A dos años de su promulgación, etiquetado muestra nulo impacto en chocolates, dulces y galletas según estudio

Investigación indica que en el caso de los cereales y jugos existe una menor probabilidad de venta si tienen la etiqueta “alto en”. No se observa lo mismo en categorías como galletas y chocolates, donde existen pocas alternativas sin etiquetado. Más allá de los sellos, advierten, se requiere información transparente y mejorar la calidad de los sellos productos.


Una persona obesa muere por hora en Chile. La cifra de Ministerio de Salud (Minsal) habla de una realidad que requiere políticas públicas y que estén enfocadas hacia un entorno saludable. Bajo ese concepto en 2015 se promulgó  Ley de Alimentos, la que entró en vigencia en 2016, .

Una de sus principales medidas es la entrega de información más clara y comprensible al consumidor sobre las calorías y aporte nutricional de los alimentos. Para ello se introdujeron las etiquetas de advertencia “Alto en”, para indicar cuando poseen adicionado en sodio, grasas saturadas o azúcares,  ya que consumirlos en exceso puede dañar la salud.

¿Han resultado efectivas las etiquetas? ¿Se compran menos productos “altos en…”? Un estudio de la Universidad de Chile, Identificación de los efectos del etiquetado de alimentos en el comportamiento del consumidor, indica, que en algunos casos ha resultado, pero no en todas las categorías. La investigación, analizó los efectos heterogéneos en cuatro categorías de productos como cereales para el desayuno, chocolates, jugos, dulces y galletas.

En la categoría de cereal, la nueva etiqueta de advertencia reduce la probabilidad de que un producto sea elegido en 11,0%, mientras que observaron una considerable reducción del 23,8% en la probabilidad de elegir productos en la categoría de jugos. Por el contrario, no encontraron efectos de la regulación sobre los chocolates y dulces y galletas.

En distintos países ha habido estudios que miden el impacto en comportamiento del consumidor en relación a la información nutricional en distintos formatos, como con “semáforos” o “sellos saludables”. La actual investigación en Chile, explica Carlos Noton, académico de ingeniería industrial de la U. de Chile e investigador del Instituto Milenio MIPP, y uno de los autores del estudio, tiene la ventaja de examinar el efecto de una política nacional basada en una ley con una comunicación sencilla y obligatoria, a través de los “discos pares”. “Lo más importante es que esta es la primera evaluación que utiliza la gradualidad de la implementación del etiquetado para evaluar adecuadamente su impacto”, dice.

Si bien respecto a la evaluación de la medida se han realizado focus groups, así como otros métodos cualitativos, éstos cumplen un rol distinto. Levantan percepciones y actitudes frente al etiquetado, señala Daniel Schwartz, académico de ingeniería industrial de la U. de Chile e investigador del Instituto Milenio ISCI, las que contribuyen a evaluar en ciertas dimensiones una política determinada. “Sin embargo, no es un método que permite medir el impacto de una política en términos de comportamiento. Lo que se dice no es necesariamente lo que se hace”.

Otro aspecto que el estudio revela es que los efectos son impulsados ​​principalmente por los consumidores de altos ingresos. Lo que indicaría que los hábitos de alimentación saludable de los grupos socioeconómicos altos son más susceptibles de ser modificados por el suministro de información nutricional interpretativa.

Sellos

Antes de la entrada en vigencia de la ley muchos productos se etiquetaron con los sellos. Los sellos se introdujeron en forma paulatina en distintos lugares, y en distintos momentos, antes de la entrada en vigencia de la ley. “Esto fue muy importante para poder determinar la causalidad del efecto del etiquetado, ya que nos permitió atribuir correctamente los efectos del etiquetado y poder aislar otros efectos simultáneos como la publicidad, efectos estacionales, promociones y un largo etcétera”, señala Schwartz.

Las razones de por qué en los cereales y en los jugos se aprecian cambios, el estudio indica que es esperable un mayor cambio de comportamiento por parte de los consumidores en categorías donde existe una posibilidad de sustitución en la compra o de prescindir de ésta (como en el caso de cereales y jugos), y sí, el etiquetado provee información que no se esperaba. “En este caso, en ambas categorías se cumplen estas condiciones”, indica Schwartz.

En el caso de las galletas y chocolates, el etiquetado difícilmente incorporó una información nueva. “Además, tampoco había muchas opciones importantes sin etiquetado. De todas formas, seguimos explorando si tal vez fue efectiva para algunos grupos específicos (por ejemplo, familias con niños)”, indica Noton.

Cómo logran mayor efectividad, es un aspecto que los investigadores resaltan la literatura ha indicado que la información debiese ser simple, llamativa (o “viva”), transparente y comparativa. “Los primeros atributos se han logrado en alguna medida. Sin embargo, la información debe también permitir comparaciones: nada es bueno o malo per se, sino que lo es en base a un punto de referencia. Mientras las personas tengan posibilidades de diferenciar productos (es decir, que no esté todo etiquetado de la misma forma) y vean simplemente que un producto podría ser más dañino para la salud que otro, entonces las elecciones serán más fáciles”, dice Noton.

Una tarea en la cual los proveedores tienen un rol muy importante. La evidencia indica que son ellos los que también reaccionan y mejoran la composición de sus productos en el mediano plazo, explica Schwartz, “obviamente esto requiere que la información sea transparente y que la autoridad vele que los productos mejoren en su calidad, más allá de los sellos“.



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