Marjane Satrapi, autora de Persépolis: “No tengo la fantasía de que podamos borrar cinco mil años de cultura patriarcal en cinco años”

Foto: PHR

“Lo único que puedo hacer, como persona, es mi trabajo. Y demostrar de lo que soy capaz”, dice la aclamada autora iraní, que por estos días celebra los 20 años de su elogiada novela gráfica Persépolis, con una reedición. En medio de la pandemia, la también cineasta acaba de estrenar Radioactiva, una película sobre la vida de la científica Marie Curie.




La revolución islámica en Irán desde la mirada de una niña/adolescente despierta, divertida, original, se transformó en uno de los libros de relatos gráficos más conocidos del mundo: Persépolis. Su autora, Marjane Satrapi, saltó a la fama mundial con su retrato autobiográfico e ilustrado de la vida bajo el velo. Eso fue hace 20 años, y hoy Persépolis -que más tarde sería adaptada al cine con ella como codirectora- es considerada, por muchos, una obra maestra, y para celebrar este aniversario se relanza en una preciosa edición revisada, bajo el sello Reservoir Books, disponible en librerías.

Además de ese gran éxito, Satrapi no se quedó en seguir narrando la revolución islámica, sino que prefirió cambiar. De país, de temas, de medio de expresión. Finalmente se instaló en París, hizo novelas gráficas, también libros de niños, e ingresó al mundo del cine. Fue nominada al Oscar, de hecho, por la cinta animada de Persépolis. Hizo varias cintas más. Y acaba de estrenarse su nueva película, Radioactive, acerca de Marie Curie, la primera mujer en ganar un Premio Nobel, la primera persona y mujer en ganar dos premios Nobel, y la única persona en ganarlo en dos áreas científicas distintas. Recibe con gusto la invitación a conversar con un medio chileno: explica que se siente cerca de nuestro país, pues siempre admiró a Salvador Allende. “Pasé mi infancia en la sombra de Allende”, dice.

La cita para esta conversación con Tendencias es por Facetime desde un París que intenta retomar algo parecido a la normalidad. En la pantalla del teléfono aparece una imagen muy Marjane: boca roja, pelo desordenado, cejas dramáticas y marcadas, acento francés ronco, y un cigarro que durante toda la entrevista no prenderá.

¿La cuarentena le produjo un bloqueo creativo?

Claro. No he sido creativa para nada y no entiendo a la gente que dice que se volvió creativa. La creación para mí viene de una emoción, y la tienes cuando te encuentras con gente, la emoción viene de la vida. Cuando camino por las calles de París, ahora, veo árboles, edificios, vacíos, ¿y con qué me emociono? ¿Con las murallas? No hay un alma. Además, no me gusta cuando las cosas se transforman en leyes. “No debes salir para afuera”, y te multan si no cumples. Y es muy divertido lo que pasa con el gobierno: le dice a la gente que confíe en ellos, pero ellos no confían en su propia población. Si no confías en la gente, ¿cómo esperas que confíen en ti? Debe ser de ida y vuelta. Somos adultos, no niños. No me gustó todo esto de la policía repartiendo multas. La gente no es tonta, le explicas y entienden. No hay que castigar... Siempre he tenido problemas con la autoridad, la policía y estas cosas -se ríe.

“Es muy divertido lo que pasa con el gobierno: le dice a la gente que confíe en ellos, pero ellos no confían en su propia población. Si no confías en la gente, ¿cómo esperas que confíen en ti? Debe ser de ida y vuelta. Somos adultos, no niños”.

Usted ha dicho que en este momento sin conexión con otras personas, debemos recordar que somos mamíferos que necesitan del contacto físico.

¡Claro! Juntarte con tu amigo o hablar por teléfono no es lo mismo. Hacer el amor con alguien o masturbarse con una foto no es lo mismo. Al final podrán terminar igual, pero no es el mismo placer. Somos animales mamíferos, necesitamos contacto, necesitamos vernos, tocarnos y olernos… Lo que me preocupa es que la gente diga que tenemos que acostumbrarnos a  este nuevo mundo, con solo conexiones virtuales. ¡Prefiero morirme mañana que solo tener conexiones virtuales! Prefiero morir que sentarme en mi casa a ver a todo el mundo en una pantalla pequeña.

