Protección natural de la biodiversidad: perros entrenados cuidarán el ganado en la Patagonia

Proyecto busca evitar que pumas y otros carnívoros ataquen al ganado. Olor de los canes también ayudar a evitar la presencia de liebres que se coman el alimento de las ovejas.




Se llama “paisaje del miedo” y es una técnica que está aplicando un equipo de investigadores para preservar la biodiversidad en sectores de la Patagonia chilena.

El grupo, liderado por el doctor en Ecología Javier Simonetti, está introduciendo perros entrenados para resguardar el ganado en zonas donde habitan carnívoros como pumas, zorros y gatos silvestres. ¿El objetivo? La presencia de los canes infunde temor en estos depredadores que se inhiben de ingresar en los lugares donde ellos se encuentran.

El doctor Simonetti, Profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y miembro de la Academia Chilena de Ciencias, explica que en la investigación que están desarrollando con esta metodología han comprobado que el efecto no sólo se produce con la presencia misma de los perros sino también con su olor, que los participantes en la intervención se encargan de diseminar en los lugares donde permanece el ganado. Así se refuerza el efecto disuasivo de los canes. Los carnívoros evitan las áreas patrulladas por ellos o donde queda su olor, y con ello se reducen los ataques al ganado y la mortalidad de los depredadores que se produce cuando en represalia los ganaderos emprenden su cacería. Así se logra que convivan.

Esta protección hace además que el ganado se aventure a pastar en lugares donde encuentra hierba de mejor calidad. Además, la disuasión con los perros protectores de ganado afecta también a las liebres que compiten con este por el pasto. Ellas también evitan las zonas custodiadas por los perros permitiendo que el ganado acceda a una mejor alimentación.

El impacto positivo de acciones como ésta es reconocido por instituciones especializadas que otorgan certificación de “amigable con la naturaleza” a los productores que participan de ellas, lo que les representa la oportunidad de ingresar a mercados más exigentes ambientalmente donde se les da preferencia y sus mercancías adquieren un mayor valor. El propósito de esta distinción, explica Simonetti, “es reconocer que se produce un bien necesario, pero además se está permitiendo que las especies de carnívoros no se extingan”.

Estrategia de protección

La estrategia de protección de la biodiversidad implementada por Simonetti, doctor en Ecología por la Universidad de Washington, Seattle, y director de la ONG Kauyeken, consiste en “buscar las bases científicas y técnicas, incluyendo las sociales, para aumentar nuestra capacidad de mantener biodiversidad sobre la faz de la Tierra”.

El doctor Javier Simonetti, izquierda, durante el trabajo en terreno.

Su enfoque se diferencia del modelo que reduce la defensa del medioambiente sólo al establecimiento de áreas protegidas. Declara que su propósito es “lograr conservar la mayor cantidad de especies sobre la faz de la Tierra, y conservarla compartiendo la Tierra. Demostrando en la población humana que somos parte de la naturaleza y por lo tanto tenemos que coexistir con las demás especies que pueblan el planeta. Hasta hoy la estrategia más común ha sido separar la naturaleza en pequeños bolsones, muy chiquititos, llamados áreas protegidas, sean parques nacionales o reservas. Pero son lunares dentro del mundo. Son indispensables y los vamos a defender con todo, pero no son suficientes”.

Simonetti se inclina por el complemento de áreas protegidas con otras de coexistencia: “Lo que estamos haciendo es además de favorecer que se segregue la Tierra en áreas protegidas y ahí mantener biodiversidad, que el resto del paisaje, el resto del territorio, también sea compatible con conservar diversidad biológica. Las actividades que allí hacemos con la biodiversidad, o una fracción sustantiva de la biodiversidad, es para aminorar la pérdida”.

Hace una analogía con la tragedia del Titanic: “La cantidad de botes salvavidas que llevaba el Titanic no eran suficientes para todos los pasajeros. Entonces, lo que tenemos que lograr es que aquellos que no alcanzan botes salvavidas sobrevivan en las aguas. Para ello, tenemos que cambiar la ‘temperatura’ de esas aguas para hacerlas más amigables hasta que logremos el rescate. Las áreas protegidas son los ‘botes salvavidas’, indispensables pero insuficientes. La tierra que rodea las áreas protegidas son las ‘frías aguas’ donde deben sobrevivir los que no tienen espacio en ‘los botes’. Para lograr que esas especies sobrevivan, la tierra fuera de las áreas protegidas debe manejarse de manera que los usos a que sean destinados dichas tierras sea compatible con al menos una fracción de la biodiversidad original, como se ha acordado internacionalmente”.

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