la que se ataca, sino a su entorno familiar, laboral y a toda la democracia. Lo que viví no se lo deseo a ellos ni a nadie.
“Nunca más volví a hablar con Larraín”
¿Qué pasó con los alrededor de mil millones que se le entregaron a ProCultura y que no fueron rendidos, que fue el inicio de los cuestionamientos en su contra?
La Corte Suprema acaba de sancionar que la empresa aseguradora debe devolver al gobierno regional ese dinero y estamos en proceso de que se reembolse. Pero eso a los consejeros republicanos no les importa. Lo que les importaba era destruir al gobernador Claudio Orrego y no lo consiguieron.
Dülger afirmó esta semana que, más allá de que usted haya sido exculpado, la plata involucrada se perdió.
Me llama la atención que los consejeros republicanos, que en su momento me notificaron que esto era una decisión política, aquí, en esta oficina, hoy traten de presentarlo como una suerte de defensa de los recursos públicos. Nunca hubo una gestión ni un apoyo de ellos a nuestras gestiones para recuperar los recursos públicos, que nosotros, junto al Consejo de Defensa del Estado, durante dos años y medio, exigimos a través de la póliza de seguro y lo conseguimos.
Usted tenía una estrecha relación con Alberto Larraín, creador y director de la Fundación ProCultura, incluso él lo trataba de hermano. ¿Ha vuelto a hablar con él?
Nunca más volví a hablar con él. Aquí hubo una apropiación indebida, hubo un delito que cometió ProCultura, y eso es lo que tiene que perseguir el Ministerio Público. Más allá de eso, aquí se trató de construir una imagen de un gobernador que había hecho las cosas de manera ilegal, de manera ilícita, y casi que se había robado la plata. Todo eso fue descartado, no por una, sino por 10 instituciones autónomas del Estado y por los 24 ministros de la Corte de Apelaciones de Santiago. Nunca hubo un antecedente serio en mi contra, eran puras elucubraciones e imputaciones falsas.
Orrego va más allá:
“Esto fue una operación política en mi contra en varios frentes. Se disfrazó un intento de fiscalización con una campaña de destrucción personal. De hecho, la gente no sabe, pero el fiscal regional de Antofagasta fue condenado a pagar las costas. Tú te preguntas, ¿por qué me persiguieron de manera tan brutal durante un año y medio? La verdad es que el propósito fue político. No fue ni administrativo ni mucho menos buscando la mejor gestión del gobierno de Santiago (…). Los sectores de derecha sacaron dos tercios (66%) de los votos en el Consejo Regional y el Partido Republicano nunca me perdonó que le hayamos ganado al candidato de Sin Filtros -el actual diputado Francisco Orrego-.
¿Qué argumentos tiene para afirmar que fue víctima de una operación política en su contra?
Los consejeros republicanos, y algunos de la UDI, no pidieron una investigación, no pidieron antecedentes, ni comisiones, pidieron inmediatamente mi destitución. Eso se llama doble estándar y aprovechamiento político. Entonces, no solamente se derrotó, en esta seguidilla de fallos, una campaña en contra mía, sino que se derrotó, por parte de las instituciones de la República, una manera de hacer política que yo llamo la política del todo vale. Para mí, en política, no todo vale. Cuando sectores de izquierda intentaron destituir al Presidente Piñera en 2019, a través de una acusación constitucional, yo y muchos nos opusimos públicamente por considerarlo antidemocrático. Lo insólito es que las mismas personas que dijeron que eso era un golpe blando a Piñera, a los cuatro meses de asumir su cargo pidieron mi destitución. A las autoridades electas por la gente se les reemplaza en las urnas y no por secretaría.
A su juicio, ¿el fallo es una derrota para el Partido Republicano?
Absolutamente. Republicanos ha tratado de enarbolar como una buena práctica una forma de hacer política que destruye la democracia. Yo no soy la primera persona que es víctima de acusaciones falsas, de las granjas de bots, de la descalificación, del trato de enemigos. Eso ya lo vimos en la última campaña presidencial. Miente, miente, que algo queda. Ese ha sido el predicamento de los republicanos y esa práctica, como le decía, no me daña solamente a mí, daña a la política. Si no, pregúntele a Evelyn Matthei.
“Los sectores de derecha sacaron dos tercios (66%) de los votos en el Consejo Regional Metropolitano y el Partido Republicano nunca me perdonó que le hayamos ganado al candidato de Sin Filtros”.
Mirando hacia atrás, ¿hace alguna autocrítica sobre su actuar?
Tengo páginas de aprendizajes de este episodio. Uno es que, por mucho que la ley nos permitiera, en su momento -que lo demostramos en el juicio-, entregar los fondos a las fundaciones en una sola cuota, yo no lo volvería a hacer. A pesar de que le habíamos exigido póliza de seguro (por los servicios de ProCultura), el riesgo era demasiado alto, y si bien 85 fundaciones cumplieron, basta que una no haya cumplido para darnos cuenta de que esa no era una buena manera de hacerlo.