”El confinamiento ha sido el momento más horrible de mi vida, pero entiendo por qué debes hacerlo”, explica luego. “Mi problema no era con eso, sino con la reacción de las personas”.

¿En qué sentido?

Gente diciendo cosas como: “es un momento de gracia, me he podido reencontrar con mi familia”. Y hay gente muriendo, así es que no hablemos de gracia. Y ¿por qué necesitas una pandemia para estar en contacto con tu familia? ¿Por qué no pensaste en eso antes? Todo esa onda de que esto es tan lindo… ¡No! Es un momento horrible, debemos atravesarlo, pero no lo pongan como si fuera una oportunidad. No lo ha sido para las personas que han perdido su trabajo, los que han enfermado y muerto, ni para los doctores que deben pasar por eso por estar cuidando. Eso no es una oportunidad. Es lo que es: malo. La mayoría de las personas están luchando para  no enfermarse o pagar la renta.

¿Cree que el mundo va a evolucionar después de la pandemia?

No, creo que el mundo va a ser igual que antes, y un poco peor, porque será más pobre. Eso va a pasar. Hay personas que sienten que este es un momento de gran cambio en la sociedad, pero no será así. Lo será por un momento, y luego volveremos a nuestros viejos hábitos, y será el mismo mundo con más pobres y desempleados. Igual, y peor.

“Somos animales mamíferos, necesitamos contacto, necesitamos vernos, tocarnos y olernos… Lo que me preocupa es que la gente diga que tenemos que acostumbrarnos a este nuevo mundo, con solo conexiones virtuales. ¡Prefiero morirme mañana que solo tener conexiones virtuales!”

La ciencia y el género

Su película sobre Marie Curie, Radioactiva, se estrenó en pandemia justamente, cuando la ciencia debiera estar en el centro de la actividad humana por la pandemia...

Bueno, la única cosa factual en este mundo es la ciencia. No es sujeto de interpretación. En 2020, paradójicamente, todavía hay gente que cree en cuentos de hadas.

¿Por qué?

El problema es que una parte de nosotros es extremadamente lógica. La ciencia es básicamente esto:  los grandes monos que éramos estaban muy asustados, y para no estar tan asustados, tratamos de descubrir los secretos de la naturaleza y sus mecanismos. Eso es ciencia. Eso llevó a la física, química, biología, matemática. Eso es una parte de nosotros, pero la otra dimensión nuestra es que somos las únicas criaturas conscientes de nuestra propia muerte. Tú y yo vamos a morir por la misma razón que una serpiente, un perro, pero ellos no lo saben. Y eso nos lleva a no aceptarlo: “¿Esto será la vida? ¿Yo, con toda mi inteligencia, voy a morir? No puede ser”. Entonces inventamos historias, cuentos de hadas, para hacerlo soportable. El ser humano es algo muy complejo. Al mismo tiempo, es capaz de las cosas más bonitas, como una orquesta sinfónica,  los sonidos más bellos. Pero como el ser humano es tan consciente de su muerte, que también puede ser muy cruel. Y es por eso, por esa conciencia. Hay que aceptarlo. Está esa idea de que podemos ser solo espíritus puros, y siempre amables, y fantásticos y adorables con los otros, pero simplemente no es posible, porque los humanos están muy estresados con esta idea de que van a morir.

Persépolis (2007) estuvo nominada al Oscar como mejor cinta animada, mientras que Radioactive debutó en el Festival de Toronto de 2019. Foto: Sony Pictures/StudioCanal

¿Qué le atrajo de Marie Curie?

Crecí con la idea de que tenía que convertirme en una mujer independiente. Tenía modelos de rol, y uno de los más vívidos era Marie Curie. Sabía mucho de ella. Pero hay muchas películas y series sobre ella. Este guión me gustó porque no era sólo sobre ella, sino de la historia de la radioactividad, lo que significó y el resultado de este descubrimiento para el mundo. Y, bueno, lo que pasa a menudo es que cuando las mujeres aparecen en una película, están siempre relacionadas o emparentadas con alguien. Son la hermana, novia, mujer, hija de alguien. O la mujer divorciada, o la abuela que hace galletas a alguien, siempre son “algo” de “alguien”, no existen por sí mismas. Y en todos los retratos que vi de Marie Curie, ella era siempre la musa de Pierre Curie, y aquí ella era su musa tanto como él era el de ella. Y me gustó eso, encontré una mirada muy acertada y muy moderna. Leí muchísimo su  correspondencia y diarios. Y ella era verdaderamente moderna. Nunca hizo un tema de ser mujer, por ejemplo. Su tema era la ciencia, realmente.

