Por Francisco ArtazaLos frenéticos primeros pasos del enviado de Trump a Chile
Desde su llegada a Chile, el 10 de noviembre, el embajador de Estados Unidos tomó un inusitado protagonismo que le valió el récord de recibir la carta de protesta más rápida en la historia de la diplomacia chilena.
El viernes 21 de noviembre, Brandon Judd marcó un hito en la diplomacia chilena. Con apenas 12 días en Santiago, el nuevo embajador del Presidente Donald Trump se convirtió en el representante extranjero que ha demorado menos tiempo en recibir una nota de protesta del gobierno chileno.
El hecho sembró dudas en La Moneda sobre el rol que pretende desempeñar, en los meses que restan al gobierno de Boric, este exagente de la patrulla fronteriza que se convirtió en un activista clave en favor de las propuestas de Trump para endurecer el control de la inmigración irregular, y con línea directa al mandatario estadounidense.
Hasta el jueves 20, la “performance” de Judd era calificada “como muy positiva” por las autoridades chilenas. Algo alentador en medio del deterioro de las relaciones entre la Casa Blanca y La Moneda por las persistentes críticas de Boric a Trump.
Ese día, sin embargo, Judd dio su primera conferencia de prensa en Chile. Tras mencionar las prioridades de su misión (el incremento de las inversiones estadounidenses en Chile y mejorar la cooperación en seguridad contra el crimen organizado), Judd respondió sin filtro a los periodistas que llegaron a la sede de la embajada norteamericana.
Manifestó su decepción por las críticas del Presidente Boric a Trump en el tema medioambiental, incluso, se quejó de que el Mandatario chileno no hubiera llamado a la delegación estadounidense para plantear sus opiniones de manera reservada antes de hacerlas públicas.
“Queremos poder, de nuevo, traer a Chile los negocios de Estados Unidos, pero si un Presidente de un Estado va a criticar al país que quiere traer negocios, va a hacer que sea mucho más difícil. Y todo lo que hace es dañar al pueblo de Chile”, dijo Judd.
Pero su respuesta más polémica vino después, cuando le preguntaron si esperaba que en un eventual gobierno del republicano José Antonio Kast podrían mejorar las relaciones. Judd sonrió y reconoció que estaba esperando esa pregunta a sólo semanas de la segunda vuelta presidencial.
“Vamos a trabajar con cualquier Presidente que el pueblo chileno elija, pero sin duda habrá un gobierno con el que será más fácil hacerlo", señaló. Y agregó: “Hay un tipo de gobierno que nosotros sentimos que será mejor para el pueblo chileno, mejor contra la delincuencia y mejor para los negocios. Hay gobiernos que estarán ideológicamente alineados con nosotros y será más fácil trabajar con ellos, pero insisto, eso no es decisión mía, sino del pueblo chileno“.
Esa misma tarde, los dichos de Judd fueron analizados en la Cancillería . Y si bien fueron calificados de “inapropiados y desafortunados” por las autoridades diplomáticas chilenas, fue su respuesta sobre el proceso electoral lo que sobrepasó el límite.
En el edificio Carrera coincidían en que correspondía señalarle al recién llegado que se había excedido. Pero no en la forma de hacerlo. Tuvieron en cuenta el desconocimiento de Judd sobre los códigos y el lenguaje diplomático, tratándose de un embajador político que asume por primera vez una misión en el extranjero.
Algunos en la Cancillería apuntaron su molestia con el segundo de la embajada estadounidense, Richard Yoneoka, por no haberlo asesorado adecuadamente.
Pero no había interés por escalar el conflicto, por lo que se barajó la opción de hacer un reclamo privado a la embajada.
El mismo camino habían tomado en septiembre con el nuevo embajador de Israel en Chile, Peleg Lewi, tras el incidente registrado en el tedeum evangélico, hecho que se mantuvo con un bajo perfil.
Ese día, al llegar a la Catedral Evangélica, Lewi se encontró con que no había un asiento asignado para él, por lo que se enfrascó en una disputa con el personal de protocolo del gobierno que le exigía que se retirara, ya que no podía estar en un acto público junto al Presidente de la República mientras no hubiera presentado sus cartas credenciales ante Boric (algo que hasta ahora no ha ocurrido, ni tampoco se sabe cuándo podría ocurrir). Pero Lewi no aceptó irse. Por el contrario, esgrimió otra interpretación de esa norma, señalando que la prohibición sólo se refería a los actos públicos donde el anfitrión era el Presidente, y como él había sido invitado por las iglesias, no estaba incumpliendo una práctica diplomática.
Pese al impasse, la Cancillería prefirió bajarle el perfil al incidente. Opción que se evaluó con Judd, pero que tuvo que ser desechada tras la instrucción directa de Boric y sus asesores del Segundo Piso.
Así, el viernes 21, desde La Moneda, el canciller Van Klaveren dio cuenta de la entrega de la nota de protesta a Judd. “Creemos que sus expresiones respecto del proceso político nacional representan una intervención en asuntos internos de nuestro país”, justificó.
