Por Paulina ReyesEl petróleo venezolano ante un nuevo escenario global: oportunidad geopolítica, dilema climático
Pese al avance de las energías renovables, el petróleo continúa marcando la geopolítica global. La eventual reactivación del sector petrolero en Venezuela, impulsada por el interés de Estados Unidos, vuelve a abrir el debate sobre su alto impacto ambiental, su rentabilidad en un mundo que avanza hacia la electrificación y las implicancias que podría tener para América Latina y para países importadores como Chile.

Venezuela concentra cerca de 300 mil millones de barriles de petróleo, alrededor de una quinta parte de las reservas mundiales. Sin embargo, su nivel de producción está muy lejos de ese potencial. Según un reciente artículo de The Economist, reactivar el sector a gran escala requeriría más de una década y cerca de US$110 mil millones en inversiones, además de condiciones de precios favorables que hoy no están garantizadas.
Para el exministro de Medio Ambiente Marcelo Mena, este escenario refleja una contradicción estructural. “Desde que se aprobó el Acuerdo de París ha disminuido la demanda de petróleo. En las economías avanzadas ya observamos una reducción absoluta de su consumo, impulsada por la electrificación y una mayor eficiencia energética”, explica. Incluso China, principal motor de la demanda global, está reduciendo su dependencia del crudo, con cerca del 50% de los nuevos automóviles vendidos correspondiendo a vehículos eléctricos.
Desde una mirada regional, el secretario ejecutivo de OLACDE, Andrés Rebolledo, reconoce que la transición avanza, pero con límites evidentes. “Las energías renovables progresan de manera sostenida en América Latina y el Caribe. Durante el último año, el 67% de la electricidad de la región provino de fuentes renovables, mientras que la generación eólica y solar creció un 19%”, señala. Sin embargo, advierte que el sistema energético sigue dominado por los combustibles fósiles: “La electricidad representa solo cerca del 20% del consumo final de energía, mientras que el petróleo concentra alrededor del 48%, especialmente en el transporte”.
Pese a ello, Mena sostiene que una eventual “revitalización” petrolera de Venezuela, asociada a la coyuntura geopolítica, enfrenta serias dudas de rentabilidad. “Más allá de lo climático, el problema tiene que ver con que el cambio estructural de las economías globales y la electrificación van a provocar una menor demanda, lo que hace mucho menos segura la rentabilidad de invertir en una mayor producción de petróleo en Venezuela”, afirma.
“La única forma en que esto podría resultar positivo para Venezuela es que suba el precio del petróleo. Pero cuando el precio del crudo aumenta, se vuelve aún más competitiva la electromovilidad. Son dinámicas que apuntan, en el fondo, a que no existe un escenario favorable para una mayor demanda”, agrega.
El impacto ambiental sigue siendo un factor crítico. “El petróleo venezolano es uno de los más intensivos en emisiones al momento de su extracción y presenta algunos de los peores indicadores de emisiones de metano a nivel global. Un aumento de su participación en la matriz energética mundial implicaría un deterioro ambiental neto”, advierte Mena.
Pese al interés de Estados Unidos por el crudo venezolano, para Rebolledo la persistencia del petróleo no contradice la transición energética, sino que deja en evidencia sus desafíos actuales. “La transición es un proceso gradual pero irreversible, que se consolida a medida que el desarrollo tecnológico reduce costos y amplía las aplicaciones de las energías renovables”, afirma, subrayando que sectores como el transporte pesado, la aviación y la petroquímica siguen siendo especialmente difíciles de descarbonizar y requieren marcos regulatorios y políticas más amplias.
En América Latina, añade, la oportunidad está en ir más allá del sector eléctrico. “El desafío ambiental no es solo cambiar la matriz de generación, sino transformar estructuralmente el uso de la energía en sectores difíciles de descarbonizar, integrando electrificación, combustibles sostenibles, hidrógeno de bajas emisiones y eficiencia energética”, señala.
A nivel local, la gerenta general de EBP Chile, Nicola Borregaard, coincide en que la transición energética se ha concentrado en la generación eléctrica, pero advierte que “en el uso de combustibles fósiles en transporte, industria y vivienda seguimos al debe”. Para avanzar, plantea la necesidad de regulaciones claras, como impuestos al contenido de carbono y estándares más exigentes, y destaca además el nuevo reglamento europeo “orientado a reducir las emisiones de metano asociadas a las importaciones de crudo, gas y carbón, que establece un precedente relevante”, concluye.
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