Es un tipo de película distinta de su registro habitual, ¿por qué?

Bueno, quería hacer una película muy seria en mi vida. ¡Y la hice! Supongo que porque no me queda tanto tiempo y quiero hacer una serie de cosas antes de morir, y esa era una que todavía no había hecho. Así es que ya está hecho.

¿Qué más está en la lista?

Muchas cosas, pero tampoco tengo un plan de carrera. Las cosas vienen y a veces estoy muy entusiasmada con algo y lo hago, otras no. Si hubiera tenido un plan para mi carrera, después de Persépolis, habría tenido que escribir cómo fue llegar a Europa, y créeme que habría muchas historias que hubiera podido contar, pero entonces sería mi historia personal. En Persépolis usé mi vida para contar lo que pasaba en mi país pues no tenía otra forma de hacerlo. O habría pretendido ser una política, socióloga o historiadora, y no soy ninguna de ellas. Solo fui una persona aburrida en un cierto lugar en un cierto momento. Era testigo, tenía que hacerlo desde ahí. Pero no tengo gran interés de hablar de mí misma. En términos económicos habría sido genial para mí, porque vendí muchos libros, pero me habría aburrido…

Eso puede ser peor…

Claro. No puedes hacer lo mismo una y otra vez, se vuelve aburrido.

“En Persépolis usé mi vida para contar lo que pasaba en mi país pues no tenía otra forma de hacerlo. O habría pretendido ser una política, socióloga o historiadora, y no soy ninguna de ellas. Solo fui una persona aburrida en un cierto lugar en un cierto momento. Era testigo, tenía que hacerlo desde ahí”.

Está celebrando los 20 años de Persépolis. ¿Cuánto ha cambiado la situación  en estos años?

No creo que el mundo sea un mejor lugar, realmente no. Uno o dos años después de publicar Persépolis, el mundo por un momento estuvo como en un estado de gracia, por decirlo. Jatami era presidente (en Irán), Bill Clinton era presidente. Había esperanza por el futuro… Mi esperanza era que no habría necesidad de libros como Persépolis, pero era una esperanza tonta. El mundo no mejoró. El nacionalismo que vemos, por ejemplo, es guerra. A ti te puede gustar tu país, pero no puedes sostener que tu país es mejor porque tú naciste ahí. Y para las mujeres, en algunos aspectos es mucho mejor. Porque las personas empezaron a hablar (de lo que les pasa), pero en otras cosas retrocedimos.

Marie Curie es el gran modelo de rol, pero aún hay discriminaciones a las mujeres en ciencia y otros ámbitos.

Las mujeres no son peores en ciencia, sino todo lo contrario, gran parte de las veces. El punto es por qué no siguen adelante. Y lo que pasa es que para abrazar una profesión debes creer de que eres capaz, que lo puedes hacer.

¿Por qué no lo creen?

¿Conoces la historia de la aviación? Al principio, había tantas mujeres como hombres pilotos: era un dominio nuevo y la cultura patriarcal no había metido sus manos todavía. Así que había muchas, casi tantas como hombres en el aire. 120 años después, cuando estás en un avión y dicen que la capitán se llama Mary, todo el mundo se sorprende. ¿Y qué pasó? Primero las mujeres lo hicieron, y luego les cayó encima la cultura. Les dijeron: quizás sus reacciones no son tan rápidas como las de los hombres, son emocionales, esto y lo otro. Y al decirles eso a las mujeres cada día, al final ellas se lo creyeron. “No puedo ser tan rápida como los hombres y voy a perder los estribos”, pensaron. Entonces se convirtieron en azafatas. ¿Ves lo que te digo? Si alguien te dice que no eres capaz, que eres estúpida, todos los días, te lo terminas creyendo después de un tiempo. Si le dices a una mujer que no puede hacer ciencia, lo terminan asumiendo. Es un cambio cultural el que hay que hacer.

“Mi esperanza era que no habría necesidad de libros como Persépolis, pero era una esperanza tonta. El mundo no mejoró. El nacionalismo que vemos, por ejemplo, es guerra. A ti te puede gustar tu país, pero no puedes sostener que tu país es mejor porque tú naciste ahí”.