La nota la había entregado poco antes el secretario general de política exterior, Rodrigo Olsen, al jefe de misión adjunto de la embajada estadounidense, Richard Yoneoka. Un gesto de la diplomacia chilena para no agrandar la situación.
Pero mientras Cancillería privilegiaba la prudencia, desde Presidencia hacían lo contrario. “Chile no acepta ningún tutelaje. Nuestra soberanía no se negocia”, escribió Boric en la red social X ese mismo viernes, criticando una instrucción general de Trump al Departamento de Estado para que sus embajadores en todo el mundo informen de iniciativas relacionadas con aborto libre, eutanasia y LGTB+.
No se trataba de una medida directa contra Chile, por lo que el posteo de Boric era una “sobrerreacción innecesaria”, señalaron varios excancilleres.
En Cancillería, en cambio, han intentado enfrentar el tema de manera diferente. “La relación con el embajador Judd en ningún caso está cortada”, dicen desde Cancillería. Aunque reconocen que “estaremos atentos a ver cómo evoluciona su actitud”.
Hasta su primera conferencia de prensa, Judd siempre se había referido en buenos términos respecto de Boric. En noviembre de 2025, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, lo alabó por su defensa de los derechos humanos y de la democracia.
Lo mismo hizo el 30 octubre pasado, durante un almuerzo en la residencia del embajador de Chile en Washington, Juan Gabriel Valdés, donde manifestó “su aprecio por el Presidente Boric”. La impresión que dejó en la delegación chilena era la de “un hombre serio, agradable, pero que no entra en confianza”. Pero lo que llamó más la atención fue que afirmara explícitamente que no era necesario “trabajar con un gobierno ideológicamente afín”.

Por lo mismo, en Cancillería interpretan el reciente giro de Judd como parte de un nuevo libreto de la administración Trump, uno mucho más duro hacia a un gobierno saliente como el de Boric, pero también respecto de otros países que han expresado diferencias con la Casa Blanca.
El 11 de noviembre, el subsecretario de Estado, Cristopher Landau, manifestó por primera vez la molestia del gobierno de Trump con Boric por las críticas que había emitido el Mandatario chileno contra su par estadounidense en la Cumbre de Líderes de la COP30 en Brasil.
“Creo que este tipo de comentarios no ayuda a la relación”, y añadió que “ha sido penoso en estos últimos años que Estados Unidos y Chile no hayan tenido una relación muy robusta”, dijo Landau a El Mercurio.
“Espero que no se esté alentando una diplomacia del cowboy”, señala un excanciller chileno, recordando que el mismo día de la polémica conferencia de prensa de Brandon Judd en Chile, el recién asumido embajador de Trump en Canadá, Pete Hoekstra, hizo también fuertes declaraciones contra ese gobierno.
Al igual que Judd, Hoestrak no tiene experiencia diplomática y es muy cercano ideológicamente a Trump. Fue presidente del Partido Republicano en Michigan, desde donde apoyó la campaña del magnate a la Casa Blanca.
La carrera de Judd corrió por un carril completamente distinto. Aunque en los últimos años también tomó un cariz marcadamente político.
Exmisionero en Chile
Nacido en Saint David, un pequeño pueblo de Arizona cercano a la frontera con México, en el seno de una familia mormona, apenas terminó la secundaria siguió los pasos de miles de jóvenes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que dedican dos años de sus vidas -desde los 19 a los 21 años de edad- como misioneros.
Entre 1992 y 1994, Judd vivió en Chile junto a otros 240 misioneros en lo que entonces se conocía como “Misión Viña”, cuya área de trabajo abarcaba las regiones de Valparaíso y Coquimbo. Una vivencia que explica por qué 30 años después le pidió a Trump volver a Chile convertido en embajador.
Ruperto Pizarro, uno de los misioneros que compartieron esos años con Judd, cuenta que cada tres meses los cambiaban de localidad. Viña del Mar, Placilla, La Calera y La Ligua fueron algunos de sus destinos.
“Recuerdo que el rostro de Judd siempre tenía una sonrisa. Era muy amable, humilde y servicial. También era muy bromista. No puedo olvidar una ocasión en que llegué a la casa y él estaba de traje y corbata, pero entero bañado en harina. Jugando con otros compañeros de la misión, le habían tirado harina y él muerto de la risa”, dice Pizarro.
También destaca la “enorme paciencia” de Judd.
“En La Calera le tocó como compañero Guillermo Aedo, un joven misionero chileno no vidente que venía de la VIII Región. Judd tenía una paciencia enorme para ayudarlo a desplazarse con su bastón por calles que no conocía o al momento de la lectura de las Escrituras, que Aedo tenía que hacer con textos en Braille”.
Por entonces le gustaba jugar al fútbol, era muy cercano a los niños y le encantaba comer completos, dice Pizarro.
