¿Fueron suficientes las lluvias invernales para dar por terminada la megasequía?

La megasequía se ha extendido por más de una década en la zona central de Chile.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Chile y el (CR)2 llevó a cabo un balance de la situación climática del país, analizando diferentes variables medioambientales.


La primavera llegó el 22 de septiembre, y junto con ella un aumento en las temperaturas. En este contexto, especialistas de la Universidad de Chile y el Centro de Ciencia del Clima y Resiliencia (CR)2 realizaron un balance de este invierno y lo que viene próximamente con el cambio de estación, respecto a los efectos del cambio climático y la sequía.

En primer lugar, según los investigadores, las precipitaciones aumentaron este año en comparación a otros, lo que sin duda ayuda a aumentar los caudales de los ríos y los niveles de los embalses. Sin embargo, aclaran, no basta con un invierno húmedo para superar la megasequía y salir de la escasez hídrica.

María Christina Fragkou, académica del Departamento de Geografía de la Universidad de Chile, explica que es necesario un cambio en el aumento sostenido de las precipitaciones, y que se necesitan “varios años con aumentadas precipitaciones para generar una recuperación de las fuentes tradicionales de agua”.

Las precipitaciones registradas durante el último tiempo (la Región Metropolitana acumula 156,5 mm a la fecha), son un importante alivio para lo ocurrido durante la última década. Es más, debido al importante registro hídrico de este invierno, el ministro de Obras Públicas, Juan Carlos García, descartó el racionamiento de agua para la primavera 2022 y verano 2023 en las regiones de Coquimbo, Valparaíso y Metropolitana.

A pesar de las lluvias registradas este invierno, las cifras aún son negativas.

En segundo lugar, Fragkou agrega que el cambio climático ya está afectando la llegada de la primavera, puesto que “podemos percibir que los árboles están floreciendo antes y tuvimos temperaturas en agosto que correspondían a septiembre. Podríamos decir que el impacto del cambio climático en la primavera ya se está observando”.

El investigador del (CR)2 y académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, Roberto Rondanelli, establece un tercer punto, afirmando que el cambio climático ha generado un aumento de la temperatura en la zona central. “El aumento de la temperatura promedio ha sido leve, de 1 grado o un poco más, pero los extremos de la temperatura han sido mayores. Hay que poner atención a los cambios de temperatura extremos”.

La sequía y sus efectos

Rondanelli señala que este invierno ha sido relativamente normal, frío y no tan seco, y que se espera una primavera normal en términos ecosistémicos. “Si bien en Santiago tenemos un déficit grande de precipitaciones, si nos movemos a la región de Ñuble o hacia el sur, la situación está todavía en un rango normal. Esperemos que en septiembre también llueva para la vegetación”.

El cuarto punto, de acuerdo a los especialistas de la Universidad de Chile, sería la sequía, la que no ha terminado e incluso en la zona central, con un año normal de precipitaciones no se revertirían los últimos 12 años de megasequía.

Santiago registra un déficit importante de precipitaciones. Vista desde el cerro Renca. Foto: Andres Perez

Para Rondanelli, “hay sistemas que requieren más de un año para acumular aguas, como las aguas subterráneas, y hay efectos irreversibles por la megasequía que hemos tenido en los últimos años, y los años secos que fueron 2019 y 2021″.

Asimismo, el investigador del Centro de Ciencia del Clima dice que es necesario mantenerse informado, porque la sequía y los efectos del cambio climático se expresan en varios desastres ambientales, como las olas de calor en Europa y China e inundaciones en Pakistán.

Fragkou afirma que “la ciudadanía debe entender que la crisis hídrica y climática no se podrá resolver a la brevedad, independientemente de si llueva o no. En otras palabras, debemos usar el agua y la energía con más cautela en nuestras casas, y exigir, al mismo tiempo, que el Estado regule su uso por parte de los sectores productivos”.

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