¿Cómo Silicon Valley se convirtió en Silicon Valley?

Lo que esperamos de un negocio va mucho más allá de un número. Mentiríamos si dijéramos que no queremos ver unicornios chilenos, pero el propósito va más allá.



¡Cuántas veces a la semana vemos una discusión en las redes si Chile tiene o no unicornios! Saber si alguna scale-up llegó a los 1.000 millones de dólares ayuda a contar el cuento mágico del emprendimiento, pero no podemos quitar los ojos de lo que realmente importa: ¡multiplicar el impacto!

Lo que esperamos de un negocio va mucho más allá de un número. Mentiríamos si dijéramos que no queremos ver unicornios chilenos, pero el propósito va más allá. Queremos ver emprendedoras y emprendedores con potencial de escalar una idea que mejore la vida de millones de personas, y que de esa experiencia surjan mentores, inversionistas y ejemplos para las nuevas generaciones.

Y esa es una de las grandes lecciones que nos deja al ecosistema nacional la historia del inicio de Silicon Valley, y si bien no la buscamos replicar, si es un gran referente y una señal de que sí se puede. En Endeavor lanzamos en español la historia de ocho científicos que a finales de 1950 se fueron a vivir a California para emprender un negocio de semiconductores (en base al silicio) – y que años después se convirtieron en uno de los principales impulsores de lo que es hoy el centro tecnológico y de innovación más relevante del mundo.

Fairchild – nombre que le dieron a la empresa - es probablemente desconocida para muchos de los que leen esto, pero la verdad es que alcanzó un gran éxito, dando pie a la revolución llamada “emprendimiento”. Esto en gran medida gracias al efecto multiplicador del que son capaces los emprendedores.

Dos de los cofundadores de Fairchild después crearon Intel. Otro fue uno de los principales mentores de Steve Jobs, y el primer inversionista de Apple fue un antiguo empleado de la compañía. Un cuarto cofundador, Eugene Kleiner, creó el fondo de capital de riesgo Kleiner Perkins, uno de los más famosos del mundo, que invirtió en Google muchos años después. Don Valentine, ex gerente de ventas de Fairchild, creó la empresa de capital de riesgo Sequoia Capital y participó de scale-ups como Cisco y PayPal – que a su vez tuvieron su propio efecto multiplicador, conocido como “PayPal Mafia”.

Esta historia de “reciclaje emprendedor” no es exclusiva de Silicon Valley, pasa en todos los ecosistemas y está pasando en Chile. Hay varios ejemplos de ello. Uno es Max Grekin, un querido amigo de muchos, quien partió de este mundo dejando la marca de ser uno de los pioneros del emprendimiento en internet, profesor de Innovación de la UC y parte de la red Endeavor. Fue también mentor en Start-Up Chile, siendo participé de los primeros programas de aceleración de la entidad, espacio del que participaron emprendedores como el estadounidense Nathan Lustig. En el momento, el negocio de Lustig no se transformó en algo gigante, pero obtuvo un gran aprendizaje que años más tarde lo llevó a fundar Magma Partners, uno de los fondos de capital de riesgo más relevantes de Latinoamérica. Junto a su socia Claire Diaz, tienen además el objetivo de invertir en mujeres emprendedoras potenciando el ecosistema de la mano del talento femenino.

Otra gran referente es la emprendedora Paula Valverde, quien transformó el negocio familiar, Limonada, en una de las empresas más grande de ropa para niños y niñas, está presente en Chile y Estados Unidos y se ha convertido en un modelo de rol e inspiración para otras mujeres y emprendedoras desde su rol de directora de la red de Endeavor.

El efecto multiplicador generado por los fundadores de Cornershop es otro ejemplo que expone con claridad el impacto de los emprendedores y es uno de los casos más emblemáticos de América Latina. Oskar Hjertonsson, uno de sus cofundadores, es mentor de los emprendedores de Fintual, emprendimiento que a su vez entregó stock options a todo su equipo. ¿Quién sabe si uno de ellos da el paso para crear en un futuro un unicornio chileno? No importa, lo que sí es relevante, es que todos estos casos son capaces de multiplicar por miles de millones su impacto dando pie a cientos de otros emprendimientos.

Entonces, si de alguna manera vives en el mundo del emprendimiento, recuerda a los ocho de Fairchild: realiza mentorías, invierte en otros negocios, comparte las buenas y malas historias, inspira a otros con tu experiencia, incentiva a los colaboradores a también emprender y ofrece stock options. En resumen, la tarea también es tuya y la invitación es a multiplicar tu impacto en grande.

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