Por Julio NahuelhualLos ministros de Hacienda más poderosos, según el historiador que coescribió la historia de Teatinos 120
Patricio Bernedo, profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica y coautor de “200 años del Ministerio de Hacienda de la República de Chile”, destaca las virtudes de Manuel Rengifo, Pablo Ramírez y Gustavo Ross.

En momentos en que crece el debate sobre el poderío de Jorge Quiroz y la falta de contrapesos políticos al interior del gabinete del gobierno de José Antonio Kast, uno de los expertos clave de la historia económica de Chile elige los ministros de Hacienda más poderosos de la historia del país, hasta mediados del siglo pasado.
“En el sigo XIX el más relevante fue Manuel Rengifo, y en la primera mitad del siglo diría que Pablo Ramírez y Gustavo Ross”, afirma sin dudar Patricio Bernedo, profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica y coautor de “200 años del Ministerio de Hacienda de la República de Chile”, junto a Pablo Camus y Ricardo Couyoumdjian. Bernedo es también autor de “Historia de la libre competencia en Chile, 1959-2010”.
Según Bernedo, Rengifo fue reconocido como el ministro que organizó la Hacienda Pública de Chile hacia la década de 1830. “Mientras Diego Portales se desplegaba para ordenar la República y darle estabilidad política en el largo plazo, Rengifo hizo lo suyo en Hacienda con el objetivo de ordenar y estabilizar la economía. En lo esencial, le dio un marco institucional a la administración económica del Estado, organizando, por ejemplo, un sistema de cuentas fiscales ordenado y comprensible. Impuso una severa disciplina fiscal, mejoró la recaudación de los impuestos y ordenó los gastos públicos. Comenzó a pagar la deuda interna y aplazó el pago de la deuda externa”, rememora el historiador.
Bernedo se explaya y dice que Rengifo también realizó una reforma tributaria y aduanera de carácter proteccionista. “Fue muy pragmático -no ideológico- para enfrentar los problemas y diseñar políticas económicas. Su rigor en el control de los gastos públicos y en la defensa de los intereses del fisco se reflejó en que no tuvo problema en cobrarle una deuda a Diego Portales, que éste mantenía con el Estado. Esto generó una fuerte fricción entre ambos, que se transformó pronto en antagonismo personal. Tanto así que cuando Portales volvió al gobierno, Rengifo renunció inmediatamente al ministerio de Hacienda en 1835”, añade.
Manuel Rengifo Cárdenas fue ministro de Hacienda en dos períodos: desde el 19 de junio de 1830 al 9 de noviembre de 1835 y del 28 de octubre de 1841 al 12 de septiembre de 1844. En total, 3.019 días a cargo del Tesoro Público.

Otro de los ministros de Hacienda destacados por el historiador es Pablo Ramírez, quien fue ministro de Hacienda entre 1927 y 1929, durante el primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. Asumió el cargo en medio de una profunda crisis de la industria salitrera, presupuestos desequilibrados y un déficit fiscal que nadie había logrado controlar, producto, en parte, de una dotación de funcionarios públicos “sobredimensionada” por el clientelismo político, evasión tributaria masiva, y los sectores de la industria y la minería sin acceso a créditos de largo plazo y a tasas razonables, entre otros problemas, describe el historiador.
“Como parte de un gobierno autoritario, que buscaba enmendar los rumbos del país en distintos planos, Ramírez ejerció todo el poder que le delegó Ibáñez para aplicar una reorganización profunda de la administración pública, eliminando lo que denominó ‘empleos inútiles’ para reducir el gasto fiscal. A cambio, impulsó la profesionalización de distintos cargos en el Estado donde priorizó la contratación de técnicos e ingenieros por sobre abogados y políticos tradicionales”, relata Bernedo.
Amparado en las recomendaciones que anteriormente había entregado la Misión Kemmerer, Ramírez impulsó la creación de instituciones como la Contraloría General de la República y la Tesorería. “Estos organismos permitieron regular el movimiento financiero y vigilar la correcta inversión de los dineros fiscales. Muy interesante fue la metodología presupuestaria que aplicó para llegar a tener un superávit fiscal, dividiendo los gastos en ‘ordinarios’ (financiados con impuestos) y ‘extraordinarios’ (financiados con créditos para inversión). Gracias a estas medidas y a una mejor recaudación, logró revertir años de déficit crónico, exhibiendo un superávit fiscal en 1927, 1928 y 1929”, recuerda Bernedo, quien destaca el impulso el desarrollo de infraestructura que permitieron ejecutar la modernización de caminos, puertos y ferrocarriles.
También destaca en esta lista Gustavo Ross Santa María, quien fue ministro entre 1932 y 1937, durante el segundo gobierno de Arturo Alessandri. Estuvo 1.556 días en esa posición. “Al asumir, la economía nacional se encontraba en una profunda crisis generada en el marco de la Gran Depresión que vivía el mundo. A él le correspondió la difícil tarea de reactivar la economía, restablecer las confianzas para ello, controlar la inflación y equilibrar los presupuestos. También recuperó el acceso al crédito internacional, que se había perdido cuando Chile dejó de pagar su deuda externa, renegociando hábilmente los créditos adeudados a la banca norteamericana, entre otras medidas”, explica.
Asimismo, para reactivar la economía y reducir el desempleo, Ross impulsó el sector de la construcción a través de una exención tributaria a ese sector, lo que significó quintuplicar los permisos de edificación en un año. De hecho, el éxito de su gestión en el ministerio de Hacienda, según Bernedo, lo llevó a postularse a la presidencia de la República en la elección de 1938, que perdió ante Pedro Aguirre Cerda.
“En general, se puede afirmar, que los ministros de hacienda más trascendentes lo han sido porque asumieron en momentos de crisis y desorden económico, especialmente en materia de gasto fiscal y bajo crecimiento”, resume el historiador.
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