Los dolores del crecimiento en nueve películas adolescentes

cine-imagen

Imagen: Giselle Riutort.

La autora de la novela adolescente Incompetentes recomienda algunas de las mejores películas que personifican los dolores de la transición de la niñez a la vida adulta.



[caption id=”attachment_778255″ align=“alignnone” width=”1205″]

Ohayo.[/caption]

Ohayo (dir. Yasujiro Ozu, 1959)

Los hermanos Hayashi viven en los suburbios de Tokio y, yendo a la casa de un vecino para ver tele, se aficionaron a ver luchas de sumo. Lo que más quieren es que les compren una tele para poder verlas en su propia casa, pero sus papás se niegan. El argumento que les dan es que van a perder mucho tiempo. Su padre dice que la televisión es una "caja idiota" y que quienes la ven solo hablan tonterías. Esto le da risa a los niños, que ven que los adultos son los que más tiempo pierden hablando sinsentidos y repitiendo formalidades. Como manera de hacer presión, deciden dejar de hablar, quitándole a los adultos hasta el saludo ("¡Ohayo!"). Eso genera problemas de comunicación en los adultos (por ejemplo, los vecinos especulan respecto de por qué los niños los ignoran; creen que es una ofensa ordenada por sus padres), quienes tienen sus propias intrigas y preocupaciones al margen del televisor, y cuyos entreveros, lo saben los niños, podrían solucionarse si se comunicaran con claridad y sin perder el tiempo con rodeos y formalidades.

[caption id="attachment_778256" align="alignnone" width="1920"]

Dazed and Confused.[/caption]

Rebeldes y confundidos (Dazed and Confused, dir. Richard Linklater, 1993)

Es el último día de clases en Austin, Texas, y la escuela es una olla a presión. A la alegría de salir del colegio, se suma que esa noche habrá una gran fiesta y los alumnos del último curso se preparan para llevar a cabo un ritual de iniciación antiguo y estúpido: "mechonear" a los niños que ese año entran a la secundaria.

La cámara sigue a varios adolescentes durante las 24 horas de ese día —deportistas populares con malas notas, volados que hacen la cimarra para fumar marihuana, intelectuales sin habilidades sociales y tímidos freshmens (los que ese año entran a la secundaria y serán mechoneados)— y nos muestra las particularidades y preocupaciones de cada uno, así como sus relaciones, sin las típicas exageraciones de las películas de este género, en el que, por lo general, "los populares" ni siquiera hablan con los demás estudiantes. Aquí todos deben hablar con todos eventualmente, tal como pasa de verdad en el colegio, y las fronteras van difuminándose entre las ganas de ser aceptado, la impotencia ante las presiones que imponen los adultos, las modas, el miedo y el coqueteo.

[caption id="attachment_778258" align="alignnone" width="2844"]

Les quatre cents coups.[/caption]

Los 400 golpes (Les quatre cents coups, dir. Francois Truffaut, 1959)

En esta película la infancia no es un paraíso perdido: los adultos son unos tarados, los niños están solos. Su protagonista, Antoine Doinel, es un chico que no cuenta con el mayor privilegio que tenemos en la infancia: ser considerado y oído por su familia. No es el niño que canta en la fiesta familiar mientras todos escuchan atentos. Nadie celebra sus gracias.

Sus padres apenas lo toman en cuenta y sus profesores son hostiles e intransigentes. La historia arranca cuando Antoine es acusado de plagio por parafrasear una lectura de Balzac que lo impresionó mucho, lo que lo hace merecedor de un castigo y lo lleva a hacer la cimarra. En adelante, todo va cuesta abajo: para justificar su ausencia, inventa que su mamá murió. Cuando los adultos descubren el engaño, roba una máquina de escribir del trabajo de su padrastro, se fuga de su casa y se mete cada vez en más y peores problemas.

[caption id="attachment_778260" align="alignnone" width="1200"]

The Lord of the Flies.[/caption]

El señor de las moscas (The Lord of the Flies, dir. Kent Fletcher, 1963)

Esta película está basada en una novela de William Golding y cuenta la historia de treinta niños de un colegio para las élites inglesas. Su país está en guerra y estos señoritos son evacuados fuera de la isla para protegerlos, pero su avión es derribado por otros aviones de combate y caen en una isla remota. En ella, y sin manera de pedir rescate, comienzan a organizarse para sobrevivir nombrando un jefe y asignando tareas. Pero no pasa mucho tiempo antes de comiencen a mostrarse violentos y salvajes, y se olviden las normas de convivencia con las que se relacionaban en la escuela: lo primero que hacen es quitarle los lentes al chico que se ve más indefenso (un niño tímido y con sobrepeso apodado "Piggy") para hacer una fogata. Poco después aparece la idea del castigo, también la de controlar a los demás mediante el miedo, y la pérdida de la fe: a medida que pasan los días, más miedo tienen de no ser encontrados, y más desanimados están. Si nadie va a ir a buscarlos, nunca habrá consecuencias por ninguna acción, así que pueden portarse como ellos quieran, sin consideración por sus iguales, aprovechando toda ventaja por sobre el otro. Es una fábula muy pesimista sobre la condición humana, pero es una buena historia.