¿Cómo se hace?

Esto va desde la educación, con cómo crías a las niñas, todo. La gente todavía cría a las niñas diciéndoles que ser bonita es muy importante. Pero, vamos, ser bonita puede ser un plus, ¡pero no puede ser tu cualidad número uno! Ser inteligente, amable, buena amiga, valiente, todo eso es mucho más importante. Belleza puede ser la número 12. ¡Pero no de las primeras 3! La primera debería ser bondad, lealtad la segunda, coraje la tercera, justicia la cuatro, y así… Lo mismo pasa con la juventud. Nos crían de una manera en que la juventud es lo más importante. Pero no importa lo que hagas, al final la perderás. Debes aceptar además, seas hombre o mujer, que a una cierta edad, nuestro cuerpo no le interesará a nadie. Puedes ser Sophia Loren o Elizabeth Taylor, Marlon Brando, y da igual. Pero en tu cerebro la gente se puede interesar por mucho mucho tiempo. Es mejor invertir en lo que tienes aquí -dice apuntando a su cabeza.  

En el mundo del cine aún hay muchos estereotipos: usted ha dicho que sobre un cierto presupuesto, no confían en las mujeres para dirigir.

Sí, y es algo tan estúpido. ¡Y sin lógica alguna! Incluso si sigo su propia lógica, es ridículo. Como las mujeres tenemos que administrar la economía de la familia, y cuidar a los niños, y organizar vacaciones, todo, estamos mucho más acostumbradas a lidiar con un presupuesto. Si tuviera que dar de mi dinero, preferiría mucho más dárselo  a una mujer que a un hombre, porque sabría mucho mejor qué hacer con la plata.

¿Por qué todavía sigue siendo así?

Mira, no tengo esa fantasía de que podamos borrar cinco mil años de cultura patriarcal en cinco años. Lo único que puedo hacer, como persona, es mi trabajo. Y demostrar de lo que soy capaz. Y eso es. Y eso es lo que me gusta de Maria Curie. Nunca fue una suffragette, pero es una feminista factual, lo que significa que frente a la pregunta: ¿soy igual a un hombre?, se responde: “por supuesto que soy igual, incluso la mayor parte del tiempo soy mucho mejor que ellos”. En mi caso, hay algunos hombres mejores que yo, algunas mujeres son peores, algunas mejores, pero no tiene nada que ver con el género. Hay gente que puede hacer un mejor trabajo que yo independientemente de su género. Yo sé que hay muchos hombres mucho más estúpidos e incapaces que yo -se ríe.

“Nos crían de una manera en que la juventud es lo más importante. Pero no importa lo que hagas, al final la perderás. Debes aceptar además, seas hombre o mujer, que a una cierta edad, nuestro cuerpo no le interesará a nadie. Puedes ser Sophia Loren o Elizabeth Taylor, Marlon Brando, y da igual”.

”Hace un par de años, cuando empezó este movimiento (feminista), escuché a un hombre decir que ahora les darían muchas películas a mujeres mediocres que harían películas mediocres”, agrega luego. “Le dije: claro, pero por 100 años le dieron todas las películas a hombres mediocres que hicieron películas mediocres. Y nadie murió. Y ahora es nuestro turno de hacer cosas mediocres también, ¡no pasa nada!”.

¿Y sobre el sexismo en los cargos de poder?

Es muy bizarro, pero cuando un hombre está enojado, dicen: “está muy molesto”. Pero cuando me enojo, me dicen: “Marjane, deja de ser emocional”. Y yo digo que no estoy siendo para nada emocional, solo estoy enojada. Lo emocional es otra cosa. Solo es enojo, es el mismo sentimiento (para todos), se siente rabia, tú lo puedes sufrir, es solo eso. Y eso no tiene que ver ni con mis hormonas o a tener pechos. No sé por qué lo relacionan con eso. Uno podría decirle, entonces, a un hombre enojado si le duelen los testículos, por ejemplo. O preguntarle si tiene algún problema de testosterona. Pero nadie hace eso. Yo quiero el mismo tratamiento, nada más.

Ficha del libro

Título: Persépolis

Autora: Marjane Satrapi

Sello: Reservoir Books

N° de págs.: 352

P.V.P.: $18.000

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