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Nueva norma de olores: avances y desafíos

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La nueva norma de olores para el sector pesquero en Chile sigue una lógica de verdadera sostenibilidad: medir, gestionar y mejorar. Este importante paso para la institucionalidad del país establece objetivos exigentes de reducción de emisiones y un sistema de monitoreo permanente que obligará a toda empresa a medir, reportar y mejorar continuamente su desempeño.

En la Región del Biobío, la actividad pesquera ha convivido históricamente con un desafío complejo asociado a los olores, especialmente en localidades donde las plantas operan en áreas urbanas; por ello, esta nueva normativa avanza en el camino correcto de construir una industria cada vez más sostenible, competitiva e innovadora.

Más que un punto de partida, la nueva norma viene a formalizar una tendencia que muchas empresas del sector han venido desarrollando durante años: reducir el impacto de sus operaciones mediante mejoras tecnológicas, operacionales y de gestión.

En el caso de Camanchaca, la disminución sostenida de la tasa de emisión odorante ha estado asociada a una mirada integral del proceso productivo. Esto ha significado reforzar la hermeticidad de equipos y líneas de producción para minimizar emisiones fugitivas; implementar protocolos de buenas prácticas desde la recepción de la materia prima hasta el mantenimiento de las instalaciones; modernizar sistemas de transporte en barcos reforzando el enfriamiento de la pesca, clave para mantenerla fresca y disminuir la emisión de olores. Todo acompañado de un programa de inversiones en nuevos equipos como calderas y componentes del proceso de secado para obtener harina de pescado.

Un hito relevante fue la incorporación, en 2023, de sistemas de abatimiento mediante scrubbers de ozono en las plantas de harina de Coronel e Iquique. Esta tecnología permite captar y tratar corrientes de aire provenientes de las principales áreas del proceso productivo, reduciendo significativamente la carga odorante antes de su liberación al ambiente.

Durante los próximos años, la tarea estará en realizar estudios de impacto odorante, verificar el desempeño de los sistemas de abatimiento y reportar periódicamente los resultados a la autoridad. Ese enfoque es consistente con una convicción que compartimos: la sostenibilidad se construye a partir de mediciones objetivas, transparencia y mejora continua.

Las comunidades, por su parte, esperan resultados concretos, y tienen razón. La confianza se construye con evidencia verificable, diálogo permanente y capacidad de respuesta.

En este sentido, la nueva norma representa una oportunidad para elevar los estándares ambientales de toda la actividad pesquera chilena, con mediciones objetivas y mejora continua, fortaleciendo así la convivencia en territorios donde genera empleo, inversión y desarrollo.

*El autor de la columna es gerente general de Camanchaca

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