Volver a lo salvaje




El mundo cambió, este mes conocimos el último informe del IPCC, que activó el Código Rojo. Su juicio es categórico, inequívoco e indiscutible: “Los humanos estamos calentando el planeta” a una velocidad abrumadora poniendo en riesgo la vida humana y afectando al resto de la comunidad de vida planetaria. Esta alarmante declaración trae escondida una vela de esperanza, al ser nosotros como humanidad los principales responsables del aumento de la temperatura de nuestra Tierra, reside en nosotros también la posibilidad de detener en parte el daño.

Ha cambiado el escenario y el nivel de urgencia climática, por lo tanto, las preguntas y formas de abordar la solución también deben cambiar. En este contexto, Chile representa una oportunidad valiosa para monitorear los ecosistemas y desarrollar investigación científica y educación ambiental al servicio de la conservación y de la comunidad. Nuestro territorio es un laboratorio natural único en el mundo para iterar ideas y hacer converger distintos saberes. Por una parte, tenemos el desierto más seco del mundo y por otra una de las reservas de agua dulce más valiosas en nuestra Patagonia.

La oportuna comprensión de las amenazas del territorio, a través de la ciencia, educación ambiental y una adecuada vinculación con la comunidad que rescate los saberes ancestrales, nos permitirá enfocar las acciones para la conservación y medir su evolución de manera integral. De esta forma superamos el enfoque estrictamente ecológico y conseguimos un impacto sostenible y decidido a las bases del problema. A este modelo le llamamos Conservación Efectiva, un enfoque que plantea trabajar en cinco dimensiones de manera simultánea, la dimensión ambiental, social, Institucional, cultural y económica.

Nuestra desconexión con la comunidad de vida a la que pertenecemos, sostenida en la ficción de un crecimiento económico material infinito, han amenazado y destruido varias formas de vida. El mejor antídoto es cambiar nuestra mirada, una forma es acercarnos a las culturas que aprendieron a vivir en armonía con su entorno y de esa forma dejar que la naturaleza actúe permitiendo que los ecosistemas sanen y recuperen su vigor. Para esto, es clave actuar inspirados en la colaboración y empatía presentes en la naturaleza que hace posible el milagro de la vida y el florecimiento de la actividad humana.

La urgencia es a prevenir, detener y revertir daños, cambiando rápidamente el foco desde la destrucción e instrumentalización de la naturaleza a la articulación de estrategias para la sanación de nuestra Tierra. La invitación es a volver a lo salvaje, a darle espacio al poder restaurador de la naturaleza. Sólo con ecosistemas saludables, comunidades vinculadas a sus territorios, podremos mitigar los efectos del cambio climático, detener la crisis de biodiversidad y mejorar la calidad de vida de todas las especies, incluida la nuestra.

* Director Ejecutivo Reserva Elemental.

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