El caso del coaching partió con un informe de Contraloría que cuestionó el pago de alrededor de $ 31 millones por asesorías que, según el organismo, incluyeron contenidos vinculados con su campaña de reelección.
En este caso, los consejeros republicanos dijeron que esto era un delito y que era financiamiento ilegal de la política. La Contraloría, la Fiscalía y el Servel dijeron que era un contrato de coaching y créame que hasta el día de hoy defiendo el coaching como una herramienta para mejorar la gestión. Más allá del daño personal a mí, mis acusadores sembraron la duda sobre el gobierno regional y todo lo que se había hecho en este lugar, minando la confianza que hay en la democracia.

Como lo han dicho sus pares, el caso Convenios minó la credibilidad de los gobiernos regionales y ha ralentizado los recursos desde el gobierno central.
Las fuerzas que nunca han querido entregarles poder y recursos a las regiones encontraron en el episodio Convenios una buena excusa para redoblar su esfuerzo de recentralizar Chile. El caso Convenios no partió con los gobiernos regionales, partió con el Ministerio de Vivienda y, sin embargo, nadie ha pensado en eliminar al Ministerio de Vivienda. Increíblemente, casi los únicos condenados que hay hoy por el caso Convenios son todos vinculados a Vivienda. Entonces, yo le diría que esto afectó no solamente a los gobiernos regionales, afectó la credibilidad frente al Estado y la confianza en las fundaciones. La cantidad de fundaciones que hoy están bajo sospecha por el daño que les causaron algunas fundaciones inescrupulosas es gigantesco.
“No me voy para la casa”
Cuando lo involucraron en ambos casos, usted aparecía como una de las posibles cartas presidenciales del Socialismo Democrático. ¿Ahora viene su revancha?
No creo en el rencor, en la venganza ni en la revancha política. Sí le puedo decir que los tiempos duros, las crisis, las tempestades, te sirven para ver si uno está hecho de lo que se necesita para este oficio, y yo creo que lo estoy. Estas cosas también sirven para comprobar si la vocación política es de verdad, del alma, o solamente del ego. Le diría que mi vocación es del alma.
¿Cuáles son sus planes políticos? En 2028 no puede ir a la reelección.
Lo primero es terminar bien mi periodo, para el cual dos millones y medio de capitalinos me dieron su voto de confianza. Me quedan dos años y medio, tengo un compromiso con Santiago y lo voy a cumplir hasta el último día. Entonces, si me pregunta, ¿me voy a ir para la casa? No, Orrego no se va para la casa. Y estoy convencido de que la política del todo vale va a ser derrotada. Al igual que la política -como decía Moisés Naím- de las 3p, polarización, posverdad y populismo.
“Hasta la propuesta de estado de excepción, que prendió muchas alertas amarillas a mucha gente, yo en general había visto un gobierno muy de derecha, bastante liberal en lo económico, pero no autoritario”.
¿Desechó sus ambiciones presidenciales o le gustaría volver a ser candidato en el futuro?
Mi vocación pública está más fuerte que nunca, al igual que mi convicción de que hay que desterrar la política del todo vale. Chile necesita menos políticos preocupados de la próxima elección y más autoridades preocupadas de hacer bien la pega. Esa es mi prioridad. Después veremos. Pero una cosa sí puedo decir: queda Claudio Orrego para rato. Si algunos creían que me iban a doblegar, lamento decirles que he salido fortalecido (…). Según la última encuesta CEP, entre los cuatro mejor evaluados estamos Tomás Vodanovic y quien habla, que somos bastante más moderados que José Antonio Kast y Franco Parisi.
¿Cómo ve a la oposición?
La veo bien desordenada. Frente a un gobierno como el actual uno tiene que tener una postura muy centrada en el bien común y en el sentido común. Y cuando se aparece rechazándolo todo y sin proponer cosas, al final se pierde credibilidad frente a la opinión pública. La oposición en general, y en particular la que más me importa a mí, que es el Socialismo Democrático, tiene que encontrar un tono de firmeza para oponerse con argumentos y sin descalificación a todo aquello que no fortalezca la democracia ni expanda los derechos y garantías de las personas, pero también apoyar con generosidad las cosas que son buenas para los chilenos.
¿Para usted el gobierno de Kast es de ultraderecha?
O sea, se junta con los ultraderechistas del mundo y dice que son sus amigos. Como dicen por ahí, dime con quién andas y te diré quién eres. Ahora, yo creo que más que calificar a los gobiernos respecto de lo que dicen o las compañías que tienen, hay que criticarlos y evaluarlos por lo que hacen. Hasta la propuesta de estado de excepción, que prendió alertas amarillas a mucha gente, yo en general había visto un gobierno muy de derecha, bastante liberal en lo económico, pero no autoritario.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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