[caption id="attachment_778261" align="alignnone" width="1041"]

Los deseos concebidos.[/caption]

Los deseos concebidos (dir. Cristián Sánchez, 1982)

R. tiene más o menos quince años y él y su hermana mayor, con la que comparte pieza, viven en la casa de sus tíos. Nada le interesa mucho, se pasa los días fumando marihuana, yendo a los flipper y faltando a clases, hasta que su hermana le anuncia que se irá a vivir con el pololo y el director del liceo le aplica una sanción simbólica: le dice que, si quiere, puede seguir yendo a clases, pero será borrado del libro de clases. Eso lo anula y lo deja en un limbo, y como su hermana ya no vive en su casa y en el colegio no existe, escapa de su casa y vaga por Santiago como un fantasma, durmiendo una noche en la casa de un amigo y luego en otra, sin sacar nada en limpio ni sentirse cómodo en ningún lado.

[caption id="attachment_778263" align="alignnone" width="1200"]

Badlands.[/caption]

Badlands (dir. Terrence Malick, 1973)

Esta película es sobre una escapada y sobre gente que se desconecta de la realidad y de sus sentimientos. Sissy Spacek es una colorina adolescente en un pueblo gringo de esos de las películas: chico y aburrido, con casas grandes y blancas rodeadas de quintas; con moscas, vacas, polvo y calor. Un día, mientras juega como una niña afuera de su casa grande y blanca típicamente gringa de película, un joven de veintitantos se acerca a hablar con ella y comienzan una relación romántica y peculiar a la que el papá de Holly (así se llama el personaje de Spacek) se opone. Para librarse de él, el joven asesina al padre de la niña y ella, que ya no tiene familia, no llora ni pelea con su novio, escapa con él.

[caption id="attachment_778264" align="alignnone" width="1280"]

Le souffle au coeur.[/caption]

Un soplo en el corazón (Le souffle au coeur, dir. Louis Malle, 1971)

Aunque francesa, esta película debe ser la que se toma menos en serio en todo este listado: trata de un incesto que jamás es cuestionado, de hecho, es tomado para la risa, como todo en la película, que es muy graciosa. Son los años 50, estamos en Dijon, Francia, y Laurent es un niño de la clase alta que vive con sus tres hermanos mayores; su papá, un francés estricto, y su mamá, una italiana relajada. Todos parecen muy felices, sobre todo Laurent, porque es el más pequeño de la casa: sus hermanos lo invitan a realizar todo tipo de fechorías y es, sin duda, el preferido de la mamá, que lo trata como si fuera un amigo, contándole sus intimidades. Cuando le detectan un problema al corazón, el doctor le aconseja ir a un balneario para sanarse, y es ella quien lo acompaña. Supongo que ya está todo dicho.

[caption id="attachment_778265" align="alignnone" width="1489"]

Never Been Kissed.[/caption]

Jamás besada (Never Been Kissed, dir. Raja Gosnell, 1999)

La idea de una segunda oportunidad siempre suena bien, pero supongo que depende dónde. Josie Geller está en sus veintes y trabaja en un diario como correctora. Lo que más quiere es poder publicar y firmar artículos, pero no ha llegado su oportunidad. Y cuando llega tiene su dificultad: tiene que escribir un artículo sobre adolescentes y para hacerlo debe volver al colegio y hacerse pasar por una alumna más (y así conocer de primera mano las cosas que los padres quieren saber de sus hijos, pero no pueden: qué hacen, dónde van, con qué se drogan, etcétera). El problema es que Josie Geller no había sido invitada a esas fiestas ni siquiera cuando era estudiante de verdad y no sabe cómo va a hacerlo para entrar ahora que es mayor. Todavía no tiene idea de qué es lo que está de moda y ni siquiera le gusta salir de noche. Aunque ahora es una adulta, no se siente segura como para enfrentar a la gente más bonita y popular de la escuela, y la película se trata sobre su proceso de aprendizaje: las cosas que hace para encajar, cómo lo logra, cómo se envanece con la popularidad escolar (qué gracioso suena) y cómo vuelve a poner los pies en la tierra.

[caption id="attachment_778266" align="alignnone" width="1167"]

Los olvidados.[/caption]

Los olvidados (dir. Luis Buñuel, 1950)

Por un lado, esta es una película realista sobre un grupo de adolescentes de los peores barrios de Ciudad de México. Comienza con una voz en off, como si fuera un documental, que nos habla sobre la delincuencia juvenil mientras las imágenes nos muestran las medidas represivas que se toman contra esos jóvenes. Por otro es, bueno, una película de Buñuel: entre esas escenas realistas se cuelan otras, subliminales (y desagradables) que parecen un sueño. Pero para los personajes de esta película es muy difícil abstraerse de la realidad, porque son pobres y el rechazo de la sociedad y la violencia con la que éste se ejerce son es imposible de obviar.

En Estados Unidos el título de esta película fue traducido como "The Young and the damned", es decir, los jóvenes y los condenados. Los personajes de esta película no solo están condenados por su juventud, sino también por su pobreza, que los hace miserables y violentos. Lo único que se puede pensar después de ver esta película es que la manera en la que los seres humanos hemos estado viviendo es un sinsentido: los protagonistas de esta película (Jaibo, que acaba de escapar de la correccional y quiere cobrar venganza contra quien lo había delatado; su madre, su amigo Pablo y su supuesto soplón, Julián) no tienen manera de escapar del hambre, del frío y del rechazo. Viven en un mundo frío, y la hostilidad llama más hostilidad. Octavio Paz escribió un texto sobre esta película (para defenderla, porque cuando se estrenó la sociedad mexicana se enojó mucho porque se representara en la pantalla esta realidad que preferían obviar) y dice esto sobre el lugar en el que nos sitúa la película: "El azar, que en otros lugares abre puertas, aquí las cierra".

Sobre la autora:

Escritora. Autora de la novela Incompetentes (2014, La Pollera) y el volumen de cuentos Terriers (2017, Hueders).

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.