Hoy no duda en defenderlo. “Sé de su buen corazón. Cualquier declaración que haya hecho ahora no la pudo haber hecho con mala intención”.
Lo usual era que la mayoría de los jóvenes estadounidenses que venían de misión, al regresar a su país, ingresaban a las universidades y centros de estudios vinculados a la Iglesia. Judd no. Ya en esa época pensaba desempeñarse en el mundo policial.
En 1997, Judd comenzó su carrera como agente de campo de la Patrulla Fronteriza, en la zona del Valle Imperial de California, frente a la ciudad mexicana de Morelos. Después fue trasladado a Arizona, Maine y finalmente a Montana, a la par que iba escalando dentro del sindicato de patrulleros fronterizos, del que llegó a ser presidente.
No sería hasta 2016, para la primera campaña presidencial de Trump, según un reporte de la periodista Emely Green -ganadora de un Pulitzer por sus investigaciones sobre inmigración-, publicado en agosto de 2024, que se habría producido la conversión de Judd hacia las posturas más radicales en materia de control fronterizo impulsadas por el movimiento Maga (Make American Great Again) y Trump.
El giro fue total. Cuatro años antes, el sindicato de patrulleros fronterizos se había opuesto a la idea de la construcción del muro en la frontera por considerarlo “un despilfarro de dinero de los contribuyentes”, relata Green. Ahora Judd no sólo era un acérrimo defensor de la polémica iniciativa, también impulsó el que por primera vez en su historia el Consejo Nacional de Patrulleros Fronterizos diera su apoyo a un candidato presidencial: Donald Trump.
Poco después, Trump llamó a Judd para que se sumara a los equipos de transición, en temas de control fronterizo.
Bajo Biden, Judd se convertiría en un tenaz crítico de la administración. Actitud que acrecentó en 2023, cuando se jubiló como patrullero fronterizo, aunque por varios meses siguió dirigiendo el sindicato, del que se retiró recién en mayo de 2024.
Judd se presentaba como un experto en temas fronterizos, pero con un discurso político. Incuso, habló en algunos actos de proclamación de Trump durante la campaña. Trump, por su parte, no dudaba en alabar el trabajo que ambos habían hecho durante su primer mandato: “Tuvimos la frontera más segura de la historia”, dijo en el primer debate presidencial.
Tras su triunfo, Trump volvió a llamar a Judd. Y este le pidió al mandatario que lo nombrara embajador en Chile, lo que habla de la cercanía entre ambos. También explica por qué Judd aparecería dentro de las primeras designaciones, el 6 de diciembre, mucho antes que se definieran otros cargos de mayor relevancia para Estados Unidos.
Con esos antecedentes, desembarcó en Santiago el 10 de noviembre. Ese día, entregó las copias de sus cartas credenciales al director de protocolo de la Cancillería, quedando habilitado para actuar como embajador en Chile.
Desde entonces, su agenda no ha tenido descanso.
En un gesto que sorprendió, viajó a La Ligua, donde había estado de misionero. No se trató de una actividad protocolar, sino, como él mismo lo señaló en un video que publicó en sus redes sociales, fue su reencuentro con Chile.
El viernes 14, sólo cuatro días después de su llegada, fue recibido por Van Klaveren. Lo que, señalan en Cancillería, “demuestra el interés del gobierno por darle un trato deferente, acorde al país que representa”.
Fue una conversación cordial, dicen fuentes de Cancillería. Judd no mencionó una crítica a Boric, tampoco habló sobre las negociaciones por el tema arancelario. Sí llamó la atención que pidiera expresamente que el Presidente Boric reciba lo antes posible sus cartas credenciales.

Con Judd ya son cinco los embajadores que llegaron en el segundo semestre de este año (Panamá, Israel, Japón, Cuba y ahora Estados Unidos) y que están a la espera de que los convoquen a La Moneda. Pero la ceremonia es en bloque, por lo que si le dan fecha a Judd, Boric también tendrá que recibir en Palacio al representante de Netanyahu.
El domingo 16 visitó los centros de votación del Colegio Instituto Presidente Errázuriz y el Estadio Nacional. Y a inicios de la semana pasada se reunió con ejecutivos de la empresa Albemarle, con proyectos de litio en Chile. También celebró los 35 años de McDonald’s en Chile.
Ya ha visitado varios medios de comunicación para presentarse, lo mismo hizo con la directiva de la Amcham, con quienes el 4 y 5 de diciembre realizará dos actividades -un almuerzo y un seminario- para los miembros de la asociación que agrupa a las empresas con negocios en Chile y Estados Unidos. También tiene previsto en los primeros días de diciembre una visita a Antofagasta.
“Judd, al igual que otros embajadores anteriores de Estados Unidos, ha buscado tener un rol muy activo desde el primer momento. La diferencia con Bernardette Mehan, su antecesora, es que ella llegó con una agenda muy ruda respecto de las inversiones chinas y no hablando de la situación interna de los chilenos”, señalan diplomáticos locales.
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